Cádiz CF | El análisis El decaimiento inexplicable

  • La fragilidad futbolística y mental alimenta las dudas sobre la capacidad del equipo amarillo para luchar por la fase de ascenso

David Querol pelea por el balón con un jugador del Córdoba. David Querol pelea por el balón con un jugador del Córdoba.

David Querol pelea por el balón con un jugador del Córdoba. / Jesús Marín

Menudo papelón está haciendo el Cádiz CF desde que se sabe salvado tras alcanzar los 50 puntos virtuales con aquella victoria frente al Albacete (el pasado 2 de marzo) que colocaba la cuenta en 47 (más los tres asegurados del duelo contra el Reus que no se disputará). Es como dejar de ir a clase después de terminar la tarea, como si se conformase con el aprobado raspado y renunciase a subir nota. La inercia no es nada buena.

El equipo amarillo está inmerso en la crisis de 50. ¿Qué le pasa al Cádiz CF? ¿Por qué ese repentino frenazo cuando se halla en una situación inmejorable para pelear por la fase de ascenso? Ni el propio entrenador encuentra una explicación a lo que sucede aunque no se anda por las ramas a la hora de reconocer que hace tiempo que no veía jugar tan mal al equipo tras el pobre papel frente al último de la fila.

La deriva que toma el equipo es una fotocopia de la pasada temporada y es precisamente la repetición de la historia lo que hace saltar las alarmas. ¿Baja los brazos el Cádiz cuando cumple el objetivo establecido en el arranque de campaña? ¿Decae el rendimiento por problemas físicos o comeduras de coco? ¿No reina la mentalidad adecuada para pelear por cotas más altas? ¿Se equivoca el club al plantear un reto de mínimos? ¿Por qué la palabra ascenso provoca sarpullidos? ¿Hay verdadera voluntad de pelear por el ascenso? Ni el mal arbitraje ni los posibles penaltis no señalados esconden una realidad que no invita al optimismo.

Algunas de las razones de la desaceleración del Cádiz son las siguientes:  

DESCONEXIÓN: El equipo peca de falta de ambición cuando llega la hora de la verdad. De pronto ya no da pie con bola. No fue capaz de rascar un punto en el terreno del Elche pese a jugar con un hombres más durante más de 50 minutos. El Lugo, que coquetea con la zona de descenso, le dio una lección de juego al Cádiz en el Carranza y una semana después fue devorado por el Albacete (0-3) en el Ángel Carro. Si los gaditanos se quedaron con un punto frente a los gallegos fue por la inspiración puntual de Manu Vallejo.

Lejos de aprender, los amarillos tropezaron con la misma piedra en el enfrentamiento contra el colista. No perdieron de milagro en noventa y tantos minutos de preocupante esterilidad. Fue el propio Córdoba el que tuvo que marcarse un gol en su meta para que el Cádiz celebrase un tanto que no sirvió nada más que para el empate.

La afición empieza a mosquearse con razón. ¿Por qué el equipo no está a la altura? ¿Por qué no da un paso al frente? ¿Por qué no sale nada ni en lo colectivo ni en lo individual? ¿Por qué parece el Cádiz un equipo de la zona de descenso más que un presunto pujante por una de las plazas de privilegio? ¿Por qué un año más se viene abajo? ¿Volverá a suceder lo mismo en 2020? ¿Hay unión en el vestuario? Imposible dar una respuesta certera. El fútbol no es una ciencia exacta.

LIMITACIONES: A la hora de aspirar a algo más que a la permanencia hace falta algo más que correr. El esfuerzo es intrínseco a la profesión. El equipo no demuestra un mínimo de calidad. No sabe qué hacer con el balón, no llega a circularlo con la rapidez necesaria para desarbolar a la defensa de turno por muy blanda que sea como la del último oponente.

Hay poca generación de juego desde el centro del campo, la velocidad por las bandas no se traduce en desbordes ni en centros eficaces y en la delantera hay poco más que la pugna con los centrales. Poco remate y nula puntería. La paradoja es que el Cádiz se convierte en el segundo equipo de la Liga en alcanzar los 40 goles justo cuando más problemas sufre en ataque. La consecuencia del atasco es la sangría de puntos que se van por el desagüe.

