Crítica: El caprichoso destino
Calígula (*)España. Grupo: AL'om-Imprebís Autor: Albert Camus. Director: Santiago Sánchez. Intérpretes: Sandro Cordero, Garbiñe Insausti, José Juan Rodríguez, Sergio Gayol, Gorsy Edú Carles Montoliu, Carlos Lorenzo, Balbino Lacosta, Marina Barba, Martín Caló, Manu Hernández, Ramón Linaza. Lugar y día: Gran Teatro Falla, 22 de octubre.
Hay dos grandes Calígulas literarios en el Siglo XX. Uno el que pergeñó el prematuramente desaparecido Albert Camus, que es el versionado por L'om -Imprebís en este FIT 2009. Otro el del longevo y genial Robert Graves en su novela sobre Claudio. El francés, abanderado del existencialismo, conmovió con ésta y otras obras el corazón del comité del Nobel. El británico, abanderado del neopaganismo, no agitó las vísceras de los luteranos que convocan la prestigiosa cita anual de Estocolmo. Aunque su Calígula es inolvidable, un psicótico histrión cuya vida, embarazando y desventrando hermanas, seguramente provocaría una clasificación X, ahora que se ha puesto de moda esta letra con forma de tachadura y cae como un cerrojo sobre películas aparentemente violentas. Demasiado primario y peligroso este Calígula para el Nobel.
Pero el de Camus no deja de llevar una tesis entre sus maldades y eso siempre es mejor para darle barniz cultural. Fiel a su existencialismo, el escritor que tuvo el detalle de ambientar uno de sus dramas en Cádiz ve en el degenerado emperador romano no a un loco que empezó su carrera criminal tras sobrevivir a unas fiebres, como narran las crónicas, sino a alguien que abusa de la vida y la muerte por decisión propia como forma de mostrar el absurdo vital y lo caprichoso de la existencia. Sus imprevisibles actuaciones son como las del destino. El mensaje de la obra se da cuando tras uno de sus gratuitos asesinatos dice "antes o después, que más da" refiriéndose a la llegada de la señora de la guadaña. Así, Calígula es el nihilista supremo. Téngase en cuenta que Camus estrena el texto tras la Segunda Guerra Mundial, cuando los Calígulas de muchas nacionalidades habían hecho de las suyas.
El grupo presentó una versión aparatosa pero de escaso calado, con las gradas y la pantalla polícroma que empieza a ser marca de fábrica de sus montajes y un elenco bastante plano, en especial el protagonista, que no transmitía toda la fuerza de su personaje. Así, todas las potencialidades de este drama, que a pesar de no ser tan directo como lo propuesto en su novela por Graves tiene mucho interés, se van perdiendo poco a poco. Lástima que el montaje no llegase en su nivel general a lo alcanzado por su escena final, la del asesinato de Calígula, ejemplo de lo que podía haber sido y no fue.
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