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Carmen Portillo Izquierdo | Fundadora de la Escuela Infantil Pekes
Carmen Portillo Izquierdo comenzó en 1978 su andadura al frente de la escuela infantil Pekes. Cádiz perdió a una doctora, pues la sanitaria fue su vocación primera, pero ganó a una profesora bajo la que se han educado varias generaciones de gaditanos en su primera etapa escolar, en la siempre cambiante educación infantil. Cuarenta y cuatro años después de fundar la escuela, con solo dos alumnos, Carmen Portillo se jubila dejando un poso de profesionalidad y constancia.
–¿Qué destaca de aquel 1978 cuando comenzó con Pekes?
–Por entonces yo, que quería hacer Medicina, me quedé con una asignatura de COU. Y como he sido una persona inquieta a la que siempre le han gustado los niños, se me vino a la cabeza montar una escuela infantil. Encontré esta casa que era de los Portillo, aunque no tienen nada que ver conmigo, y Fernández Portillo que me daba a mí religión en las Salesianas fue quien me dijo que era de sus tías. El contrato lo tuvo que hacer mi madre, que quería que siguiera estudiando. Pero el proyecto salió adelante.
–¿Estaban de moda las guarderías entonces?
–Bueno, estaban de moda las guarderías, pero yo en ningún momento quería montar una guardería, sino una escuela infantil, no quería tener un ‘guardaniños’. Y nosotros hemos sido la primera escuela infantil con autorización de Educación. Hemos intentado ir siempre por delante. Yo hice Magisterio, hice técnico, cursos de logopedia, pero yo soy maestra de infantil, igual que la mayoría de mis compañeras. Además, abríamos de nueve de la mañana a nueve de la noche, lo que era una novedad. Teníamos un ambiente muy familiar, un jardín de más de 400 metros con animales: conejitos o patos que los niños cuidaban.
–Desde el principio escuela infantil, pero una curiosidad: ¿desde el principio surgió el nombre de Pekes, con la k?
–Desde el principio, sí. Pero no sé por qué. Quizás la época, la moda, la k de ingles... Salió así. Era lo moderno.
–¿Cuántos alumnos ha llegado a tener?
–Hemos llegado a tener autorización para 110.
–¿Tener bebés fue también desde el principio?
–No, nosotros admitíamos niños pequeñitos, cuando empezaban a andar y tal, pero tan pequeños no llegaban por aquella época.
–¿Cómo ha cambiado la educación infantil en este tiempo?
–Ha cambiado mucho la intervención de las familias en la organización de la escuela y demás; también la integración de los padres, hombres, que participan ahora casi al 50%, hay pocos padres que no se impliquen con la educación y eso ha sido importante. Y luego, de forma algo más negativa, por el papeleo que conlleva todo, una burocracia que ralentiza. Pero, en general, somos una escuela abierta, con escuela de familia, los padres y las madres participan en adornar la escuela en Navidad...
–¿Y pedagógicamente ha cambiado también la educación?
–Sí, yo llevaba los niños mayorcitos, los de cinco años, y he pasado por el Micho, por El País de las Letras. Nosotros bebemos de todas las fuentes. Conocemos mucho a Montessori, nos gusta la autonomía que presenta, pero también nos gustan otros pedagogos.
–¿Sois más eclécticos?
–De todo un poco. Creo que es necesario beber de todas las fuentes.
–¿Y los niños han cambiado?
–Han cambiado porque han cambiado las familias. En general, son sobreprotectoras y los niños a veces son más dependientes. Se pasa por fases de mucha protección, pero por otra parte están muy cercanos, están pendientes de todas las cosas que les pasan en todos los aspectos, y eso es interesante también.
–Porque los patrones de conducta de los niños seguirán siendo iguales.
–Similares, sí. Se nota mucho que ahora se está pendiente, tanto desde la escuela como desde la familia, de cualquier problema de desarrollo, de cualquier atraso madurativo; eso está ahora mucho más cuidado que antes y se consiguen muchos buenos resultados, aunque otras veces parece excesivo ese miedo por adelantado a que pueda tener algo.
–Parece que han cambiado más los padres que los niños.
–Por eso te digo que han cambiado, sobre todo, las familias porque los niños siguen siendo iguales, siguen requiriendo cuidado, cariño, entrega, ser positivos..., lo que quieren es amor. Y las familias están pendientes de todos los aspectos, y a veces no les gusta que le pongas una carita sonriente, otras veces que no se las pongas... Han cambiado las familias.
–Llama la atención esos niños pequeños en su silla de paseo que van viendo unos dibujitos en el móvil cuando van por la calle... ¿Eso tiene alguna traslación en el campo de la educación?
–Para que no molesten. Eso es totalmente negativo. Aquí, por ejemplo, a la hora de comer no se pone nada, por mucho que estén acostumbrados a hacerlo con una tablet delante. Nosotros tenemos una pantalla de luz, tecnología por supuesto, que además conocen perfectamente, pero no la usamos como medio para que estén quietos. Es que así no aprenden a esperar, no se concentran. Recuerdo que en la guardería vieja teníamos un Cinexin y era una maravilla para ver las películas...
–A ver si va a haber que educar más a los padres que a los niños.
–Hay que tranquilizarlos, porque no tienen que ser padres perfectos desde el primer día, ni los niños. Tenemos que aprender día a día, te tienes que equivocar.
–Los niños se tienen que aburrir.
–Exactamente.
–Imagino que después de 44 años como directora, la pararán por la calle muchísimo, tanto niños como padres.
–Sí, yo tengo relación con el primer niño que vino a la escuela; la primera niña, no, porque vive en Sevilla. Tengo relación, pero no la veo. Hace dos semanas he visto a Rafa, que así se llama el primer alumno, y se ha dejado el pelo largo... Tenemos incluso reuniones de madres antiguas, que no viejas, que nos vemos, que siguen viniendo y hacemos reuniones en el patio.
–Todo eso es una satisfacción.
–Totalmente.
–Echando la vista atrás, al final habrá más satisfacciones que otras cosas.
–Muchas más. Yo temo perder el contacto, ahora jubilada, porque a mí me gusta el contacto con los niños. Ha sido una etapa muy positiva porque es un trabajo que me gusta, muy gratificante; muy cansado, porque se ha luchado mucho y han habido muchos problemas como autónoma, como empresa, con la pandemia, para construir este edificio..., muchos problemas, pero muchas satisfacciones. A mí me ha compensado. Ha sido un proyecto de vida, más que un trabajo.
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