Enfoque del domingo

El casco antiguo de Cádiz se agota

  • Densamente poblado, está inmerso en una transformación para mejorar su accesibilidad, mientras que se lucha para evitar la turistificación

Un grupo de turistas en el acceso a la Catedral, antes de la pandemia. Un grupo de turistas en el acceso a la Catedral, antes de la pandemia.

Un grupo de turistas en el acceso a la Catedral, antes de la pandemia. / Julio González

Hace apenas unos años, durante una visita a Cádiz, al concejal de Movilidad Urbana de Pontevedra le llamó la atención cuando iba por las calles del centro histórico de la capital la ausencia de niños paseando o jugando por la vía pública. Más allá del habitual dinamismo de la zona comercial de Cádiz, lo cierto es que en la fotografía de ese momento en la ciudad faltaba el elemento más familiar que marca la vitalidad de una sociedad.

La zona residencial del casco antiguo de Cádiz cuenta con una superficie de 1,2 millones de metros cuadrados, de los que una cuarta parte conforman su viario. De aquí a unos años este espacio se aumentará con los 300.000 metros cuadrados que ocupan el espacio portuario que se integrará en la vida diaria de la ciudad, pero para eso habrá que esperar.

Con lo que hoy tenemos, la superficie del casco histórico de la capital de la provincia es similar a la superficie del parque del Retiro de Madrid. Una cifra más que aceptable para una zona verde pero minúscula para una trama urbana. Y más si tenemos en cuenta que en la misma viven 35.000 personas de forma permanente y la pisan, por lo menos antes de la pandemia, al menos otras 50.000 que vienen a Cádiz a realizar trámites administrativos, a pasar un día de descanso, de compras o por turismo, más que los que residen en el distrito centro de Jerez, que triplica en espacio al de la capital.

Con este dato es evidente que el casco histórico de Cádiz no sufre síntomas de despoblamiento alarmante, aunque es cierto que pierde habitantes de forma constante cada año, como el conjunto de la ciudad. Más aún, soporta una densidad de población por kilómetro cuadrado que se puede comparar con las ciudades costeras asiáticas.

Si este es un síntoma de vitalidad que nos diferencia con otros cascos antiguos del resto de la provincia, el problema es el envejecimiento que se está produciendo a un ritmo acelerado. Sólo en el barrio de La Viña el 26% de la población tiene ya más de 65 años de edad mientras que en El Balón apenas el 9% de los vecinos tiene menos de 18 años. Operaciones como el Plan Urban hace dos décadas en Santa María y el Pópulo, además de mejorar las condiciones de habitabilidad también renovó algo la población, pero de forma muy matizada.

Este envejecimiento del vecindario dificulta la calidad de vida por cuanto el parque de viviendas, aunque ostensiblemente renovado desde el inicio del Plan de Rehabilitación en 1999, no ha servido en muchos casos para la instalación en edificios de altura y habitado por personas mayores. Las normas urbanísticas en este caso son muy estrictas en Cádiz.

La transformación del casco en materia de vivienda ha sido, ciertamente, espectacular en las últimas décadas. Se ha renovado buena parte del parque, se ha eliminado casi toda la infravivienda y, en los últimos años, se ha incrementado la reforma de viviendas por parte de la iniciativa privada. Cádiz era, antes de la pandemia, una de las ciudades que más atraía a inversores para hacerse aquí su segunda residencia.

Con todo, esta renovación, salvo casos muy puntuales y actuales, no ha ido unida a proyectos sostenibles, de ahorro de los consumos y de promoción de energías renovables. Ha sido, por eso, una renovación que se ha quedado corta. La masificación de este escaso millón de metros cuadrados de suelo dificulta, por no decir que impide, la apertura de nuevos espacios públicos. Salvo casos muy puntuales, las plazas y jardines que hoy existen ya lo eran hace un siglo. Por ello, a la hora de buscar espacio para los ciudadanos sólo queda fomentar la peatonalización... que va en detrimento lógicamente del uso de los vehículos en intramuros.

Esta operación se inició ya hace décadas, con el gobierno del PSOE, tuvo continuidad con el PP y ahora se refuerza con medidas más estrictas con la coalición Adelante Cádiz, que ahora se ponen en marcha apostando por un casco donde tenga prioridad el peatón y el aparcamiento en superficie prime a los residentes, unas medidas que se pondrán en marcha a finales de este mes.

La elevada densidad de habitantes, la concentración en este escaso espacio de la mayor parte de los centros administrativos, la existencia de varios centros médicos y la presencia de los principales equipamientos culturales y de ocio, han supuesto siempre una importante atracción del tráfico privado, lo que choca hoy con los nuevos conceptos de ciudad habitable y sostenible.

Las medidas que ahora se adoptan, que para algunos pueden considerarse como radical y perjudicial, son las que otras ciudades europeas, entre ellas algunas españolas, llevan ya años desarrollando, y en todo este tiempo han constatado una notable reducción de la contaminación atmosférica, una sustancial mejora de la convivencia al facilitarse la vida en la calle, y un notable incremento en las ventas del comercio tradicional tan necesarias en estos tiempos de dura crisis.

Otro aspecto polémico es la compatibilidad de la apuesta turística de la ciudad con el mantenimiento de un casco antiguo con vida propia más allá de la que marquen sus visitantes.

Los urbanistas alertan ante los cascos antiguos que acaban convirtiéndose en meros parques temáticos que se quedan vacíos cuando no hay turistas. O los propios comercios tradicionales que viven gracias a ellos ante la falta de población autóctona. Por ello se plantean desde diversos colectivos poner coto a la proliferación de las viviendas con fines turísticos, que superan el millar en intramuros, a fin de sacarlas al mercado residencial y, con ello, atraer nuevos pobladores al casco. El gobierno municipal ha planteado un plan en este sentido, limitando los hoteles a los espacios ya definidos para ello en el PGOU y los apartamentos turísticos a fincas que, por sus características, son complicadas de transformar en viviendas.

El plan, sin embargo, no ha podido salir adelante ante el voto contrario de la oposición.

Tras seis meses de pandemia, la vitalidad del casco antiguo de Cádiz ha decaído, a la par que el turismo se ha hundido y que el comercio tradicional ha visto reducir notablemente sus ventas junto al cierre de marcas de referencia. Hablan que una crisis es el camino perfecto para dar un nuevo impulso vital a la zona afectada. La relevancia que intramuros tiene en la capital en todos los sentidos obliga a ello, aunque a la vez lo hace más complicado de ejecutar, casi como si fuera una microcirugía de alto riesgo.

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