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20 años de 'Grace', el primer disco del cantante Jeff Buckley

D. Villafranca (Efe) Madrid

24 de agosto 2014 - 05:00

Tenía una de las voces más fascinantes y únicas de su generación, pero todo se perdió bajo las aguas del río Mississippi. Jeff Buckley murió en mayo de 1997 cuando nadaba en Memphis y su prometedora carrera voló en pedazos tras un deslumbrante debut, Grace, que ayer cumplió su vigésimo aniversario.

La de Buckley es una de tantas historias de esperanzas rotas que componen el relato mítico del rock and roll. Ambicioso y dotado de un talento descomunal, con la publicación de Grace el 23 de agosto de 1994 llamó la atención de la crítica, que en la actualidad no tiene reparos en reservarle un lugar destacado entre los mejores discos de los años 90.

El estilo que plasmó en Grace flotaba en un espacio vago entre el folk y el rock, con leves inclinaciones hacia el jazz y cierto gusto por las orquestaciones ampulosas, que le emparentaban con Van Morrison.

Con una portada ya emblemática, en la que aparecía con la mirada al suelo, desbordando atractivo, el gesto concentrado y la mano sujetando el micrófono, Jeff Buckley presentó Grace y dio así a conocer al público el tesoro que tenía en las cuerdas vocales.

Todavía estremece la sobrecogedora versión que realizó de Hallelujah. Armado sólo con una guitarra, Buckley retomó el clásico de Leonard Cohen para cantarla con una expresividad y una exquisitez sólo al alcance de los genios.

Porque Buckley no se andaba con rodeos. Era ambicioso, osado; quería jugar con los grandes. Desde el inicio con la ondulante Mojo pin al rock desatado de Eternal life, pasando por el lamento de Last goodbye, una de sus canciones más populares, se percibía en Grace la identidad y el talento de un artista con sello propio.

Había pocos límites para una voz tan personal, tan única, tan llena de posibilidades, capaz de afrontar casi en falsete una canción como Corpus Christi Carol o de bordar el tono romántico de Lover, you should've come over.

Entre 1996 y 1997 empezó a preparar su vuelta al estudio y cuando se ahogó nadando, el 29 de mayo de 1997, ya estaba grabando su segundo álbum. Sketches for my sweetheart the drunk, un conjunto de demos y esbozos de canciones, se publicó póstumamente.

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