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La despedida de Cádiz al 'Elcano'. Casi 100 años como el primer día

Emoción, llantos, besos y abrazos despiden a la dotación del Juan Sebastián de Elcano, que inicia el crucero de instrucción número 98 rumbo al Caribe y Estados Unidos

Así ha sido la salida del Juan Sebastián de Elcano desde Cádiz este sábado 10 de enero

Un familiar abraza a una de las tripulantes del Juan Sebastián de Elcano antes de iniciar este sábado en Cádiz el 98 crucero de instrucción. / Lourdes de Vicente

Está a tan solo unos meses de cumplir sus primeros cien años de vida, y prácticamente desde el primer día besa cada año el cantil del muelle de Cádiz a la hora de iniciar un nuevo viaje y a su regreso. Pero siempre es como la primera vez, porque siempre hay una nueva tripulación a bordo que sueña con lo que está por llegar en esos meses de crucero y en el resto de la vida que han elegido a bordo de la Armada Española, como también florecen siempre en tierra los mismos sentimientos y emociones a la hora de la despedida.

La salida del Juan Sebastián de Elcano es una de las tradiciones del mes de enero de Cádiz. Como la cabalgata de Reyes, como la Pestiñada y el inicio del concurso del Falla, o como el triduo de Ecce-Homo. Son de esas cosas que están ahí, que se han implantado en el primero de los meses y que mantiene año a año el mismo rito. Todos los años lo mismo, aunque siempre diferente.

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Cádiz despide al 'Elcano' en el inicio de su 98 crucero de instrucción / Lourdes de Vicente

Desde dos horas antes de partir Elcano, el muelle está lleno de gente, en su mayoría familiares de los marineros, guardiamarinas y oficiales que van a embarcar. “Que la Virgen del Carmen os guarde bajo Su manto”, se lee en una bandera de España que una familia ha colocado sobre las vallas que acotan el espacio público para trasladar a la promoción 428 del Cuerpo General y la 158 de Infantería de Marina. Uno de los miembros de esa familia es la abuela de uno de los guardiamarinas, que apenas tiene voz por una afonía pero que confiesa a la mujer que tiene al lado que si ella pudiera “me iba con ellos y les preparaba comida, les hacía papas con chocos y esas cosas”.

“Es una emoción muy grande”, dice otra mujer del público, que acude cada año a despedir Elcano con orgullo de gaditana.

El ritual a bordo del barco se sucede con pulcritud horaria. A la orden del silbato, los marineros empiezan a trepar por los mástiles para tomar posiciones a lo largo y ancho de las velas. Y cuando están todos dispuestos, se lanzan vivas y salvas para recibir a la máxima autoridad en el Muelle, el Almirante Jefe de Estado Mayor de la Armada (Ajema). También acudirían a la despedida del Juan Sebatián de Elcano el alcalde de la ciudad, Bruno García; la subdelegada del Gobierno, Blanca Flores; la delegada del gobierno andaluz, Mercedes Colombo; el vicepresidente de la Diputación, Juancho Ortiz; o la concejala Maite González; así como numerosas autoridades militares y representaciones de la Armada y de otros cuerpos y fuerzas de seguridad que rinden así tributo al casi centenario barco.

Cuando todo está dispuesto a bordo, llega el momento posiblemente más especial de la mañana: el último adiós de cada tripulante a sus familiares y amigos. El orden hasta ese momento imperante se rompe por completo cuando los marineros van bajando del barco y buscan, algunos con desesperación, un rostro conocido en tierra al que dar el último beso y abrazo; y se suceden las lágrimas por una despedida que saben será larga y por el orgullo de ver a su familiar embarcar en Elcano. “Yo voy a estar ahí, a esa altura”, dice un guardiamarina a su gente para que lo ubiquen cuando suba a bordo y empiece a salir el barco. “Ya os lo dije, esto es muy bonito pero muy triste”, le cuenta un padre que debe tener cierta experiencia en esas despedidas a otra familia novel.

Muchos optan también por hacerse una última foto con el barco de fondo, para el recuerdo de una experiencia única.

Varios guardiamarinas del Juan Sebastián de Elcano se despiden a bordo agitando sus lepantos. / Lourdes de Vicente

Las familias se despiden así de sus hijos, nietos, sobrinos, padres, novios… por un período de algo más de siete meses, los que tardará en regresar el buque escuela de la Armada Española. Pero las últimas conversaciones siempre son para cosas mundanas. “¿Te has abrigado bien?”, le dice una madre a su hijo palpando su brazo para adivinar qué ropa lleva debajo de la chaqueta. “Cuídate”, le dice por último un padre en ese momento. O peor aún, para lanzarle desde el barco a tierra, ya con el puente retirado, las llaves del coche, como hizo un tripulante a su pareja casi a lo justo. “Si no, no se puede ir”, dice ya con las llaves en tierra.

A todas estas escenas ponen música dos unidades distintas. En tierra, la banda del Tercio Sur de la Armada de San Fernando; y a bordo, una pequeña unidad de músicos que forma parte de la tripulación. Y la coral de la Universidad, que en el momento en que el barco empieza a separarse del cantil, a las doce en punto del mediodía, interpreta la Salve Marinera.

Y al otro lado del buque escuela, en el mar, pequeñas embarcaciones particulares empiezan a tomar posiciones para acompañar al Elcano en esas primeras millas de viaje, en una escena cada vez más colorida y participada gracias en gran medida a la labor que viene realizando la asociación Cádiz con Elcano, que busca implicar más a la ciudad en esta tradición de enero que está a punto de cumplir un siglo.

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La impresionante despedida al 'Elcano' en Cádiz vista desde el aire y alta mar

El Juan Sebastián de Elcano empieza a marcharse, ayudado por dos remolcadores, y las lágrimas en tierra vuelven a florecer mientras a bordo se agitan los lepantos blancos para saludar ya desde la distancia. Ya no se verán más hasta julio, aunque sí tendrán móviles y ordenadores y otras formas de comunicación durante este crucero de instrucción. En esto sí que ha cambiado mucho el escenario en comparación al primer crucero de instrucción hace 98. Aunque el beso y el abrazo de la despedida se sienta igual que ese primer día en que Elcano se despidió del Muelle de Cádiz.

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