"Sólo he intentado estar a la altura de esta música"
carmen linares. cantaora
La intérprete recibe hoy el VI Leyenda del Flamenco en la Venta de Vargas
Es la primera mujer que es distinguida con este premio
Es una de las artistas más influyentes, la cantaora definitiva de nuestra época y un auténtico caudal de esa cotizada sabiduría donde se mezclan estudio e intuición y, sin embargo, Carmen Linares no titubea al echarse a un lado y poner en el centro aquello que más ama, el flamenco. "Sólo he intentado estar a la altura de esta música. Sólo he intentado poner en lo más alto posible, que es el lugar que se merece, esta expresión cultural nuestra que es el flamenco, una de las más importantes del mundo", articula la intérprete con su característica elegancia natural, con esa actitud sin rastro de impostura con la que hoy, a buen seguro, recogerá el VI Premio Leyenda del Flamenco en la Venta de Vargas de San Fernando.
Un reconocimiento más en la dilatada y soberbia trayectoria de una artista a la que se le metió "dentro" la "gran afición" de su padre para el que no había "más satisfacción" que su niña "con doce o trece años hiciera los cantes jondos y disfrutara con ellos". "Estaba tan orgulloso...", recuerda la intérprete que es consciente de "la rareza" que supone que "hace 50 años" una niña se sintiera "apoyada e impulsada" en sus inquietudes artísticas. "Sí lo sé -arroja segura- y nunca he podido agradecer a mi padre lo bastante ese apoyo que me sirvió de alimento de la afición y de fortaleza para no decaer en ningún momento en mi empeño de aportar algo a este gran arte".
Premio Nacional de Música, Medalla de Oro de las Bellas Artes, Medalla de Plata de Andalucía, Premio de la Academia de la Música a Toda una Vida, premio Compás del Cante... Y, ahora, Leyenda del Flamenco, de hecho, primera mujer Leyenda del Flamenco, un galardón otorgado por un jurado de expertos convocado por la Venta de Vargas y Flamenco de La Isla.
"Quiero pensar que a las mujeres siempre les tardan en llegar más los reconocimientos porque antes había menos que se dedicaban profesionalmente al flamenco pero, ahora, afortunadamente son muchas las mujeres en el cante y en la danza, quizás en la guitarra hay menos tradición, y espero que se siga reivindicando la labor de todas ellas porque la mujer siempre ha aportado mucha calidad a este arte", reflexiona la artista que, sin embargo, asegura que con su influyente disco Antología de la mujer en el cante no tuvo "la mínima intención" de hacer un trabajo reivindicativo aunque después se alegró "muchísimo" de que se convirtiera "en algo así". "En su momento yo sólo quería reunir en un disco todos esos cantes de algunas mujeres como La Trini o La Niña de los Peines que a mí me gustaban tanto y que yo cantaba en los recitales. También es verdad que yo veía que había otras artistas que no se cantaban demasiado y que tenían unos cantes muy bonitos, así que la intención fue, simplemente, hacer algo que me apetecía mucho pero, es verdad, que en cierta manera ese trabajo causó que cantes como la bulería de la madre de Camarón, que luego la cantó muchísima gente, o de La Mejorana, las alegrías del "toma este puñal dorao", fueran más conocidas y valoradas, así que ese disco, casi sin quererlo, se convirtió en algo muy importante para nosotras, para las mujeres, y estoy muy contenta de haberlo hecho. Es uno de los trabajos de los que me siento muy satisfecha", rememora.
Uno de tantos discos pensados y mimados de esta artista que guarda "en casa" y en su "corazón" cada reconocimiento, "grande o pequeño", que ha avalado su trayectoria porque "todos fueron importantes en su momento". "Guardo hasta el primer premio de mi vida que fue en un concurso radiofónico", ríe la artista a la que Juanito Valderrama le cambió el Pacheco del apellido por el Linares de la procedencia para su nombre artístico. "Recuerdo que iba a hacer una gira por Francia con una compañía que llevaba Fosforito y el promotor dijo que mi nombre no era muy flamenco, ¡fíjate, que no es flamenco Carmen Pacheco!, pero, vamos, creo que se refería a que no era muy teatral. Y en ese momento estábamos en el bar Calderón, con la gente de la compañía, con mi padre y con la suerte de que estaba allí Valderrama en la conversación y fue el que dijo, "bueno, ¿y tú de dónde eres?", de Linares le dije yo, "pues, ea, ya está Carmen Linares". Y, nada, a todo el mundo le pareció muy bien y a mí también por el hecho de llevar el nombre de mi pueblo y por ser Valderrama, al que yo admiraba tanto, el que fuera quien me puso el nombre".
Valderrama, Fosforito -otro nombre de esta nómina de Leyenda del Flamenco junto con El Lebrijano, Rancapino, Curro Malena y Paco Cepero- Manolo Sanlúcar, Rafael Romero, Pepe Matrona, Juan Varea... Pero también Arcángel, Marina Heredia... Carmen Linares ha convivido con lo mejor de su generación pero también con los más grandes nombres de artistas que la han antecedido y precedido, una auténtica bisagra del cante grande marcada, profundamente, en una parte importante de su trabajo por un nombre, Enrique Morente.
"Cuando yo vi lo que Enrique, con quien yo había trabajado en El Café de Chinitas y al que quería tanto, hizo con Miguel Hernández, me enamoró, me apasionó. Él fue el primer cantaor que se llevó los poemas al flamenco, y nada más y nada menos de Miguel Hernández, con lo que significaba entonces... Lo he dicho muchas veces y no me importa reconocerlo porque es la verdad, fue Morente el que me llevó a mí a querer trabajar con la poesía culta", explica.
De ese interés han nacido grandes trabajos como su último disco, Verso a verso, por el 70 aniversario, precisamente de Miguel Hernández, Raíces y alas sobre poemas de Juan Ramón Jiménez o esa lorquiana producción de Manolo Sanlúcar, Locura de brisa y trino, para la que contó con la cantaora jienense que también reconoce que "ha sido uno de los trabajos en los que más aprendí de mí misma y donde exploré registros a los que yo creí que nunca llegaría", confiesa.
Porque cada paso de la carrera de Carmen Linares siempre la ha conducido a un nuevo terreno y hacia una nueva emoción que comunicar ya que, al fin y al cabo, es lo que, verdaderamente, mueve a la cantaora. "El día que no transmita, el día que no le diga nada al público, será el día en que me retire. Lo tengo claro".
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