Casos clínicos para el aprendizaje en la Sociedad Médica-Quirúrgica: Un nacimiento inquietante en el Cádiz de 1818
Una imagen y mil palabras
La imagen puede ser más poderosa que cualquier texto. Fomenta nuestro deseo de explorar y de saber. Despierta nuestros sentidos y nos dirige a las palabras que se harán más fáciles y entendibles. Imágenes que son la huella de nuestra historia y que deberíamos conocer
A las cuatro de la mañana del día 30 de mayo de 1818 empezaron los dolores de parto de la gaditana Antonia Fernández, de treinta años. Estaba casada con el pescador genovés Domingo Dodero y vivían junto a sus cuatro hijos en la calle Sopranis.
De sus anteriores embarazos, se sabe que no hubo ningún tipo de problemas y tampoco de este hasta el final de su gestación.
Asistida por la matrona Doña Antonia Chavo y ayudada esta por Don José Ramiro, estuvo en dolores de parto hasta las diez de la mañana cuando ya había dilatado completamente y se produjo el parto.
Según la descripción que de este hecho hace la comisión de la Sociedad Médico-Quirúrgica de Cádiz, y que fue leída el 8 de junio de ese mismo año, el parto comenzó con total normalidad. Salió la cabeza y cuerpo primero con total facilidad. Al salir la pelvis y vientre bajo, se detuvo el parto y se doblaron las extremidades en dirección a la cabeza pasando por delante del ombligo. Se expulsó la parte restante del cuerpo y la otra cabeza. A continuación, se produjo el alumbramiento de la placenta que era muy voluminosa y que presentaba solo un cordón umbilical en el centro.
Vivieron hasta las cuatro y cuarto de la tarde el primero y a los tres minutos de morir el primero falleció el segundo. El tiempo que permanecen vivos es una de las cuestiones que más llama la atención a los doctores que forman la comisión, por qué pudieron aguantar tanto tiempo cuando estaban carentes de órganos vitales.
Continuando con la descripción, parece que uno de los niños pudo romper el llanto, mientras que el otro solo daba quejidos que se suponían provocados por el dolor. Hasta tal extremo que consideraron, y así lo hicieron, administrar jarabe de chicoria con ruibarbo para intentar parar las convulsiones. Una vez fallecidos, otorgan el permiso necesario para realizar la autopsia y completar la investigación.
Estaban unidos por la parte inferior del vientre por un solo ombligo en el centro del mismo. El cordón umbilical que salía del ombligo tenía un aspecto gangrenoso. Las caderas aparecían a un lado del vientre y en ellas se encontraban los órganos sexuales femeninos casi en su totalidad. Las extremidades que seguían a estas caderas estaban bien configuradas, incluso las nalgas y el ano. El otro parecía niño, no presentaba órganos sexuales, solo una zona verrugosa; las extremidades unidas en una sola, aunque los huesos de los muslos estaban bien diferenciados, no los del resto de las piernas ni el pie. No había nalgas ni orificio del ano. Los dedos estaban unidos por una membrana. La cabeza de ambos presentaba hidrocefalia.
En cuanto al interior de los cadáveres, aparece un tumor lleno de líquido cerca del estómago. Uno de los niños presentaba los órganos tanto de la cabeza, cerebro, cerebelo y médula en su estado natural, así como los pulmones, corazón e hígado. El estómago más pequeño de lo normal, careciendo de uno de los riñones y un uréter
La otra tenia sangre acumulada en el cerebro y carecía de pulmones y su pecho estaba lleno de líquido y tumores. El corazón de mayor tamaño de lo normal estaba al lado derecho y lleno de tumores y líquido. Y así continua la descripción que encontramos, hasta que el padre de los niños decide que no se siga investigando, seguramente para el entierro de los fallecidos.
Hay un pensamiento claro, un objetivo concreto en los médicos que componen estas Sociedades Médicas. Ningún hombre podrá sobresalir en la medicina por sí solo. Si quiere lograrlo, tendría que ser en el seno de una de estas Sociedades Médicas. La unión de los desvelos: unir los desvelos propios y particulares con los de los otros enriquece la investigación. La investigación de la que hacen gala en su reglamento: la discusión, la observación del trabajo de otros especialistas, la unión al grupo médico de otros científicos, físicos fisiólogos, químicos, naturalistas, etc.; único modo para estos hombres de acabar con la superstición y establecer un método.
Con este espíritu, nace la Sociedad Médico Quirúrgica de Cádiz, en diciembre de 1817, fruto del deseo de los profesores del Colegio y miembros de la Armada. Los antecedentes de esta se encuentran en la Sociedad Médica Gaditana de San Rafael, fundada el 23 de abril de 1785 y que perduraría hasta 1814. Esta primera dejó una gran riqueza en contenidos, fruto de sus contactos con las escuelas de medicina europeas.
Dos hombres destacan en esta Sociedad Médico-Quirúrgica fundada en 1818: Carlos Francisco Amellier, que luego sería Director del Real Colegio de Cirugía, y Francisco Javier Laso de la Vega, que fue designado secretario, y que firma el documento sobre el “Monstruo” nacido en Cádiz el 30 de mayo de 1818, apenas un mes después de crearse la comisión sobre este caso que nos ocupa. En abril se aprueban los estatutos de la sociedad por el Consejo de Castilla. La medicina, la higiene, la cirugía práctica, la anatomía, la medicina forense, la física y la química serán parte de su trabajo y de sus estudios, siempre muy relacionados con el Colegio de Cirugía de la ciudad gaditana.
Gracias a este espíritu de investigación científica surge la publicación de la Revista de la Sociedad Médico-Quirúrgica, que tendrá una clara tendencia liberal y apoyará el intercambio de ideas científicas que el Trienio Liberal fomentaba.
A través de las publicaciones como esta, y de otras observaciones, aquel concepto del ser monstruoso y aberrante que provoca horror, placer o repugnancia, podía ser entendido como un caso clínico. Recogemos también la copia del dibujo del monstruo niño nacido en Cádiz en noviembre de 1767, cuya descripción resumo a continuación:
El día 25 de noviembre de 1767, nace en la ciudad de Cádiz un monstruoso niño. Su cabeza era monstruosa con una tumoración en la mollera. En el ojo derecho, se percibe una eminencia de la que sale una cuerda a modo de látigo. El ojo izquierdo es un agujero. La oreja derecha como la de un cerdo y la izquierda regular con tres grandes verrugas. En las narices dos agujeros sin hueso, la boca imperfecta. Los carrillos llenos de pelo, aparecen cuatro agujeros a modo de otras bocas. La cabeza cubierta de pelo áspero como un cerdo. El brazo derecho más largo de lo normal y el izquierdo unido al ojo, En la parte inferior de los lomos, tiene como cuatro dedos sin hueso que parece un rabo. La pierna derecha parece tener hecha una amputación….
Vivió siete horas, recibió el agua del bautismo y se conserva su cadáver en el Colegio del Real Hospital de esta ciudad.
Durante siglos, estos seres, nacidos con malformaciones estuvieron condenados a ser objeto de exhibición, ser mendigos de por vida, o en la mejor de la suerte a la muerte.
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