Cádiz CF Inquietante tranquilidad

  • El equipo amarillo recupera la senda victoriosa pero no despeja las dudas sobre su verdadera capacidad en la batalla por el ascenso

Los jugadores felicitan a Cala tras el gol que marcó en el minuto 92 en la victoria contra el Racing. Los jugadores felicitan a Cala tras el gol que marcó en el minuto 92 en la victoria contra el Racing.

Los jugadores felicitan a Cala tras el gol que marcó en el minuto 92 en la victoria contra el Racing. / Fito Carreto

La milagrosa victoria del Cádiz CF contra el Racing de Santander resultó balsámica porque puso fin a una mala racha que quedó frenada tras cuatro partidos de Liga consecutivos sin ganar en los que había sumado sólo dos puntos de los últimos 12. Se acabó la sequía. Al menos por un día. Hasta ahí todo bien. La reacción era urgente, y más aún en el duelo frente al peor clasificado en el estadio Carranza.

Pero una cosa es vencer y otra convencer. El Cádiz CF hizo lo primero de manera agónica aunque en ningún momento desarrolló la segunda tarea. No causó buena impresión más allá de alguna acción aislada. Sufrió lo indecible e hizo sufrir a su parroquia, que a punto estuvo de marcharse con otro disgusto más. Su equipo llevaba tres encuentros seguidos sin ganar en casa (empate a cero con el Elche, derrota 2-4 ante el Numancia y la traumática equis frente al Mirandés).

Los jugadores entrenados por Álvaro Cervera llegaron al vestuario con un subidón tras el gol en el minuto 92 pero con el susto en el cuerpo. Estuvieron a un escaso minuto de dejar escapar vivo al colista, que no pudo hacer nada más que defender desde que se quedó con un hombre menos un cuarto de hora después del pitido inicial. Para colmo, su mejor futbolista, Lombardo, se tuvo que ir lesionado en la primera mitad.

El triunfo angustioso detiene la sangría de puntos pero no es suficiente para ocultar un presente que camina de la mano de la preocupación. El Cádiz CF no está para tirar cohetes en este tramo concreto de la temporada. Vive de las rentas adquiridas en la primera vuelta mientras se resetea en busca de la versión extraviada con la entrada del nuevo año. ¿Recuperará el pulso para pelear en condiciones por el reto más ambicioso? Lo más inquietante es que la fiabilidad que caracterizaba a este equipo empieza a difuminarse.

El entrenador es el primero en reconocer la etapa de dificultad y el deficiente papel de los suyos en el envite ante el conjunto cántabro. Lo hizo nada nada más pisar la sala de prensa poco después del final del partido. Se podía haber atrincherado en los tres puntos conquistados, que son importantes, pero optó por la vía de la realidad.

Recalcó Cervera que su equipo apenas robó balones al contrario. Y el Cádiz CF, sin birlar el cuero al otro, pierde su capacidad de golpear la línea de flotación del oponente. Todo queda pendiente entonces del juego posicional, faceta en la que los amarillos se sienten incómodos, transformados en una escuadra previsible. Nada peor que un rival encerrado en su terreno. Si no es con espacios, la situación se encona.

A los problemas futbolísticos, que son evidentes, se une el estado de ansiedad en el que caen los jugadores una y otra vez. Los nervios afloraron en la segunda parte, se desataron las protestas al árbitro, la toma de decisiones con el balón se convirtió en un cúmulo de errores, jugadores estáticos, acciones a balón parado sin aparente estrategia, precipitación…

En este punto del campeonato, cuando cada jornada es una final de tres puntos, la preparación mental es tan importante como la relacionada puramente con el juego. Si la cabeza no funciona como es debido, aumenta el peligro de que todo se vaya al traste.

No viene nada mal la dosis de tranquilidad que inyecta el primer triunfo de 2020, pero la sensación que da el Cádiz CF a día de hoy es la de un equipo que va a menos y transmite dudas sobre su disposición en la gran batalla de cada fin de semana y en la contienda general por el premio gordo.

¿Hay mimbres a la hora de la verdad para pujar por el salto a la élite? Una cosa es la posición que ocupa en la 25ª jornada, en plaza de ascenso directo, y otra es la aptitud cuando hay que estar a la altura de la exigencia que requiere la competición.

La victorias suelen curar males. En este caso actúa de analgésico que calma el dolor de cabeza pero no lo elimina del todo. Cuerpo técnico y jugadores exploran día tras días las vías de solución y el primer domingo de febrero aparece en el horizonte como una oportunidad de oro para demostrar las posibilidades de hacer algo grande. La prueba del algodón.

En el estadio Carranza comparecerá el Real Zaragoza (próximo domingo a las cuatro de la tarde), uno de los equipos más en forma y claro aspirante el ascenso directo. Un rival directísimo que medirá la temperatura real de los gaditanos.

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