“Una justicia más buenista nos hace mejores como sociedad”

ANTONIO SANZ FUENTES | CRIMINÓLOGO

Antonio Sanz Fuentes, autor jiennense afincado en la capital gaditana, publica el ensayo ‘Diario de un criminólogo incomprendido. El mito de la dureza del castigo’ (Editorial Alrevés)

En la obra cuestiona el populismo punitivo imperante en el ecosistema social, político y mediático

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Antonio Sanz Fuentes, criminólogo de la Fundación Municipal de la Mujer de Cádiz, con un ejemplar del ensayo ‘Diario de un criminólogo incomprendido. El mito de la dureza del castigo’. / Jesús Marín

“Cádiz era el escenario perfecto para escribir Diario de un criminólogo incomprendido porque tiene una serie de particularidades que la hacen maravillosa para este ensayo. Es una ciudad muy moderna, más avanzada socialmente de lo que la gente piensa, pero a la vez profundamente tradicional. Ese puntito la hace muy segura porque sigue existiendo comunidad, convivencia, gente que la vive y habita. La provincia se presta a hablar también de jóvenes con inquietudes con la vivienda, que no saben salir adelante o se sienten perdidos. Son personas buenas que creen en una sociedad más avanzada, pero tienen sus verdades, sus mierdas. La idea del libro es escucharnos todos”, confiesa Antonio Sanz Fuentes, jiennense de Bailén y afincado en la capital gaditana. Ejerce actualmente de criminólogo en la Fundación Municipal de la Mujer del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz y es vicepresidente de la Asociación Profesional de Criminología en Andalucía (ANDACRIM).

Pregunta.En el libro Diario de un criminólogo incomprendido se define como “un punki” al cuestionar la eficacia del populismo punitivo.

Respuesta.Cualquiera que tenga cierto conocimiento de que los castigos no son fundamentales para prevenir el delito o no juegan un papel tan clave como pensamos es punki, un hereje. No quiere decir que un hecho punible no deba ser castigado. Lo que perturba o incomoda a la población es pensar que cuanto más dureza, mejor. El derecho penal tiene que ser mínimo, dejarse para lo excepcional, y hay que estudiar hasta qué punto la duración de una pena es adecuada para conseguir la reinserción y una prevención efectiva.

P.¿Qué elementos suelen ser los más espinosos?

R.Está arraigada la idea de venganza de la que no hemos sabido desprendernos como sociedad al cien por cien. Sí que la hemos superado para gestionar conflictos porque así nace el ordenamiento jurídico, la idea de que un tercero imparcial impone un castigo ante un delito. Si hoy somos una sociedad mucho más segura se debe, sobre todo, al abandono del ideal de la venganza como resolución de conflictos. Pero cuando nos enfrentamos a un hecho delictivo que genera una gran conmoción social, normalmente la sensación es de impunidad y queremos venganza. Cuando se habla de no castigar más, la sociedad lo interpreta como una especie de beneficio al delincuente y no es así. Desde la criminología se apunta a un modelo social de convivencia y gestión del delito más efectivo. Cuando hablamos de reinserción social, asumimos una parte de responsabilidad social e individual. Vengarnos y pensar que es algo aislado o un sujeto desviado que no se parece en nada a nosotros es una opción mucho más cómoda. La delincuencia, prácticamente en su totalidad, se debe a una mala gestión social: filtros que no han actuado de manera adecuada, perfiles más agresivos que no han sido atendidos correctamente, una mala gestión de la salud mental...

La delincuencia, prácticamente en su totalidad, se debe a una mala gestión social”

P.Entonces, ¿dónde hunde las raíces ese relato pesimista?

