El Mercado Central de Cádiz necesita un buen lavado de cara
El cierre, por seguridad, de la puerta principal por desprendimiento en su cornisa ha puesto en evidencia los desperfectos de la Plaza de Abastos
Cae otro trozo de cornisa del acceso principal del Mercado Central de Cádiz
Los detallistas del Mercado Central de Cádiz no tendrán que pagarse la instalación de sus placas fotovoltaicas
El desprendimiento de la cornisa de piedra que remata el piso inferior de la portada del Mercado Central, el principal acceso del edificio, el sábado 4 de noviembre ha puesto en evidencia que la también llamada Plaza de Abastos necesita una seria restauración. El equipamiento, que sufrió una profunda rehabilitación acabada en 2009 está dando señales de deterioro y en muchos detallistas se mantiene una idea fija: las deficiencias nacieron a la par que esa obra. Sobre todo, en cuanto a la ausencia de cerramiento que lleva el agua de lluvia a muchos rincones, incluyendo puestos.
En este sentido el frutero Antonio Loaiza, del puesto número 80, apunta que “la gente de Cádiz no viene a la Plaza cuando llueve. Aquí llueve para todas partes por el viento y nos llega el agua. La Plaza debería estar más cerrada”. En su puesto ni en los de su zona no hay toldos y el agua, racheada por el viento, se cuela
Hay muchas columnas deterioradas y nidos de palomas que desafían a los pinchos, que no las disuaden de hacer sus necesidades sobre los toldos. Los arcos de algunos puestos también desprenden arenilla y pequeñas piedras.
Desde el citado desprendimiento la puerta principal está precintada por el Ayuntamiento, para evitar males mayores a la espera de los informes técnicos. En un puesto cercano a la esa entrada un vendedor lamenta que haya sido la segunda vez que la han precintado. La primera fue el 20 de octubre por un desprendimiento en la cornisa. “Es un perjuicio para las ventas. Cualquiera sabe cuándo van a abrir”, comenta este detallista.
Juan Manuel Cano regenta el puesto 134 de pescado llamado Manolito. “La obra se hizo mal y no se han arreglado los desperfectos y desde hace un tiempo están saliendo digamos que las goteras”, afirma.
El carnicero Manuel Rodríguez Zamora, del puesto 32, dice que “hace falta mantenimiento”. Y es que “el exterior, la parte antigua, está lógicamente más deteriorada que la parte central, que es nueva”. El cierre de la puerta principal “nos perjudica, está claro”. “Es clave para el visitante y para el cliente”, añade. Manuel pertenece a la directiva de Asodemer (Asociación de Detallistas de Mercados), que tiene contratado a un operario de mantenimiento, “pero el edificio no es de nuestra competencia”. Expone que la puerta principal “estaba mejor antes de la obra, porque tenía su rampa para las personas con el carro de la compra y con problemas de movilidad. La de ahora se hizo mal desde el principio, solo con escalones. No, la puerta principal no tiene el protagonismo de antaño. Y yo llevo aquí 30 años ya”.
Los detallistas quieren protegerse de las inclemencias del tiempo. Paco Álvarez, gerente de Asodemer, indica que “nuestro mayor deseo es una cubierta retráctil, pero somos conscientes de que eso cuesta mucho dinero”.
Tras los desprendimientos producidos en la fachada del Mercado Central, el Ayuntamiento de Cádiz, a través de la Delegación Municipal de Urbanismo, está elaborando un proyecto por vía de urgencia que permita acometer las obras no sólo de reparación de la fachada, entradas principales, cornisas, sino también de columnas dañadas. Desde el Consistorio culpan al anterior equipo de Gobierno al indicar que se trata de una actuación “que se ha tenido que llevar a cabo tras la falta de mantenimiento de las instalaciones en los últimos años”. Fuentes municipales aseveran que arreglar los desperfectos de la Plaza “ahora mismo es una prioridad para Urbanismo”.
El Ayuntamiento gaditano también ha prometido a los detallistas la financiación de los paneles fotovoltaicos para el autoconsumo de la electricidad, lo que supondría un ahorro en sus facturas. Este proyecto se planteó con el anterior equipo de Gobierno, pero quedó paralizado cuando los detallistas conocieron el coste: entre 4.000 y 6.000 euros. Y hace escasas fechas el Ayuntamiento les comunicó que los 128.272 euros necesarios para este proyecto saldrán de las arcas municipales.
Durante tres años el Mercado Central de Abastos se mantuvo cerrado por obras para ejecutar su reforma. Desde 2007 hasta 2009, los comerciantes fueron trasladados a una carpa provisional en la calle Libertad, junto a Correos. Tras las obras del exterior y las reformas que se llevaron a cabo, en 2009 se inauguró el Mercado Central que conocemos hoy en la actualidad.
El reto de convivir con los puestos gastronómicos
Los puestos tradicionales del Mercado Central aguantan el tirón de la crisis, de la inflación y de la competencia de las grandes superficies. Con apuros, pero resisten.
En cuanto al futuro, hay detallistas más optimistas que otros. “Soy de los que piensan que esto se pierde. Hacen falta profesionales que quieran coger estos puestos que se traspasan”, dice el frutero Antonio Loaiza señalando puestos cerrados en la parte de la fruta. “Dentro de poco habrá varias jubilaciones y no viene gente joven a relevarnos”, añade. Dice que hay puestos que costaron dos millones y medios de las antiguas pesetas y ahora se traspasan por 6.000 euros (un millón de los de antes). “No veo un buen futuro de aquí a diez años. Media Plaza ya es para el mercado gastronómico y terminará ocupándolo todo. Para colmo, estamos rodeados de supermercados”, lamenta.
Juan Manuel Cano, de la pescadería Manolito, avisa de dificultades para traspasar los puestos cerrados. “Hemos tenido que subir los precios por los altos costes y se gana poco. Si ya nos cuesta vender a los antiguos, que tenemos clientela fija, a los nuevos mucho más”, expone. El mercado gastronómico y la convivencia con los puestos tradicionales sale a colación. “Los veteranos pensamos que la nave central se quedará para los puestos y todo el exterior será para la gastronomía”, estima.
Para el carnicero Manuel Rodríguez el Mercado Central “sigue funcionando igual y las dos ofertas tienen su público: los puestos tradicionales y la gastronomía”. Y destaca además, en torno a la zona de restauración, que “menos mal que se abrieron esos negocios para comer y beber, que si no aquella ‘L’ de la Plaza estaría cerrada”.
Disparidad de opiniones en un momento crítico para el consumo. Y opiniones contrarias al margen, es cierto que el mercado gastronómico ha revitalizado la actividad del señero equipamiento.
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