San Juan Nepomuceno y el Monasterio de San Miguel
Una de las imágenes que decoraba el hotel procede del gaditano Oratorio San Felipe Neri · La escultura sigue en el inmueble sin que por ahora esté claro su futuro
¿Recuerdan ustedes la fotografía que acompañaba al artículo publicado el 17 de abril en este mismo Diario informando del desalojo y cerrojazo del hotel Monasterio San Miguel? Mostraba la imagen de un santo acompañado por carteles en los que se podía leer 'Stop Desahucios, 80 nuevos dramas', aludiendo a los trabajadores perjudicados.
Ahora queremos llamar la atención de esta magnífica talla barroca que hasta entonces se conservaba en el claustro de este establecimiento hotelero y que, lamentablemente, cobra un interés añadido al mérito artístico por la doble actualidad que aporta el cierre del mismo y la apertura de San Felipe Neri, Oratorio gaditano de donde procede y de donde nunca debió salir.
San Juan Nepomuceno es un santo checo del siglo XIV que ocupó varios cargos (canónigo, arcipreste, Vicario General de la archidiócesis de Praga y doctor en derecho canónico) y fue confesor de la emperatriz Sofía de Bohemia. Sufrió martirio y ejecución por el típico conflicto entre el poder real y la jerarquía eclesiástica. Murió ahogado en el río Moldava tras ser arrojado desde el puente Carlos de Praga por orden del emperador Wenceslao IV, incapaz de arrancarle un secreto de confesión con la reina. Desde su muerte fue considerado patrono de los confesores y del honor de las personas, de los navegantes y co-patrono de la Compañía de Jesús, principal difusora de su culto por España. La devoción al mismo estuvo muy arraigada en Andalucía y Cádiz, como lo demuestra la cantidad de efigies de este santo que se veneraban en sus iglesias.
En cuanto a su iconografía, destacamos únicamente los rasgos y atributos con que ha sido tratada la imagen que nos ocupa. Se representa joven y barbado, semiarrodillado sobre una nube y ángeles (que faltan) simulando la Gloria, con brazos abiertos sosteniendo diferentes atributos (en este caso, portaba un crucifijo en su mano izquierda). Viste indumentaria de canónigo, con sotana, roquete y muceta de armiño. Otros atributos típicos eran portados por los 4 angelitos que flanqueaban la nube sobre la que se apoya: la mitra episcopal, el dedo índice sobre los labios de uno de ellos aludiendo al secreto de confesión y, posiblemente, la palma del martirio.
Sánchez Peña, en su magnífica obra sobre Escultura genovesa, publicada en 2006, lo data de mediados del siglo XVIII y lo incluye en el apartado de 'Obras de escuela genovesa de autor desconocido', aunque salida de un taller afincado en Cádiz. Es muy posible que se realizara después de la canonización del santo en 1729, cuando se generaliza el culto al mismo en muchas ciudades católicas de Europa y América.
Se trata de una excelente pieza cuyo autor participa de la mayoría de las características de la estética presente en la escuela ya conocida como gaditano-genovesa que se impone en esta zona a lo largo de dicha centuria: los rasgos del rostro, el tratamiento de la cabellera y la barba e incluso la policromía así lo delatan. Esta imagen también refleja otra constante presente en una serie de escultores que trabajan en Cádiz y su entorno: su dinamismo, atestiguado por la postura genuflexa del santo (semiarrodillado sobre una nube y rompiendo la frontalidad por el giro del cuerpo e inclinación de la cabeza al dirigir la mirada al crucifijo que portaba en su mano izquierda), el plegado de su indumentaria, las nubes sobre las que se alza la imagen y los angelitos que revoloteaban en torno a ella, detalles que provocan esa sensación de inestabilidad y desequilibrio tan típica del barroco.
Esta talla de San Juan Nepomuceno procede del Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz. Allí ocupaba el banco del retablo rococó de la Virgen de los Dolores, en una nueva capilla construida tras las reformas de la segunda mitad del siglo XVIII. En el citado libro de Sánchez Peña podemos apreciar una fotografía -ya histórica- de esta imagen tomada en 1971 en su localización primitiva, muy interesante porque conserva algunos de los atributos citados. Tres de los querubines (ha desaparecido el que elevando su mirada hacia el santo le ofrecía la mitra episcopal) se custodian en la casa-hermandad de la cofradía de Luz y Aguas de Cádiz y decoran el frontal del paso de misterio durante la estación de penitencia del miércoles santo.
El hotel Monasterio de San Miguel de El Puerto de Santa María, inaugurado en 1989 tras la rehabilitación del antiguo convento de religiosas Capuchinas que vino a ocupar, cerró sus puertas el 16 de abril de este año. Pero el mobiliario y las obras de arte que albergaba son propiedad privada y desconocemos su destino futuro (¿volverá como depósito al Oratorio, permanecerá olvidada en el antiguo claustro o dormirá en una nave a la espera de una decisión judicial?). En cualquier caso, confiemos en que el hotel vuelva a abrir sus puertas, los trabajadores ocupen sus puestos que tan dignamente han venido desempeñando y esta colección de antigüedades no sufra expolio ni sea fruto de la barbarie o el abandono, sino, muy al contrario, sean debidamente protegidas y conservadas.
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