Encefalograma plano (0-0)
Cádiz-la roda
El equipo de Monteagudo se estrella contra su falta de ideas y no pasa de un mísero empate que sabe a derrota. Los amarillos sólo generan una ocasión clara en todo el partido
Puesto esto lo que hay. No hay más. El Cádiz no da síntomas de recuperación, no se encuentra a sí mismo y las jornadas empiezan a correr mientras el centenario club se enreda en las tópicas preguntas existenciales de ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? ¿adónde vamos?
Mientras los demás equipos del grupo van haciendo los deberes, aunque sea poco a poco, el conjunto amarillo permanece enrocado en su falta de juego y resultados. Ni una cosa ni la otra y los dirigentes tampoco dan señales de vida, con una ficha libre que está en el limbo. No extraña que la afición, hasta el gorro de tantos engaños, pierda la paciencia y comience a recelar de los rectores de una entidad sin un rumbo claro y con el técnico en la picota.
Llega un momento en que da casi igual la alineación que el entrenador disponga sobre el tapete. Alberto Monteagudo hizo cinco cambios respecto al once que alineó en Albacete. Volvieron Albentosa, Fall, Viyuela, Dieguito y Tomás, este último la principal novedad una vez recuperado el ritmo de trabajo tras superar un proceso vírico. Pero ni por esas. El Cádiz se estrelló contra un ordenado La Roda y contra sí mismo. Los nervios pudieron más que la voluntad y las ocasiones brillaron por su ausencia. Las acciones a balón parado fracasaron una tras otra y los amarillos sólo dispusieron de una oportunidad de una clara por dos de los manchegos, que hasta pudieron salir triunfadores en su primera visita al estadio Carranza.
El técnico dejó en el banquillo a Juan Villar y apostó por Viyuela en la derecha y Dieguito en la izquierda. Fueron ellos dos los que más movilidad dieron al ataque en los compases iniciales, aunque las ocasiones no estaban en el guión. Mucho centro y nulo remate, entre otras cuestiones porque la mayoría de los servicios al área fueron defectuosos.
El acercamiento más peligroso de los futbolistas locales en los primeros arreones de la tarde se produjo a los seis minutos, cuando Pelegrina abortó un centro de Dieguito que Pablo Sánchez esperaba en boca de gol para cabecear el balón. Viyuela, en el 23, obligó a Bocanegra a estirarse para atrapar un inocente envío desde la derecha.
Los amarillos fueron perdiendo gas con el paso de los minutos y al filo de la media hora brotaron los primeros silbidos procedentes de la grada, que fueron en aumento en consonancia con la imprecisión de los jugadores. Y es que el partido se tornaba ideal para los amantes de la siesta. El aburrimiento se apoderó de un choque soso, a la deriva, con un equipo local falto de ideas, sin saber qué hacer con una pelota que quemaba en las botas.
Un par de combinaciones de mérito, tres o cuatro balones colgados al área y poco más. La primera parte voló en un abrir y cerrar de ojos sin que el Cádiz hiciera un solo disparo entre los tres palos. El único balón que tomó la dirección hacia la portería provino de un centro chut de Dieguito detenido por el meta visitante al filo del intermedio. Poco antes, Pablo Sánchez cabeceaba un centro pasado de Tomás que no encontró cómplice.
Pero fueron los rodenses los que tuvieron la última palabra antes del kit kat. El excadista Góngora alcanzó la línea de fondo, metió el pase la muerte y se encontró con la zaga amarilla, que alejó el peligro justo antes de que el colegiado ordenara el camino a los vestuarios entre los pitos de una hinchada indignada con los suyos.
Aunque el Cádiz estaba obligado a ganar, fue La Roda el que salió más espabilado en el segundo acto. Berni estuvo a punto de adelantar a su equipo con un disparo lejano que rozó el palo derecho de la portería defendida por Bernabé. Los manchegos, pertrechados en su campo, se defendían como gato panza arriba sin renunciar a la contra.
El cuadro de Monteagudo trataba de agarrarse al clavo ardiendo de una acción aislada, como la de Dieguito en el minuto 49, cuando penetró en el área y se dejó caer en busca de una pena máxima que no existió. Los amarillos, carentes de ideas, lo siguieron intentando y se apoyaron en Viyuela para intentar crear peligro. Un centro medido suyo para Pablo Sánchez lo sacó Castellanos in extremis (minuto 53) poco antes de que La Roda desperdiciara la mejor ocasión del partido hasta el momento. Pablo García, solo ante Bernabé, no controló el balón cuando lo tenía todo a su favor y desaprovechó la bala que hubiera quizás hubiera certificado la defunción del Cádiz.
Paradojas de la vida, de ver cercana la muerte los locales empezaron a acorralar a su rival en un largo sprint hasta el final del duelo. Viyuela, poco antes de ser sustituido, sirvió mal el pase de la muerte cuando nadie le molestaba (minuto 60). Sin solución de continuidad, una triangulación de Indiano, Pablo Sánchez y Juan Villar culminó con un disparo de este último que se estrelló contra el muro defensivo de La Roda.
Con el onubense y Adrián Gallardo sobre el césped, los gaditanos vivieron sus momentos de mayor iluminación -no era difícil mejorar- y vieron el gol más cerca que nunca. Lo tuvo Adrián Gallardo en sus botas (minuto 73) tras un preciso taconazo de Belencoso, pero el remate a bocajarro del isleño, solo en el interior del área, lo repelió un acertado Bocanegra.
De nuevo pudo marcar el cuadro albaceteño en un despiste defensivo, pero la suerte se vistió esta vez de amarillo porque Mejías, solo y con el balón a media altura, lanzó alto cuando era más fácil meterla entre los palos (minuto 75).
Los locales respondieron unos segundos más tarde con un disparo lejano de un activo Adrián Gallardo que casi se come el portero rodense. El partido murió con un tiro de Jordi Pablo, en el minuto 90, abortado por la zaga local.
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