Por mucho que el equipo no quiera el balón, si el contrario se encierra alrededor de su área y se lo entrega, debe buscar soluciones que no encuentra porque las ideas escasean. Llevar la iniciativa en el juego llega a ser un suplicio. Y para colmo, el otrora eficaz entramado defensivo salta por los aires con una facilidad pasmosa. Cuando el Córdoba salió de la cueva a por el empate tardó seis minutos en conseguirlo.

LA CABEZA NO FUNCIONA: El hundimiento anímico después del tanto del cuadro blanquiverde desveló la fragilidad mental de un Cádiz sin actitud ni aptitud para sobreponerse a la adversidad. No parece que esté en condiciones psicológicas para afrontar duras batallas en pos del play-off. Salvo un giro radical. Si no es capaz de superar a conjuntos de la parte baja de la tabla (Elche, Lugo, Córdoba) no es difícil imaginar qué puede suceder cuando tenga que medirse en la recta final a rivales del potencial del Osasuna, Granada, Málaga, Deportivo de La Coruña, metidos de lleno en la contienda por el ascenso.

La convivencia con la presión se convierte en una tortura. Quien no tenga cabeza para soportar la presión, no está capacitado para luchar al máximo por el ascenso. Nadie en su sano juicio exige la ascensión a los altares cuando aún está caliente el recuerdo de seis años seguidos en el infierno de la Segunda B.

La exigencia no es subir, sino intentarlo al cien por cien. Esa es la cuestión. ¿Está preparado psicológimante en el Cádiz para encarar el mayor desafío? El recorrido después de los 50 puntos refleja que no. Es lo que hay a día de hoy. No entrar en el play-off no supondría un fracaso. Sí puede considerarse como tal no dar la cara, carecer de valentía cuando en teoría no hay nada que perder y caer en los mismos errores de la pasada temporada.

JUGADORES EN LA GRADA: El entrenador sabe mejor que nadie cómo trabajan sus jugadores. Las claves internar se quedan en el vestuario pero las dudas en el exterior se multiplican. ¿Qué ha hecho mal Brian para que pasar de la titularidad a la grada? No será porque Espino haya demostrado que puede hacerlo mejor.

El pinchazo del Cádiz no fue esta vez por culpa de Aketxe. El vasco no está haciendo una buena temporada, pero de ahí a no entrar en una convocatoria de 20 jugadores en la que hay dos jóvenes del B hay un paso.

Las reiteradas suplencias de Álex Fernández son un expediente X digno del programa de Iker Jiménez. Es como tener un diamante siempre guardado en la caja fuerte.

AUSENCIAS DE PESO:  Se notaron las bajas de Machís y Manu Vallejo. Por algo están con sus selecciones. No es que el Cádiz sea infalible con ellos, pero sin ellos pierde capacidad de sorpresa arriba. Con su presencia aumentan las opciones de victoria. A ellos debe agarrarse el equipo si de verdad quiere intentar sacar el billete para el play-off. Encomendado queda a la velocidad y los regates del venezolano y a clarividencia del chiclanero dentro del área.

LOS NUEVOS: De los seis jugadores que aterrizaron en el mercado de invierno, el único que de momento ha aumentado el nivel del equipo es Darwin Machís. Por algo cuesta lo que cuesta. Un poco más de garra David Querol y los demás, nada. Pantic no se ha estrenado. Cervera advirtió en su día que no era necesario un cuarto central, que se trataba de una apuesta del club. Espino aún no está a la altura y Rennella y Jovanovic han estado poco tiempo sobre el césped.

LO QUE QUEDA: El Cádiz corre el peligro de descolgarse de la batalla por la fase de ascenso si persiste en su estado depresivo y convertir la recta final de curso en los minutos de la basura sin nada que jugarse. Está a tiempo de reaccionar pero el peso de las dudas es cada vez mayor.

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