De la Rosario argentina a la gaditana
Tras casi dos meses abierto, el apartahotel y restaurante Rosario Uno confirma sus buenas previsiones
Ricardo Delgado, su propietario, se enamoró de la ciudad en una visita
Ricardo Delgado nació en Rosario. En la Rosario de Argentina, la de Messi, la de Hugo Vaca, otro gaditano de adopción nacido cerca del río de la Plata. Lo que Ricardo no sabía cuando inició su carrera como empresario en Buenos Aires primero y Londres después, es que la vida pondría otra Rosario en su camino, esta vez con forma de calle, de sueño, de apartahotel y restaurante, todo en uno, en pleno casco histórico de una ciudad de la que se enamoró cuando la visitó con su mujer para participar en junio de 2015 en un festival de tangos, de tangos argentinos, que de los otros, de los de bandurrias, laúdes y guitarras, aún no sabía.
Pero Ricardo se enamoró de Cádiz y decidió cambiar la urbe londinense por la Tacita de Plata. "Decidimos cambiar de vida y tuvimos la suerte de encontrar esta finca. Cuando visitamos Cádiz nos enamoramos de la ciudad, de la cultura, de la gente".
Ricardo lo vio claro y apostó fuerte. Más de un millón de inversión, con apoyo también de la agencia IDEA de la Junta de Andalucía, para transformar esta vieja finca isabelina del siglo XVIII en un moderno apartahotel. La reforma corrió a cargo de Pujol Cruz Pizarro Arquitectos, y el resultado ha sido siete apartamentos coquetos donde no falta un detalle y un restaurante que dará mucho que hablar.
En Rosario Uno está presente la historia, la piedra ostionera y la madera, que se respira desde que se entra por la puerta. Una gran pared de piedra desnuda preside el patio sobre el que se anudan las plantas coronadas por una montera y una azotea en la que los propietarios del apartahotel han instalado unas hamacas para que los clientes puedan disfrutar del sol gaditano.
Los apartamentos tienen todos suelo de tarima y una decoración pulcra, minimalista, con grandes camas blancas y mullidas y dos pinturas de Cádiz presidiéndolas, como único y verdadero credo. No hay camas supletorias. "No es que los niños estén prohibidos, pero entendemos que este es un hotel destinado más a parejas que busquen un lugar de relax. En la provincia ya existen muchas ofertas para el turismo más familiar y nosotros estamos más enfocados a otro tipo de clientela", dice Ricardo.
Pero Rosario Uno no se queda sólo en un hotel. Porque su restaurante reúne a un dúo de cocineros de renombre y amplia experiencia: Julio Rodríguez y Juan José Sánchez. El primero de ellos con una dilatada experiencia en El Faro y en restaurantes de otras provincias; y el segundo, más vanguardista, que brilló en el restaurante Sopranis durante la primera etapa del establecimiento.
El resultado es una carta variada con guiños a la primera época del Sopranis, platos argentinos y otros que aprovechan el horno Josper -que hace funciones también de parrilla y para sellar la carne a altas temperaturas- que se ha instalado y que es una de sus principales características. Su idea es diferenciar al local de la oferta existente en la ciudad. "Nos dimos cuenta que por esta zona de Cádiz faltaba un restaurante como el nuestro y por eso no dudamos", comenta Ricardo. Añade que una de las claves del éxito que está teniendo hasta el momento el local, adaptado para minusválidos como el resto del hotel, es "un servicio muy exigente que provoca que den ganas de estar aquí, y una alta calidad de materia prima, la mejor que se puede encontrar en el país. Eso nos da una carta interesante, con una buena combinación de platos tradicionales con otros más modernos".
Hasta el momento Ricardo dice que el verano se presenta "a full" y que el restaurante está funcionando a la maravilla. Nada extraño viendo el resultado del sueño rosarino.
No hay comentarios