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La piscina de agua salada, evaporada

2007 ocio En la campaña para las municipales del año 2007 se anunció una pisicina de agua salada en una lámina que perteneció a Astilleros Españoles, junto al paseo marítimo

La piscina se iba a situar al final del paseo marítimo de Astilleros.
Melchor Mateo

20 de octubre 2013 - 01:00

EL paseo marítimo de astilleros s una de las debilidades del equipo de Gobierno municipal. Su conexión con el de La Paz y la prolongación por Puntales lo ha convertido en uno de los mejores de la ciudad. Sin embargo, este proyecto quedó incompleto.

En la campaña para las elecciones municipales de 2007, Teófila Martínez anunció la construcción de dos piscinas en el barrio de Astilleros. Una cubierta que ya está en funcionamiento después de muchos avatares y la que quedó aparcada y que hoy la convierte en protagonista de esta sección. Esa segunda piscina iba a ser de agua salada y se haría aprovechando la zona de uno de los antiguos diques de la factoría de Astilleros que linda con este paseo marítimo.

Desde el principio una de las principales interrogantes que ya ofrecía este proyecto era el de la calidad del agua, ya que la zona está muy cercana a los barcos que se reparan en Navantia y que, por tanto, sueltan algunos residuos. En mayo del año 2009 el equipo de Gobierno afirmó que la piscina de agua salada iba a tener una especie de dique que controlara la entrada del mar en el recinto cerrado. Además, también iba a tener una depuradora para conseguir limpiar el agua de una zona muy degradada.

Un año y medio antes se habían analizado las aguas y se había comprobado que no eran aptas para el baño, a la vez que se explicaba que había un problema con los lodos que había en el fondo de la lámina de agua que iba a ocupar la piscina salada.

A pesar de que se anunció que la piscina de agua salada iba a tener la citada depuradora, el equipo de Gobierno municipal desechó el proyecto porque el coste de un equipamiento que pretendía en un principio ser un aprovechamiento natural de una zona fue incrementando sus costes para poder mejorar la calidad del agua y también en términos de seguridad. La llegada de la tan cacareada crisis hizo todo lo demás. El proyecto quedó definitivamente aparcado en un cajón.

Sin embargo, a rey muerto, rey puesto. Con la piscina durmiendo en el cajón de los proyectos imposibles, ahora se baraja montar en la zona un museo marítimo al aire libre que utilizaría como zona de atraque para embarcaciones emblemáticas e históricas. Para ello era necesario una modificación sustancial de la concesión otorgada por la Autoridad Portuaria al Ayuntamiento de Cádiz, trámite que ya está en marcha.

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