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Las obras de remodelación del asilo de ancianos afrontan su recta final

Tras nueve meses de trabajos en gran parte del edificio, las hermanitas de los pobres siguen atendiendo a unas 50 personas mayores · Hace dos meses comenzó la tercera y última fase de la reparación

Las máquinas trabajan en el asilo de ancianos ante la mirada de la madre superiora.
Alejandro Barragán / El Puerto

08 de septiembre 2008 - 05:01

Desde que en enero se iniciaron los trabajos de rehabilitación del asilo de Las Banderas, las hermanitas de los pobres trabajan más que de costumbre. Más bien, trabajan el doble: atendiendo a la cincuentena de personas mayores que habitan la residencia actualmente y controlando el desbarajuste que provoca unas obras que se extienden ya por nueve meses y que afectan a todo el edificio.

Hay obreros en todas las plantas del edificio, en casi todas sus esquinas, mientras las monjas lo planifican todo de tal manera que el funcionamiento de la residencia se vea afectado lo menos posible. Hace unos dos meses comenzaron la tercera fase, la última, de reconstrucción de la estructura que soporta el edificio. Una obra que se hacía totalmente necesaria, dado el mal estado que presentaban los forjados de hormigón del suelo y que, de no haber sido detectado, podrían haber provocado el desplome del edificio en pocos años. Además, se han tenido que sustituir los bajantes de las tuberías del inmueble, totalmente caducados.

Pero las hermanitas de los pobres, y los ancianos del asilo, no sólo han tenido que enfrentarse al enorme ajetreo que supone esta obra de gran envergadura, sino que, para mayor complicación, se han estropeado a lo largo del verano, la plancha industrial, el horno de la cocina y uno de los ascensores.

Actualmente, la tercera fase de las reparaciones se centran en los forjados, habiendo levantado todo el suelo, en la zona que rodea la recepción. Mientras, el acceso a la capilla está cerrado, sólo siendo posible su entrada desde una planta superior, para luego bajar por unas escalerillas, haciéndolo todo aún más difícil para muchos de los ancianos y para otros, totalmente imposible.

La primera de las fases está casi terminada (donde se situaban los talleres de manualidades), a falta de terminar las conexiones eléctricas. Es en este ala del edificio donde ahora, provisionalmente, se han instalado las dependencias que han sido inutilizadas con las obras, como la propia recepción.

La segunda fase de obras, donde se encuentra el comedor de la residencia, también está casi finalizada, si bien todavía no se está usando.

La madre superiora del asilo, Sor María Beatriz, alza la vista al cielo implorando que todo el desaguisado que ha propiciado las obras concluya pronto. Quizás en un par de meses. De lo que sí están casi seguras las monjas es que, al menos, todo estará más que terminado cuando lleguen las celebraciones de Navidad.

Algunos ancianos de los que se habían repartido por diferentes residencias de las hermanitas de los pobres (Jerez y Ronda) ya han regresado al asilo de las Banderas, pero aún así, Sor María Beatriz comenta que no pueden regresar todos (tienen capacidad para más de cien) debido a las obras. Y eso que hay una larga lista de solicitudes para ingresar en el centro.

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