Rota en la era Trump (y II): Elvis Presley estuvo aquí
Defensa
La Rota del escudo antimisiles es mucho más familiar y menos salvaje que la mítica de la VI Flota de los años 80. La población considera la Base como parte de su educación sentimental
Una relajante estampa de media tarde en la calle Higuereta, que camina en paralelo peatonal con la playa de La Costilla: un hombre con gorra del revés y un refresco de café, una mujer con pamela y carrito de bebé y un perrito. El matrimonio norteamericano perfecto. Es una imagen normal en Rota 2025 y no lo sería tanto en Rota 1980 cuando la máxima de un norteamericano de la Base era “alcohol, peleas y chicas; en Rota no se dormía”, como reconoce en el documental Rota n’ roll, un veterano marine que decidió quedarse aquí para siempre.
Fueron décadas míticas cuando las madres roteñas decían a sus hijas que no salieran de su casa cuando llegaba la VI Flota y que, si lo hacían, no se aventuraran por la avenida San Fernando, donde se concentraban los puticlubs, whiskerías y discotecas que frecuentaban unos chavales desbravados que hablaban un inglés brutal a gritos dispuestos a quemar la noche hasta que llegaba la pica (por pick up) de la policía militar y desalojaba los establecimientos al estilo del salvaje oeste, lanzando a los más díscolos a la calle a porrazos. La violencia formaba parte de aquellos años, aunque casi siempre era entre ellos, excepto aquella vez que apareció el cadáver de una prostituta local. La policía americana investigó, dio con el autor y nunca más se supo del caso.
Y así, no le vas a quitar la idea a muchos roteños de que uno de los pioneros de aquella Rota loca fue el mismísimo Elvis Presley, destinado como marine en una base americana en Alemania entre 1958 y 1960. “De regreso a Estados Unidos los marines paraban aquí, en Rota, así que qué tiene de raro que Elvis Presley se paseara por las calles de Rota buscando diversión en algún momento de 1960”, nos dice una mujer de unos 50 años que ha trabajado mucho tiempo en la Base y que es la que nos ha referido la leyenda vistiendo, además, una camiseta de Elvis Presley.
No todas aquellas jóvenes harían caso de sus madres porque de aquellos años saldrían muchos romances que acabaron en matrimonios y ahora serán madres de grandotes muchachos norteamericanos, rubicundos o mulatos, residentes en Wisconsin, Florida o dios sabe dónde. El mestizaje de la cultura bárbara y la cultura mayeta de un pueblecito que vivía de la pesca y de la mejor huerta de Andalucía Occidental convirtió a Rota en un lugar único acunado por esa excitante música que no se escuchaba en ninguna otra parte antes que aquí a través de la emisora AFN-The Eagle. Y la cultura grande acabó por comerse a la chica. Como dice el escritor roteño Felipe Benítez, “cuando salíamos del pueblo e íbamos a otros sitios de alrededor los raros nos parecían ellos, no nosotros, que éramos los normales”. Porque los jóvenes roteños se sentían más globalizados, más en el mundo, no aquella España gris y antigua. Las barras y estrellas forman parte, desde entonces, de la memoria sentimental de esta localidad cuyo PIB depende mucho más de la Base que del turismo. Y no es que Rota tenga poco turismo. En julio y agosto este pueblo de 30.000 habitantes pasa a tener cerca de 90.000.
Base Forum
De todo aquello quiere dar cuenta un proyecto que no acaba de cuajar -ya se han anunciado varias fechas de inauguración y sigue sin estar abierto al público-, y que se levanta simulando un hangar en mitad de los unifamiliares de la largúísima Avenida de Diputación, que discurre entre los pinares de lo que en su tiempo se conocía simplemente como La Forestal, una frontera de dunas arboladas entre el pueblo y la playa salpicada de los búnqueres que daban cuenta del antiguo recinto militar que se levantó allí en 1934. Este equipamiento museístico, al que han llamado Rota Forum, quiere reivindicar esa relación ya indisoluble entre roteños y norteamericanos. Encarnación Niño, la concejal que puso en marcha el proyecto, explicaba que, aparte de la colaboración conjunta de la Armada y la Navy donando desde un camión de bomberos a un helicóptero, “muchísima gente nos está trayendo cosas que solamente se daban en el municipio de Rota”.
La pareja de la que les hablaba al principio ejemplifica mucho mejor la Rota del Escudo Antimisiles, cuyo tratado data de 2011, que la Rota de la VI Flota del Tratado del 53. Todo es más familiar. Unas mil familias norteamericanas han preferido vivir extramuros de la Base y se reparten entre Rota, El Puerto y Chipiona. Incluso hay más de medio centenar de niños escolarizados en los colegios españoles de Rota. Hijos de padres que quieren fundirse en el color local.
