El último encargo de Imprenta Repeto
La firma de artes gráficas cerrará sus puertas mañana por jubilación de su propietario Fue fundada en 1926 por Salvador Repeto Ramírez de Arellano
Huele a tinta y las máquinas no cesan en su ritmo constante. Hay operarios con batas azules entre paredes con mucha historia. No, no parece que mañana viernes vaya a cerrar la Imprenta Repeto. De hecho, los empleados trabajan en un pedido. El último en 87 años. Publicidad para una clínica dental de Reus (Tarragona), concretamente. Salvador Repeto, el último propietario en tres generaciones, rechaza por teléfono un encargo mientras conversa con el redactor. "Lo siento, me jubilo", explica a quien llama. 45 años de su vida quedarán mañana atrás. Cádiz, una vez más, va a perder una pequeña empresa de referencia y solera.
La imprenta fue fundada por Salvador Repeto Ramírez de Arellano, el abuelo del actual dueño, en 1926. "Él trabajaba en la calle Columela para Antigua Tipografía Rodríguez de Silva, que era tío suyo. Al jubilarse éste, mi abuelo se quedó con el negocio y se lo trajo aquí, a la calle Marqués de Cádiz", evoca. Hablamos de una empresa que llegó a tener 30 empleados. En una de las paredes de la oficina luce una lámina que los operarios dedicaron como felicitación al fundador el 6 de agosto de 1941 con motivo de su onomástica. Un buen número de firmas demuestra que fue un negocio próspero. Hasta que llegó la tecnología "para bien y para mal", apunta Repeto. El progreso abarató los costes pero hizo que se perdieran muchos puestos de trabajo en las imprentas. "Se perdieron los fotomecánicos y esa labor la hace ahora una máquina", añade. La imprenta se cierra con tres empleados en el tajo. "El personal que hemos tenido siempre ha sido maravilloso. Dispuesto a cualquier hora cuando había que terminar un encargo difícil o para el que había poco margen de tiempo", señala.
Un gran cambio en el mercado propició que las imprentas se centraran en trabajos de grandes tiradas, principalmente en publicidad y en libros. Tarjetas de visita, todo un clásico en este sector, se hacen ya en cualquier casa donde haya una impresora a color. La crisis contribuye al cierre. Y la cadena familiar se ha roto. La siguiente generación no ha podido hacerse cargo del negocio. "Mis hijos tienen buenos empleos, que es oro molido en estos tiempos, y como es lógico no han pensado en coger el testigo", argumenta Repeto. Muestra la foto de su único nieto, Alberto, que le mantendrá la cabeza ocupada en la difícil transición del trabajo al ocio. "Ahora toca disfrutar de la familia", indica.
Sobre las mesas hay pruebas de publicidad de Chocolates Pancracio, un referente mundial en su sector que ahora deberá buscar otra imprenta. "No nos podemos quejar, siempre hemos tenido muy buenos clientes. Cumplidores y amigos, sobre todo", expresa. Cita a la General Motors, que confió en Repeto cuando se instaló en Puerto Real, y al Cádiz C.F. como clientes con prestigio (hace años, claro), y lamenta haber extraviado en una limpieza los programas de las Fiestas Típicas Gaditanas que conservaba con mimo. ¡Cuántos libretos de Carnaval han salido de los talleres de Repeto!
Con la imprenta se marcha el penúltimo negocio de la familia Repeto, galardonada en mayo de 2004 con la Medalla del Trimilenario de la ciudad. Queda en la avenida una papelería gestionado por un primo de Salvador. En el imaginario colectivo están la perfumería de la plaza de San Francisco, la papelería en la calle del mismo nombre y la tienda de muebles metálicos para oficinas 'Roneo' en San José. Al menos, la imprenta dejará un legado tangible a la ciudad: una máquina tipográfica Minerva modelo Hispania con más de 50 años que Salvador Repeto ha donado al Museo Litográfico.
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