El desarrollo de la industria en Cádiz

El gafe de la Zona Franca de Cádiz con los terrenos de la antigua Altadis

  • Desde que el Consorcio compró este suelo, varios de los grandes proyectos anunciados para ocupar sus naves han acabado fracasando

El velocípedo que nunca salió de la antigua Altadis

El velocípedo que nunca salió de la antigua Altadis / D.C.

El cierre de la empresa logística LTK, que prestaba servicio a Alestis, se convierte en el enésimo capítulo del complicado proceso de integración de los antiguos terrenos de Altadis en la Zona Franca de Cádiz, desde que el Consorcio compró sus 140.000 metros cuadrados de suelo (naves y oficinas incluidas) en 2014.

Herencia de la histórica fábrica de Tabacalera, Altadis, ya en manos de la británica Imperial Tobbaco, vendió a la Zona Franca estos terrenos por 37,5 millones de euros. Un buen negocio, porque el suelo fue casi regalado por la ciudad a la antigua tabaquera pública cuando ésta dejó la vieja fábrica de la plaza de Sevilla.

La intención de la Zona Franca era crecer en su ciudad de nacimiento. La zona fiscal estaba ya casi totalmente ocupada, mientras que el polígono exterior languidecía ante el difícil proceso de reordenación en el que estaba metido desde hace años. Por eso necesita terreno que poder ofrecer, sin mayores problemas, a nuevas industrias para su ubicación en Cádiz.

La idea, evidentemente, era buena, especialmente en una ciudad que tras las crisis de los años 70 y 80 había perdido casi todo su músculo industrial. El coste, sin embargo, era elevado: a los 37,5 millones de la compra se le añadirían unos años más tarde una nueva inversión, aún en marcha, de más de 20 millones de euros más para poner en buen uso todo este espacio, modernizando naves, instalando nuevas redes de servicios, etcétera.

A pesar de ser tan elevada la inversión, especialmente para una institución tan agobiada por las deudas provocadas la mala gestión del Consorcio en épocas pasadas, la esperanza radicada en conseguir ofertas rápidas y jugosas para ocupar este suelo.

La primera no tardó en llegar. Genius Tobbaco Company era una compañía británica dedicada al comercio del tabaco. Planteó la compra de varias naves con un ambicioso plan de negocio. Se le impuso unos plazos para garantizar la inversión y no los cumplió. Se le dio la oportunidad de responder, y no respondía.

Fue el primer jarro de agua fría que sufrió la Zona Franca a cuenta del viejo Altadis.

El siguiente fue aún más duro, porque su anuncio estuvo acompañado de una foto con la promotores y los políticos de turno, y un gasto millonario para adecentar la nave elegida. El proyecto: la construcción de un velocípedo por parte de Torrot. Se anunciaban 12 millones de euros de inversión y la creación de 200 empleos entre directo e indirectos. 

La inestable situación de la empresa promotora, encima con raíces gaditanas, acabó con el final de esta historia tras tres años de idas y venidas finalmente fallidas.

Una clínica médica

Entre tanto, el grupo médico López Cano lanzó la oferta de convertir el antiguo edificio de las oficinas de Altadis en una nueva clínica privada, con 25 habitaciones y 3 millones de inversión. En este caso los problemas surgieron del Ayuntamiento de Cádiz, que defendió el suelo de Altadis como suelo dedicado expresamente para industria.

Sí abrió la marca Friking, también gaditana, dedicada a franquicias de camisetas. Ocupó una nave de cerca de 4.000 metros cuadrados que, sin embargo, abandonó pronto.

El último caso ha sido la llegada frustrada, por el momento, de la también gaditana Bayport, una de las referentes del sector portuario y que planteaba trasladarse desde sus instalaciones en Tres Caminos. Sin embargo, diferentes con la anterior dirección del Consorcio paralizaron la mudanza.

El gafe es evidente. Ahora, el Consorcio de la Zona Franca está inmersa en una nueva etapa con la que pretende recuperar el pasado vigor industrial de este suelo. Por lo pronto acaba de firma un protocolo con el Ayuntamiento de Cádiz para liderar, esperemos que de una vez por toda, el desarrollo del polígono exterior, mientras anuncia un mejor control de los nuevos negocios que se puedan ir instalando en la vieja Altadis además de las obras necesarias para organizar bien este suelo. La potenciación del equipo e ventas del Consorcio debería de ayudar para, de una vez por todas, acabar con este gafe.

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