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Sudores que dan la vida (1-0)

Cádiz-Hércules

Los gaditanos se meten en la ronda definitiva por el ascenso gracias al solitario gol de Jona en un penalti inexistente que llega después de otro anterior muy claro sobre Garrido no pitado

Sudores que dan la vida (1-0)
Jesús Jaques Nuche Cádiz

Cádiz, 14 de junio 2015 - 13:18

El Cádiz perdió la categoría de plata hace seis años en aquel fatídico partido contra el Hércules y ayer fueron los amarillos los que dejaron a los alicantinos en la división de bronce. Cosas de la historia. La cuestión es que el Cádiz disputará una nueva final por el ascenso gracias al gol de penalti que Jona marcó justo antes del descanso, suficiente para levantar el 2-1 del encuentro de ida y rebasar el penúltimo obstáculo. El balance global de los 180 minutos es de empate a dos, pero el gol anotado por Airam Cabrera en el Rico Pérez de Alicante tiene un valor doble para deshacer la igualdad.

En un partido en el que fue de más a menos después de 20 minutos iniciales brillantes, el conjunto amarillo superó a lo justo al Hércules con máximo sufrimiento, castigado en el plano físico, aunque lo importante era ganar y el Cádiz por fin lo consiguió -en la cuarta cita del play-off- en un choque de alta tensión, aderezado con la lluvia no exento de polémica. Los visitantes protestaron hasta la extenuación una supuesta falta sobre Chechu dentro del área cadista y la posterior pena máxima que a la postre decantó el cruce a favor de los gaditanos, encomendados a las labores defensivas en la segunda mitad para conservar como oro en paño el tanto que validaba la clasificación para la siguiente ronda. El penalti señalado despierta dudas, las que no ofrece otro anterior, en los primeros minutos, fruto de un claro derribo del portero Chema sobre Garrido. Los errores arbitrales forman parte del fútbol y el colegiado señaló el penalti que quizás no era y antes había pasado por alto el cometido sobre el medio.

A falta de acierto a la contra para rematar la faena, los locales tuvieron que fajarse en tareas de destrucción y sudaron la gota gorda para dejar la portería a cero frente a un Hércules que trató bien la pelota y en algunas fases incluso llegó a ser superior pero careció de profundidad. Eso sí, si Portillo hubiera marcado en una clara ocasión desperdiciada en el último suspiro, la lectura sería ahora bien distinta. Cualquiera de los dos equipos pudo seguir adelante y fue el campeón del grupo IV el que salió airoso de una eliminatoria equilibrada.

El Cádiz las pasó canutas porque después de un arranque prometedor se quedó sin gasolina y fue su solidez defensiva la que al final dio con la tecla del éxito. En las próximas dos semanas se medirá al Athletic de Bilbao B en la que será la madre de todas las finales porque después no hay más. Tendrá que darlo todo para batir a los cachorros de Lezama y subir a Segunda División A.

Claudio Barragán apostaba por el once de gala, con Juanma Espinosa como hombre de toque en la medular junto a Garrido y Fran Machado de enganche por detrás de Jona, que volvía a la titularidad en detrimento de Airam Cabrera.

Antes del primer minuto veía cerca el gol el equipo local con un centro de Juan Villar que a punto estaba de culminar Fran Machado. El Cádiz salía desmelenado en busca de ese gol tan necesario. Era la intensidad que requería el envite, aunque en el tramo final del encuentro pagó tanto esfuerzo. Jugaba con corazón y cabeza, movía el esférico de un lado a otro, con Fran Machado omnipresente y frecuentes llegaba al área contraria. En el minuto 8, Garrido disparaba alto tras una salida fallida de Chema a un saque de banda poco después de una caída dentro del área de Fran Machado más protestada desde la grada que desde el césped.

El choque daba un giro radical de 180 grados pasado los 20 minutos de arreón inicial, justo cuando Fernando inquietaba con un lanzamiento que se perdía por encima de la portería de Aulestia. Los herculanos se hacían con el mando mientras amarillos, con el motor gripado, se agarraban a la inspiración en algún chispazo aislado, como el derechazo de Juan Villar (minuto 22) que Chema repelía como podía para evitar el gol. Minutos antes, el portero había cometido un claro penalti por derribo a Garrido que el árbitro no vio.

