"La palabra inmigración es repugnante; prefiero tolerancia"
Maruja Torres divaga sobre el inmigrante y los medios
"Maruja Torres es mucha Maruja". Y no hizo falta más presentación. La periodista, escritora y residente en Líbano desde hace dos años, ofreció ayer la conferencia inaugural del II seminario de inmigración y medios de comunicación social que se celebra en la facultad de Filosofía y Letras. Maruja divagó ante la atenta mirada de los asistentes sobre el fenómeno de la inmigración de una parte y del estado de los medios de comunicación, de otra.
La periodista puso en duda desde el principio el significado de la palabra inmigración en sí. Es más, le parece "repugnante que se hable de inmigración cuando, a estas alturas, ya deberíamos hablar de tolerancia y sobre todo de integración".
Maruja preguntó "por el momento en que los inmigrantes han dejado de tener un nombre para pasar a ser un número", sobre todo cuando buena parte de la estadística ha dejado de ser inmigrante para formar parte viva de la sociedad. Y esta numerología es lo que ha convertido a la inmigración "en sólo un tema para rellenar páginas durante los meses de verano". Es más, pregunta Maruja, "¿quién es necesario que muera en una patera para que aparezca en un medio, o es que ya han dejado de saltar la valla en Ceuta? Claro que sigue pasando pero ya no pagan ni al periodista ni al seguimiento ni a su conocimiento". Y es precisamente, para esta periodista de vocación, uno de los principales problemas que tienen los medios de comunicación para abordar éste y cualquier otro asunto: el saber.
"La falta de conocimiento hace que un periodista tienda a generalizar a una población sin tener en cuenta las 'tribus' que hay. Y cuando cometa un error le echarán a la calle, pero pondrán en su lugar a uno que sepa todavía menos. Y ésta es la realidad de un periodismo que atraviesa una de sus etapas más duras", añade Maruja.
A la falta de conocimiento, se une el morbo por "cosas como el sexo, la muerte o la fama. Ahora importa más cuánto le cuesta el divorcio a Madona que lo que pasa en el Estrecho". Maruja, residente en Beirut desde hace dos años, ha sido testigo de hechos que se quedaron en el tintero "porque en Madrid dijeron que no importaba. He visto a criadas libanesas a las que le quitan el pasaporte para que no escapen y no he podido contarlo porque a España no le interesa".
A pesar de todo, Maruja no perdió el optimismo durante la charla, aunque a veces estuviera apoyado de cierta ironía. Sabe que la situación del periodismo navega entre la llamada crisis del papel y el éxito incierto de los digitales. Maruja se marchará de Cádiz pero lo hará acompañada de una pequeña maleta, fácil de llevar, y repleta de historias que otro día contará.
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