R.En el libro hablo de nuestros sesgos, dificultades psicológicas como especie en la toma de decisiones. Las causas priman sobre las estadísticas y cuando nos encontramos con una causa que despierta nuestra atención y nos genera alarma, esto suele predominar sobre cualquier dato. Se debe a nuestras emociones, forma de actuar, de relacionarnos, a lo que hay que sumar nuestro contexto, cada vez más frenético, neoliberal, en el que probablemente no estamos sabiendo gestionar nuestros problemas sociales, con crisis de legitimidad respecto a los poderes políticos, donde cada vez los peligros se perciben más mayores siendo realmente menos frecuentes, pero pueden tener efectos mucho más graves. Es fácil que nos dejemos llevar por el sentido común. Si vemos el caso de una violación impactante, pensaremos que las violaciones están desmedidas y esto es fácil de contrastar. Pero si apuntamos hacia la historia, vemos que las violaciones eran mucho más comunes antes porque no se perseguían. O podemos pensar que no existían medios de comunicación con tanta información o que en una dictadura, rara vez el dictador te va a decir que las cosas van mal. Hoy somos más transparentes y tenemos muchísima sobreinformación, pero no la digerimos bien.

P.¿Qué responsabilidad tienen los medios de comunicación?

R.Tendemos a culpabilizar de todo a los medios y los políticos, pero en mi libro también señalo a las personas que consumen esto. La información se ha convertido en un bien de mercado que quiere llegar a un mayor público posible. Se puede presentar la información de manera poco estudiada, trabajada, sin entrar en reflexionar sobre qué ha podido suceder, la dimensión del delincuente, de la víctima, intentar buscar posibles fallos más allá de hablar de derecho penal... Es difícil luchar contra ello, pero podemos empezar a consumir otros bienes de mercado, una información contrastada, veraz. El criminólogo Daniel Varona estudió cómo las personas que se exponían a una información meditada, con más datos sobre el delito, eran menos punitivas. Si lo comprendemos todo quizá seremos mucho más capaces de avanzar en la idea de que más castigo no es mejor y que la reinserción social es una forma de reparar un daño y asumir nuestra responsabilidad colectiva.

P.La propuesta del Gobierno de prohibir el acceso a plataformas digitales a menores de 16 años, ¿es un caso de populismo punitivo?

R.Estoy totalmente reticente a la prohibición porque hay que ver qué conlleva. Lo interesante sería educar a los jóvenes en la utilización de estas herramientas y que puedan desarrollar un pensamiento crítico. Viene a ser como la educación sexual; si se convierte en tabú, con la clandestinidad traerá problemas mayores. También la reciente ley de multirreincidencia apunta al populismo punitivo. Por un lado, no se señalan las causas que llevan a ciertas personas a delinquir, con problemas sociales que las atraviesan, que se identifican y se pueden solventar. Por otro, se puede producir el contagio criminal; si metes en la cárcel durante un año, la pena es tan corta que es imposible llevar a cabo un tratamiento para la reinserción y esa persona conocerá a más criminales, tendrá una mayor exclusión social cuando salga y será más probable que opte por modelos delictivos más peligrosos.

Antonio Sanz Fuentes / Jesús Marín

P.¿Quién sale beneficiado?

R.Los políticos, a corto plazo. Proponen medidas electoralistas y se aprovechan de esa creencia popular para imponer cambios insignificantes y hacernos creer que tienen la sartén por el mango. El catedrático de Derecho Penal José Luis Díez Ripollés dice que es un derecho penal simbólico, no se hace nada para prevenir ni actuar. Otra catedrática, la gaditana María Acale, habla de que el populismo punitivo crea una política criminal falseada, con un modelo de gestión de la criminalidad que no interviene sobre las causas y nos pone en un mayor riesgo. La población puede sentirse mucho más segura cuando realmente nada va a cambiar. Por ejemplo, hay un populismo punitivo muy arraigado sobre la corrupción, ya que se suelen pedir penas más duras contra los políticos corruptos, algo muy de izquierdas, pero sería interesante ver hasta qué punto se aplican. La impunidad es lo que favorece que se cometan estos hechos delictivos, no la falta de dureza de la condena. También sucede con los discursos de odio, se dicen barbaridades sobre colectivos oprimidos y no se condena. ¿De qué sirve tenerlo en el código penal?

P.¿Qué papel cumple el criminólogo en dicho contexto?