El partido se desarrollaba como querían los alicantinos, que a punto estaban de marcar en el 25 merced a un contragolpe de tres contra uno que Chechu se empeñaba en resolver en un mano a mano con Aulestia. Hace una semana no fallaba en el Rico Pérez, pero ayer disparaba desviado estorbado por Óscar Rubio. De hecho, los visitantes reclamaron con ahínco penalti al colegiado, que ni se inmutó.

A esas alturas, rebasado el ecuador del primer acto, los jugadores de Manolo Herrero se sentían cómodos, mucho más entonados que los anfitriones. Presionaban la salida del balón de unos jugadores amarillos que empezaban a bloquearse.

El Cádiz perdía la fluidez que había mostrado en los albores. Le costaba un mundo llegar en ataque y lo hacía con zarpazos esporádicos, como el zurdazo de Garrido en desde la frontal en el 28 que se escapaba por encima del larguero.

El dueño del partido era el Hércules, que mostraba calidad con el balón y desarmaba a un equipo amarillo que desaparecía como por arte de magia. Los balones divididos se lo llevaban siempre los blanquiazules ante un Cádiz apagado al que se le iba la vida. En el 40, Aulestia atrapaba un derechazo de Chechu Flores poco antes de la jugada clave del encuentro. Al filo del intermedio, el árbitro interpretaba como penalti un supuesto agarrón de Atienza a Servando dentro del área visitante. Acciones como esa hay muchas a lo largo de un partido, se pitan pocas y el Cádiz tuvo la suerte de que Sánchez Laso vio claro lo que un rato antes no había observado en la zancadilla a Garrido. Los jugadores del Hércules querían comerse al árbitro, pero la decisión estaba tomada y Jona se encargaba de transformar con solvencia el máximo castigo. De manera milagrosa, con un penalti dudoso, el Cádiz se marchaba al descanso con ventaja en la eliminatoria pese a la superioridad del conjunto herculano.

El decorado del encuentro cambiaba por completo. El que necesitaba el gol en la segunda parte era el Hércules, que avisaba en la reanudación con un remate fallido Fernando en el minuto 47 cuando estaba solo dentro del área en uno de los pocos despistes defensivos de la zaga cadista. Si los visitantes necesitaban el tanto del empate, los locales perseguían el de la tranquilidad. Chema lo impedía en el 49 con un paradón a lanzamiento de Kike Márquez.

El tiempo corría a favor del Cádiz aunque la ventaja era tan ajustada que todo podía cambiar en un instante. Todo estaba por decidir en un duelo de infarto. Los amarillos eran los que más pisaban el área contraria y los blanquiazules atesoraban la pelota con cariño sin llegar a hacer daño. El Cádiz disponía de tantos espacios para matar a la contra como de falta de temple a la hora de definir. Lo intentaba en el 57 con un disparo desviado Juan Villar, que marcaba nueve minutos más tarde en posición legal pero el gol era anulado por supuesto fuera de juego que deshacía Peña en la banda opuesta.

Todos los encuentros llegan a un punto en que se convierten en partidas de ajedrez con los movimientos que brotan desde el banquillo. Claudio apostaba por la verticalidad de Migue García en lugar de Kike Márquez, que se retiraba con problemas físicos. El jiennense se colocaba en la derecha y Juan Villar pasaba a la izquierda. Poco después se tenía que ir lesionado Fran Machado, que dejaba su sitio a Navarrete a poco más de un cuarto de hora para el final.

Con el paso de los minutos aumentaba la tensión sobre el césped. El Cádiz jugaba a que pasaran los segundos y el Hércules iba a la desesperada. Miñano metía el susto en el cuerpo en el 76 con un tiro que se iba fuera por poco y casi sin respiro Aulestia cazaba un misil de Rafita.

El partido se encaminaba al final y el Cádiz tenía la tarea hecha, pero estaba condenado a sufrir hasta el último pitido. En el 89, tras un balón colgado como recurso agónico del Hércules, Portillo se quedaba solo ante Aulestia con todo a su favor para dar un vuelco, pero el ex madridista perdonaba la vida a los amarillos con un remate cruzado que se marchaba fuera muy cerca de un poste. Tampoco acertaba Navarrete a un metro de la portería con un remate a bocajarro salvado por Chema. La diosa fortuna se aliaba al final con los gaditanos, que acceden a la gran final con la moral por las nubes porque de nuevo vuelve a estar a 180 minutos de Segunda División A. Tan lejos, tan cerca.

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