En 2013 estuve con el embajador que Obama escogió para abrir un periodo fructífero de relaciones diplomáticas con España. Era un tipo exquisitamente simpático, que llegó a España acompañado de su compañero, Michael, y su perrita Lily. Se llamaba James Costos, era gay, pero no consideraba que era algo que le marcara, igual que tampoco lo hacía ser vegetariano o recoger perros abandonados. se trataba de un alto ejecutivo de la HBO y, de hecho, suya fue la decisión de que la quinta temporada de Juego de Tronos se rodara en Sevilla. Era, en definitiva, el embajador que Trump nunca elegiría para nin guna parte. Le hablé de la película Bienvenido Mr.Marshall , que era lo que en cierto modo suponía la llegada de los destructores para Rota. No la conocía y le conté de lo que iba, incluida la escena de Pepe Isbert en el saloon del Oeste. “¡Tengo que verla!”, exclamó entusiasmado. Porque, dijo Costos, “ esta vez no vamos a pasar de largo”. “¿En qué consiste no pasar de largo?", le pregunté. “Mi trabajo también es hablar con las empresas españolas y compartir ideas. Van a venir muchos norteamericanos aquí con sus familias. Vamos a hacer todo lo posible para que estas personas que vienen se abran a la comunidad, gasten en el pueblo y en la provincia, lo que hará que se creen nuevos negocios y que se dinamice la economía de la zona”.
En buena medida, Costos cumplió con su promesa, empezando por el acuerdo con Navantia. Pero además, sin saberlo (osabiéndolo), tuvo su propia publicista. Sería de Lizzian Lightfoot, que se definía como “esposa experimentada”. Estaba casada con un militar que fue destinado a Rota en 2011 y tenía cinco hijos. Lightfoot era una especie de influecer de la american way of life. Desde sus redes sociales lanzaba mensajes de las maravillas de Rota y en 2015 presentó en el Ayuntamiento su libro Welcome to Rota, un reclamo para que otras familias americanas siguieran sus pasos “en el mejor destino del mundo”. Y lo que dibujaba no era, naturalmente, la avenida San Fernando en sus mejores tiempos, sino un apacible lugar costero de rica gastronomía y encantadores paisanos.
Pero esto no siempre es así. Enrique es un roteño que, como tantos, tiene una vivienda para el alquiler, ya sea veraniego o para los americanos. Su última experiencia fue con dos jóvenes americanos y me cuenta riendo que la experiencia fue un desastre y que no es algo extraño. “Me dejaron la puerta destrozada porque se olvidaron las llaves y la rompieron a patadas. La mayor parte del mobiliario quedó inservible”. “¿Y te ríes?” “Ah, bueno, los americanos pagan muy bien, no menos de 1.500 euros, y te estoy hablando de la tropa. Y luego, si te rompen algo, el housing se hace cargo de todo al momento”.
El housing es la agencia que se encarga del alquiler de viviendas fuera de la Base y tiene órdenes estrictas de que los propietarios de las viviendas no tengan la más mínima queja. Obama tenía claro, según dijo en su discurso en la visita a la Base en 2016, que “ las bases tienen que dejar beneficios sociales en las comunidades en las que están asentadas. No es fácil estar lejos de casa, pero si es en este lugar tan bello, no está tan mal y los roteños son unos magníficos anfitriones”. Frente al antiamericanismo de buena parte de la sociedad española, la administración Obama quería mostrar el rostro amable de los yanquis. Trump parece empeñado en todo lo contrario y en Rota son conscientes. “Pero de momento nadie te hablará mal del comportamiento de los americanos aquí”.
Julio puede hacerlo, pero reconoce que tiene sus motivos. Julio es un artista plástico que durante veinte años trabajó en la base de Rota dando clases de pintura en la High School, que contaba con más de 350 alumnos y unos 50 profesores, y como bibliotecario a las órdenes de una mujer muy estirada que se apellidaba apropiadamente Strictland: "Creo que acabó en Guantánamo y no lo lamento". Según Julio, "lo mejor de la Base era el sueldo, claro. Si conseguías meter la cabeza dentro, y esto se hacía principalmente por enchufe, habías triunfado. Los americanos en eso no se metían. Cuando yo estaba había unos 1.300 trabajadores españoles, ahora no habrá más de 900 y hay tortas por entrar. Yo me metí en el comité y organicé una huelga cuando el Gobierno de Aznar nos hizo cotizar al IRPF por el sobresueldo que nos pagaban los americanos. Nos metieron un leñazo bueno porque era retroactivo. Eso los americanos no lo perdonan. En cuanto dejé de ser presidente del comité, me botaron”.
Gracias a eso pudo dedicarse a lo que le gusta. Ahora realiza bustos de los habitantes de Rota. Lleva más de 500 y algunos adornan las calles aledañas del Ayuntamiento. “Yo sé que nadie en Rota te va a hablar mal de la Base porque se come de ella, pero yo miro esos aviones que nos pasan por la cabeza y no puedo evitar pensar qué llevarán, a dónde irán. Y sabes, sé que no es nada bueno”.
Hay karaoke los jueves en el Meet Point, en la plaza Gravina, junto al puerto, un local con las paredes forradas de billetes de dólar y en el que siempre hay en los televisores un partido de béisbol. Acabamos allí la visita compartiendo una Guinness con la parroquia yanqui y esperando que un militar como un armario de dos cuerpos salga a la tarima y se derrita interpretando Love me tender. De Elvis, naturalmente.
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