Sábado de Carnaval Cabalgata del Humor, entre el esperpento y lo sublime

  • Disfraces, muñecos cabezones, carrozas de mano, poca vergüenza y muchas ganas de pasarlo bien en la más gamberra cita del último sábado de Carnaval

Dos participantes en la Cabalgata del Humor. Dos participantes en la Cabalgata del Humor.

Dos participantes en la Cabalgata del Humor. / Lourdes de Vicente

Unos muñecos de foame cabezones de Scooby Doo bailan al ritmo de una canción cualquiera de cualquier verano mientras el chiquillo que representa el busto que Nando creara de Paco Alba para la posteridad se pasea todo bronce, todo dignidad. “Pasa la mano por la cabeza, pásala por la izquierda...”, ordena una voz enlatada desde un gran altavoz, mientras que un grupo de fichas de dominó se tira al suelo en un decreto mucho más gaditano –“un cura, un fraile...”–. Paquito del Mentidero es el dios Neptuno que encabeza a las muchachas del Zumba del Aculaero. La gente en la calle la Rosa se vuelve loca con su Cartero Real oficioso, y con el gachó que de rey Melchor tira papelillos junto a una supuesta Estrella de Oriente. “¡Alejandro, Alejandro!”, le grita Jesús Nazareno entrando de lleno en la fantasía. ‘Los Purry Baby’ son aclamados como Los Rollings y a estas alturas ni nos extraña que en las carrozas –bajitas, de mano– igual nos encontramos al vampiro de Hotel Transilvania que a Moquete de Los Cazafantasmas. Porque así es el particular universo de la Cabalgata del Humor, tan esperpéntico como sublime. Un lugar donde el mamarracho no está reñido con la genialidad.

Un universo que, como el nuestro, se expande. Y es que en este último sábado de Carnaval hemos asistido a una de las Cabalgatas del Humor más largas de los últimos años. Y no tanto por el número de carrozas sino por el número de participantes –grupos y solistas que se han querido sumar a la fiesta para mostrar sus particulares disfraces– que todavía lucían más en un recorrido por el interior del centro histórico, partiendo del colegio Santa Teresa para llegar hasta San Juan de Dios atravesando calles tan señeras como la Rosa, Sagasta, Ancha, El Palillero, Columela o Compañía, entre otras.

“¡Ya llegó el verano, ya llegó la fruta...!”. Los grandes clásicos de la cita sobreviven al ritmo del sambódromo por el que apuestan las batucadas que, todo sea dicho, hacen mover la cadera al respetable. Charangas de chinos, otro greatest hit, actualizan el repertorio estornudando todos juntos a la de tres. ¡Hay un coronavirus! (creemos intuir en ese tipo verde con corona en la cabeza y mascarilla cubriéndole la cara). Y también un buen puñado de piconeras (y piconeros) apuestan por el añejismo reivindicando el uso del traje típico gaditano en las fiestas.

“El Caballo camina palante, el Caballo camina patrás...” Vikingos, personajes Disney (unos más conseguidos que otros, todo hay que decirlo), rockeros, socorristas y tiburones ponen la banda sonora de toda la vida, mientras las carrozas insisten en el dance y el tecno.

Bombo y caja, ¡alabado sea el dios Momo!, de la chirigota del Cascana se encomiendan a los sonidos más viñeros y un grupo familiar nos devuelve en forma de bolas de recuerdos (ingenioso invento con unos paraguas) algunos de los tipos que han hecho historia en el Concurso del Falla, desde ‘Un montón de guanaminos’ a ‘¡Viva La Pepi!’.

Y venga papelillos, y venga serpentinas. Y échame un buchito aquí, y empuja el carro de supermercado (hasta arriba de espirituosos) y el carrito del niño chico disfrazado, que se ha quedado dormido nada más salir, mira qué malaje. Y me paro y te lo cuento, porque no hay límites entre el cortejo y el observador. Porque el universo de la Cabalgata del Humor se expande, como el nuestro, entre lo estrafalario y lo maravilloso.

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