El bus del terror
Las primeras horas del servicio de cercanías los fines de semana es todo un calvario para conductores de Comes
Desgraciadamente no estamos hablando de una atracción de feria. Ni de un género cinematográfico o un relato literario. Es la realidad de cada fin de semana. Es el libro de las anécdotas de los conductores de la empresa de transportes generales Comes, que en las primeras horas de servicio de los sábados, domingos y festivos contemplan atemorizados, preocupados, hastiados incluso, todo tipo de episodios para no dormir. Peleas, insultos, baile de sustancias ilegales, sexo... El interior de los autobuses que cubren los trayectos de Cádiz a Puerto Real, San Fernando o Chiclana se convierte en ciudad sin ley, en Sodoma, en un sálvese quien pueda, por lo que los empleados de Comes vienen reivindicando desde el año 2007 la adopción de medidas de seguridad, principalmente la presencia de un vigilante durante todo el trayecto.
De momento se ven obligados a conformarse con la presencia del vigilante únicamente en suelo capitalino. Pero los conductores exponen un sinfín de razones para argumentar sus reivindicaciones. Varios de ellos han sido reunidos por este periódico para contar anécdotas, episodios e incidentes que hayan sufrido a lo largo de los últimos años. Se trata solo de un par de horas al día -entre las seis y las ocho de la mañana-; de solo dos días a la semana. Pero las historias que se suceden en esos intervalos son para echarse a temblar. Pasen al bus del terror y vean.
"Una vez iba un compañero cruzando el Puente Carranza y se acercó un usuario para decirle que al fondo del autobús se estaba produciendo una pelea. Cuando miró por el espejo retrovisor vio cómo habían roto una ventana y había medio cuerpo de un chaval por fuera porque otro lo quería tirar por el puente". Este es uno de los episodios que cuentan estos empleados. En otra ocasión, recuerda uno de ellos cómo "se subieron cuatro o cinco en la parada de Telegrafía con barras de hierro para pegarle a algunos que venían en el autobús. Allí se formó un lío grande".
Otro numerito. Un joven comienza a amenazar y a encararse con el conductor en mitad de un trayecto; y la cosa fue a tanto que el joven comenzó a dirigirse por el pasillo hacia el conductor cuchillo en mano. "Al verlo, el conductor frenó en seco y logró que el tío cayera al suelo. Luego, para que veas cómo es la cosa, una mujer denunció al conductor por el frenazo que había pegado".
Historias inverosímiles las que viven estos madrugadores. Nos cuentan ahora una de la feria de Puerto Real. "Cuando el compañero llegó a la parada había unas 400 personas esperando el autobús. Empezaron a subir como manadas, y cuando ya no cabía un alfiler dentro del vehículo comenzaron a subirse al techo, y allí saltaron, bailaron... Todo eso con el conductor solo".
Las reyertas en el interior del autobús en el trayecto que cubre el Río San Pedro y Puerto Real son constantes. Los jóvenes de ambas localidades no deben tener buenas relaciones, lo cual plasman continuamente en el regreso a sus casas tras una noche de movida. "Una vez se formó una reyerta enorme en el interior del autobús. Tanto, que obligó a parar y a abrir las puertas, siguiendo la pelea abajo. Y algunos aparecieron por allí con piedras y palos", cuenta uno de los trabajadores de Comes.
Otra constante a la que tienen que enfrentarse estos conductores en las primeras horas de los fines de semana y de los días festivos es a los colados. O a los que pretenden hacerlo. "Llega un joven con una chica y te suelta un billete de 20 euros para que le cobres a los dos. Y mientras estás buscando el cambio empiezan a entrar uno tras otro. ¿Y qué haces tú? ¿Cómo te enfrentas a una pandilla de quince o veinte que vienen hasta arriba de todo?", se pregunta.
¿Quieren conocer ahora una de contenido sexual? Pues uno de estos conductores cuenta cómo en cierta ocasión una joven comenzó a practicar sexo oral con cuatro usuarios en pleno recorrido, en mitad del autobús, a la vista de todos.
"Nosotros vemos unas burradas que no se las deseo a nadie", llega a afirmar en un momento del encuentro uno de los empleados. Y al hilo de esto, explican que ellos son objeto de todo tipo de vejaciones. La más usual es cuando se está formando algún lío en el interior del vehículo y el conductor intenta coger el teléfono móvil para avisar al control de la empresa. "Chófer cabrón es lo más llano que me dicen", expone uno de los afectados. Estos insultos y amenazas se han convertido en alguna ocasión en agresión física.
Tanto episodio esperpéntico fruto del elevado consumo de alcohol y de todo tipo de sustancias que estos jóvenes consumen durante la noche -e incluso dentro del propio autobús, donde el olor a canuto es más que habitual en estos servicios- ha provocado la baja de algunos de estos conductores en distintas ocasiones. Los hay que han llegado a dejar el autobús detenido y han tenido que recibir asistencia médica en el sitio.
"Son nada más que dos horas. Pero ese tiempo se nos hace interminable", confiesa el portavoz del comité, Francisco Ríos. "Fíjate cómo es la cosa, que aquí hasta el que es ateo ha rezado en más de una ocasión porque no pase nada". Así es el bus del terror.
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