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La opinión de Soco López: Patrimonio sin partituras

Soco López

06 de febrero 2026 - 07:01

Corría el año 1986 y en el patio de un colegio de Cádiz un grupo de crías cometimos un atrevimiento imperdonable: cantar el popurrí de 'Las Momias' durante el recreo. Apenas un par de cuartetas fueron suficientes para que aquellas monjas dictaran sentencia. Les parecía chabacano, impropio, casi subversivo. Castigo al canto. Cuarenta años después, resulta fascinante, casi hilarante, comprobar que el mismo carnaval que entonces reprimieron se pasea con toga y birrete por las facultades. Si eso no es justicia poética, que venga el dios Momo y lo vea.

Hoy, mientras las agrupaciones cantan en el concurso, en el Puente de Vallecas Paloma Cogollo Pérez enseña historia contemporánea a estudiantes de ESO utilizando letras de Juan Carlos Aragón o de los hermanos Márquez Mateos. Y en Jaén, Lucía Baeza López imparte clases de Primaria usando el Carnaval de Cádiz como recurso didáctico. Hay experiencias en lengua, filosofía y hasta en inglés, donde los grandes bastinazos se traducen al idioma de Shakespeare.

Empezaron como iniciativas aisladas y hoy tienen respaldo académico: del carnaval ya se han defendido diez tesis doctorales, cuenta con cátedra propia y sirve de instrumento pedagógico en todas las etapas educativas. Lejos de ser una ocurrencia, el libro Carnaval de Cádiz y educación, coordinado por los profesores Álvaro Pérez García y Joaquín Revuelta, reúne experiencias nacidas en el corazón de la escuela pública, donde el profesorado suple la falta de medios con ingenio, vocación y mucho compromiso. Frente al aislamiento de las pantallas, rescatan el poder de la palabra para enseñar a pensar, a sentir y a desinhibirse. La copla hace comunidad, combate el individualismo digital y nos recuerda que somos parte de una expresión cultural que aspira a ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. El milagro cultural que aquellas monjas confundieron con un pecado.

Sin embargo, hay un reto pendiente: la música. Es sencillo trabajar sobre la letra porque está escrita, publicada y citada, pero cada año se interpretan unas 600 composiciones inéditas que corren el riesgo de evaporarse por la escasez de partituras, incluyendo el tango, la pieza más genuina de nuestra fiesta. Pasodobles del Noly, nacidos del puro instinto, o los punteados autodidactas de Pepe el Guitarra son la prueba de que el mensaje de las coplas no sería el mismo sin el vehículo de la música.

Mucho se compone de oído, y ahí reside su magia, pero el legado necesita traducción. Por eso, urge que autores y autoras incluyan partituras en sus libretos. Porque el Carnaval es también lo que suena. Y la música no puede seguir viviendo únicamente de la memoria. Escribirla no es encerrarla: es darle futuro.

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