El parqué
Jornada de cautela
Antes de que la playa Victoria se pusiera de moda, nuestra ciudad contaba con dos espléndidos balnearios; los Baños del Real y la Palma, en la Caleta, y los Baños de Nuestra Señora del Carmen, en la Alameda.
Ambos establecimientos competían duramente por la clientela ofreciendo toda clase de ventajas y comodidades. Los baños de la Caleta insistían en la limpieza de sus aguas, mientras que los de la Alameda ofrecían baños de agua templada y música clásica.
La intimidad de las mujeres estaba garantizada en los balnearios. El baño se llevaba a cabo en cabinas individuales y con gruesas esteras, a salvo de 'los curiosos impertinentes' como denominaba Diario de Cádiz a los mirones.
Pese a ello, la presencia de estos 'curiosos' era inevitable y las crónicas de este periódico relatan las batidas que los municipales tenían que dar en las cercanías de los balnearios para limpiar la zona de mirones.
Pero el caso más llamativo de 'curiosos impertinentes' ocurrió en julio de 1934 en la playa Victoria. El vapor británico Stancon había atracado en Cádiz con cientos de turistas a bordo. Un grupo de jóvenes inglesas, 'esculturales' según el cronista del Diario, acudió a la playa con unos 'maillots' sintéticos que se ajustaban al cuerpo como una segunda piel.
Aquello fue demasiado para los 'curiosos impertinentes'. Los mirones rodearon a las guapas británicas y éstas, asustadas, tuvieron que buscar refugio lanzándose al agua. Los 'curiosos', en número considerable, aguardaban en la orilla salida de las inglesas para echar otra miradita.
Afortunadamente para ellas, los guardias municipales tomaron cartas en el asunto y despejaron la zona.
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