El rey de Cádiz
ELSEXTANTEDELCOMANDANTEISLAS MARIANAS
En la Micronesia. Antonio Triay, de El Pópulo, llegó a ser el soberano de las islas Palao, en las que fue abandonado por los españoles primero y vejado por los indígenas luego
E style="text-transform:uppercase">ntre otros muchos, el archivo que tiene la Armada en la localidad manchega de El Viso del Marqués conserva un curioso documento referido a Antonio Triay y Montero, que habiendo servido en los buques de su majestad, desapareció en medio del Pacífico, reapareciendo años después en Filipinas para hacer entrega al General Echagüe de las islas Palao, archipiélago del que había sido nombrado rey por los propios nativos aborígenes después de no pocos sufrimientos.
En 1861 la Reina Isabel II dispuso la colonización de las islas Marianas, cargando la responsabilidad en las espaldas del General Rafael Echagüe y Bermingham, que le había servido fielmente durante la Primera Guerra Carlista y tomado parte en la de África, donde había dejado patente su inteligencia y dotes de mando. La experiencia ganada como Capitán General de Valencia y también como Gobernador de Puerto Rico parecían avalar su nombramiento para el mismo cargo en Filipinas, donde al año de ocupar el puesto supo que su gobierno del archipiélago no era completo, pues faltaba el vasallaje de un grupo de islas denominadas Palaos cuyo cacique tenía avisada su llegada a Manila para poner el archipiélago bajo la tutela de la reina, de forma que la bandera española ondeara sobre el conjunto completo de las islas septentrionales de la Micronesia. Los documentos que guarda el archivo mencionan la sorpresa y estupefacción del general donostiarra cuando el cacique se dirigió a él en un castellano perfecto nublado por cierto deje andaluz, pues el rey de aquellas tierras que ahora ponía al servicio de la reina había nacido ni más ni menos que en el gaditanísimo barrio de El Pópulo.
De la hoja de servicios de Antonio Triay se desprende que nació en Cádiz en 1819. De sus primeros años en la Armada se sabe poco, pero sí que fue examinado en Cádiz en 1842 para el puesto de segundo piloto de la Carrera de Indias, y que tres años después fue destinado a Filipinas.
Tras su rehabilitación, el propio Triay escribía a la reina explicándole que "navegando como segundo piloto a bordo de la goleta Carmen al mando del capitán Juan López y Eduardo Douperney como sobrecargo, salimos de Manila a las Palaos a cargar mercancías, siendo en esta isla donde me dejaron abandonado…". Triay contaba sólo 26 años y acusaba a Douperney de haber urdido su abandono por rencor, enviándolo a pescar a la parte norte de las islas, habiendo zarpado la Carmen sin él y sin que llegara a saberse si su capitán hizo algún intento por recuperarlo.
El propio Triay explicaba que tras quedar solo no tardó en caer prisionero de los aborígenes, los cuales le quitaron la ropa dejándolo desnudo, y que en esas condiciones fue esclavo durante dos años en los que sufrió todo tipo de penalidades y humillaciones, consiguiendo salvarse de algunos intentos de asesinato y participando en muchas ocasiones en luchas cuerpo a cuerpo con los nativos en las que recibió infinidad de heridas. Padeció hambre, enfermedades y muchas penalidades y fueron sus conocimientos superiores los que le permitieron escalar en la pirámide social de los nativos hasta encumbrarse como su jefe.
En su nueva condición, Antonio Triay intentó durante 16 años inculcar en los indígenas las ideas humanitarias propias de su civilización, alejándolos del instinto guerrero que los llevaba a combatir constantemente entre ellos y enseñándoles a respetar a los españoles, a los que enseñó a considerar hermanos. Cuando estos se presentaron en las islas que había regido el gaditano, encontraron que los nativos habían aprendido de su rey el cultivo del algodón y el tabaco.
Antonio no se presentó solo ante Echagüe, pues llegó acompañado de Aulokopé, un niño de 12 años hijo del rey al que había sucedido y cuya educación le estaba encomendada en función de las costumbres de las islas. El chico tenía los cabellos tan largos como oscuros, piel aceitunada, facciones hermosas y lucía un taparrabos como única indumentaria. Tras poner sus islas a disposición de la reina, Antonio fue devuelto a España acompañado del niño a bordo de la fragata Cervantes. Además de por las autoridades navales y algunos políticos, el marino y el niño fueron recibidos por la reina, la cual se sintió conmovida por su historia y premió su lealtad ascendiéndolo a alférez de fragata, además de apadrinar a Aulokopé, que en la pila bautismal recibió el nombre de Ignacio. Antonio fue destinado a Vigo como segundo comandante de la Comandancia Naval, donde estuvo destinado un año completo antes de pasar a encargarse de la capitanía del Puerto de Pasajes, pero los años de exposición a la naturaleza habían mermado sus defensas orgánicas y en una carta de agosto de 1867 dirigida al capitán general del Departamento Marítimo de Ferrol solicitaba dos meses de licencia en Cádiz para poder atender su quebrantada salud. En la capital gaditana el marino fue examinado por una junta médica que dictaminó que sufría de tisis laríngea y graves desarreglos digestivos, proponiendo su separación del servicio que fue aceptada, quedando asignado sin destino en el departamento marítimo de Cádiz, ciudad en la que falleció el 29 de enero de 1868 a los cuarenta y nueve años de edad. Hasta su muerte fue Ignacio, a quien había adoptado como hijo, quien se mantuvo fielmente a su lado.
En cuanto al muchacho, muerto Antonio Triay fue acogido por cuenta de la reina en el asilo de Nuestra Señora de la Asunción de Madrid, donde se formó como enfermero, profesión que nunca se le permitió ejercer debido a turbios motivos relacionados con la pigmentación de su piel, siendo finalmente contratado por cierto personaje de la corte en calidad de asistente. Tras casarse y enviudar regresó a Cádiz, donde volvió a contraer matrimonio dejando a su muerte un buen reguero de criaturas oscuras en la ciudad.
La historia de Antonio Triay deja algunos flecos, pues siendo muchas las islas que conforman el archipiélago de las Palaos es difícil que el gaditano fuera el rey de todas, ya que la costumbre era que cada isla contara con su propio cacique independiente de los demás, si bien, con la entrega de la que fuera que gobernara nuestro paisano, la reina de España tomó posesión de todas ellas hasta la lastimosa pérdida de las colonias no mucho tiempo después. Pero esa es otra historia.
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