R.Está muy abandonado. El criminólogo está especializado en la criminalidad desde una perspectiva multidisciplinar y su objetivo es la prevención del crimen. Nos confunden habitualmente con los criminalistas, que investigan la escena del crimen. Esta confusión ya impide que podamos acceder a espacios para esa prevención del crimen. Una vez superado este gran escollo, lo más interesante sería crear un Centro de Investigaciones Criminológicas que nos permita estudiar los fenómenos delictivos desde lo público y hacer encuestas de victimización para conocer las cifras oscuras de criminalidad, los niveles reales. También acceder a los espacios educativos y administraciones locales, formar parte de los poderes públicos, ser consultados cuando se elabora una ley integral o un proyecto de intervención. Mientras no se haga, estamos desaprovechando recursos. A día de hoy, por ejemplo, en la policía no existe la figura del criminólogo.

La impunidad, no la falta de dureza penal, favorece que se cometan hechos delictivos”

P.Habla del malismo como un modelo al que se aspira en la actualidad frente a la bondad.

R.Este tipo de actitudes ya empezaron a gestionarse hace tiempo cuando se hablaba de lo políticamente correcto. Me impacta que lo contrario de ser buenista sea ser malista. Existe la posibilidad de avanzar hacia la idea de una sociedad buenista y es la mejor arma frente a esa ola reaccionaria de odio que vivimos. El odio como emoción nos hace profundamente vulnerables. Defiendo que apuntar a un modelo de justicia, de gestión del crimen más buenista nos hace mejores. Contar con la ciencia también, aunque nos diga algo que no queremos escuchar. El progreso no puede ser nunca malo porque nos permite avanzar y tiene que tener siempre un matiz humanístico.

P.“La civilización es el adoctrinamiento de los cuerpos y sus expresiones”, apunta en el libro. ¿En qué estadio estamos?

R.La civilización es una especie de segunda naturaleza adquirida. Esto se suma a la idea del panóptico de Foucault, una estructura carcelaria en la que siempre estás vigilado. Me resulta llamativo que tú tengas la posibilidad de robar algo sin que nadie se entere y, pese a ello, no lo hagas. Esa es la idea a la que debemos apuntar antes que al derecho penal y ver cómo la trabajamos en los perfiles más rebeldes que no se adaptan.

Los criminólogos deberíamos acceder a los espacios educativos y administraciones locales, formar parte de los poderes públicos, ser consultados cuando se elabora una ley integral o un proyecto de intervención"

P.¿Cómo empezar a crear lazos entre la sociedad, víctimas y victimario?

R.Entender que el trabajo sobre las personas que han cometido un hecho delictivo no es un juego suma cero con respecto al trabajo con las víctimas, son caminos paralelos. El populismo punitivo también es peligroso porque abandona a las víctimas, que lo que realmente necesitan son recursos psicológicos, sociales y económicos para su reparación y salir adelante. Si lo único que haces es atender a su demanda vindicativa, totalmente justificada porque han sufrido un hecho atroz, las estás abandonando y utilizando lo que te interesa para tu discurso porque resulta rentable electoralmente. Una vez que se produzca esa satisfacción, las víctimas seguirán teniendo dolor, daño.

P.En una futura obra, ¿seguirá por esta misma senda?

R.Me gustaría abordar la LGTBIfobia porque apunta mucho al populismo punitivo. Hay que actuar desde la raíz, el modelo heteronormativo existente. Ya se están persiguiendo y condenando conductas, pero cuando hay un caso de LGTBIfobia el debate no debe girar en torno a incrementar las penas del castigo, ya existe agravante, sino a trabajar hacia una sociedad que respete la diversidad. Me gustaría además hablar del escaso papel de la criminología en la prevención. También apuntar hacia las violencias que las personas LGTBI ejercen dentro de nuestro círculo y de cómo la clandestinidad sigue formando parte de nuestras vidas, lo que supone una asunción de riesgos, sobre todo para los menores que exploran su sexualidad por primera vez. No oigo a nadie hablar de eso. El próximo libro será el Diario de un criminólogo insatisfecho.

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