Nicolás Melini: "En cine, los valores del capital predominan sobre los valores de la experimentación"
Escuela de Cine de la UCA
El guionista de ‘La raya’ y autor de la novela ‘El futbolista asesino’ ha cerrado esta semana el curso de la Escuela de Cine de la UCA con una clase magistral en el Aulario de La Bomba
Al escritor, guionista y director Nicolás Melini ((Santa Cruz de La Palma, 1969) le importan “los valores”. Los valores de la creación literaria y los valores de la creación en cine. De ellos, de valores, “en un momento culturalmente decadente”, se lamenta, vino a hablar en el cierre del curso de la Escuela de Cine de la UCA. Del por qué contamos historias. Y de su valor, incalculable, para el ser humano.
–¿Por qué se decidió a contar historias?
–Creo que hay que dejar un registro pero no de quién es cada uno de nosotros, sino del ser humano de nuestro tiempo. Y los escritores vamos un poquito más allá, contar la historia de nuestro momento pero, también, apuntando allí donde todavía hay aspectos que no son nítidos. En el caso de la poesía es muy evidente. Realmente, decidirse a contar historias es una cuestión de conocimiento y la literatura es, posiblemente, la forma más profunda de conocimiento que hay.
–¿Contar con letras o contar con imágenes? ¿Con qué se queda?
–Es curioso porque la escritura procede de imágenes pero el cine no es todavía un lenguaje que haya superado a la escritura. Realmente tendríamos que hacer un esfuerzo enorme para que contar historias en imágenes fuese algo superior a la escritura. La escritura es una tecnología demasiado avanzada y el cine no acaba de superarla.
–¿Es diferente el Melini que cuenta en poesía, en relatos o en novelas del que cuenta en un guion?
–Muy diferente. Con el tiempo me he dado cuenta que como guionista no puedo más que ponerme a favor de lo que quiera contar alguien y, de hecho, últimamente, estoy más con la literatura que con el cine porque soy más libre y porque hago el trabajo que quiero, y en cine no puedo aspirar a hacer una obra sólo desde la escritura del guion, tendría que dirigir.
–Pero usted ha dirigido
–Sí, pero no es mi vocación. Y como no puedo hacerlo todo, me he decantado por mi vocación primera que es la literaria. Y como guionista lo más que puedes ser es un técnico que ayuda al productor y al directora tener la historia que quieren. Y eso es un problema para mí porque yo creo que el cine es un lenguaje que está infraexplorado.
–¿Por qué?
–Sobre todo porque el hecho de que haga falta tanto dinero para hacer cine hace que normalmente los valores del capital predominen sobre los valores de experimentación con el lenguaje, de exploración de cosas que no están dichas con ese lenguaje. Salvo raras excepciones, el cine es un lenguaje infraexplorado, está explorado como explotación, para contar historias que además tengan un rédito económico para recuperar una inversión muy fuerte.
–¿Eso es lo que intentaba en sus cortos? ¿Explorar en el lenguaje?
–Yo lo que he intentado en mis cortos es que el proceso creativo no se detuviera en el guion. En el cine, una vez que tienes el guion, trabajas para poner en pantalla lo que está en papel. Cuando eso no tiene por qué ser así. Con la búsqueda de localizaciones, la elección de actores, en el propio rodaje, en el montaje... Con todas esas fases puedes seguir caminando en una dirección que no sea lo que está en el papel, incluso, que se aleje de él.
Mi palabra favorita
MULATA: Como apoyo a la candidatura de Cádiz como sede del X Congreso Internacional de la Lengua, algunos creadores han querido sumarse aportando su palabra favorita de nuestro idioma. El escritor y guionista Nicolás Melini nos hace reflexionar sobre el valor del lenguaje eligiendo una palabra que le gusta porque no le gusta. “Es una palabra especialmente fea porque viene de la palabra mula, que es la mezcla de yegua y burro y, además, es una palabra sexualizada con lo que me resulta antipática. Pero es una palabra con una historia, una historia que dejaríamos de tener presente si la dejáramos de usar”, decide.
–Pero un productor necesita certezas...
–Claro, por eso el cine industrial lo impide pero en el caso de los cortos uno, al menos, puede ensayar ese tipo de cosas y darse cuenta hasta qué punto el lenguaje cinematográfico está supeditado a la financiación necesaria.
–’La raya’, de la que usted es guionista, sí es un corto que tuvo gran impacto mediático. ¿Le sirvió para seguir creando?
–Sí. A ver, La raya es, entrecomillas, cine convencional. Es un cine para obtener un éxito, que efectivamente se produjo, a través de contar una buena historia. Y nos permitió a mí, al director, a los productores, desarrollar una carrera aunque sí es verdad yo enseguida, con mis cortos, fue como si me pegara un tiro en el pie porque fui en dirección contraria.
–En la literatura también le ocurre. Le gusta hacer proyectos muy diferentes unos de otros
–Sí, mi primera novela, El futbolista asesino, que escribí con 25 años y me siguen recordando por ella, era una novela de género. Y me siguen diciendo que por qué no seguí por ahí o por qué no hice una saga. Pero es que yo creo que la literatura no va por ahí. Pienso que si dejas de buscar, si pareces que ya has encontrado estás más en la parte del sistema económico. Porque la razón por la que un novelista hace una serie de novela negra es por una cuestión económica y del mundo editorial. Para mí dejar de pensar en literatura y dedicarme a repetir una serie de fórmulas que me han funcionado es pagar un precio muy alto.
–¿Fue complicado sacar adelante el Festival Hispanoamericanos de Escritores, que usted dirige, el pasado año?
–Fue un sufrimiento espantoso porque, imagínate, si ya la pandemia aumentó la incertidumbre, cuando, además, estás intentando construir algo que requiere del concurso de tanta gente... Hasta tres días antes no supimos si se cancelaba o no se cancelaba... Es decir, un nivel de incertidumbre insoportable y a mí me pasó factura la salud... Fue épico, porque nosotros sabíamos que había que resistir, pero fue costoso.
–Acaba de publicar ‘El talón’. 17 relatos, 17 debilidades...
–Sí, y de eso me di cuenta al final, buscando otro título del que tenía el manuscrito, me percaté de que todos los cuentos tenían que ver con algún tipo de falla. El talón culturalmente nos remite al Talón de Aquiles, con lo que no hace falta ser más explícito. Y también hace referencia al talón de una persona que vive en la calle, porque en este libro aparecen varias personas que no tienen hogar ya que en España hay 40.000 personas viviendo en la calle, es una auténtica barbaridad, y no miramos ahí. También hay cuentos sobre el cuerpo, sobre la vejez, sobre los no lugares... Es un libro que nos habla de cómo somos hoy pero desde los márgenes.
–No puedo terminar esta conversación sin preguntarle por su pasado futbolístico, que llegó, de alguna manera, a su bautizo literario
–El futbolista asesino fue un exorcismo del que yo había sido hasta entonces. Yo fui un futbolista entre los 10 y los 24 años que además tuvo un tumor en una pierna a los 13 años, y eso marcó mi vocación literaria. El hecho existencial que provoca una situación de ese tipo y, en mi caso, de una forma muy particular porque no lo supe hasta poco antes de dejar el fútbol. Me lo ocultaron. Y eso, que lo tengo contado en mi próxima novela, influyó mucho en mi vocación literaria. Porque todos los escritores tenemos una herida. Una herida que le hace escritor. Y la mía viene de ahí.
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