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Javi Luna, amigo de los niños

La detención del director de Salesianos de Cádiz revela, más allá de si hubo o no delito, burbujas en nuestro sistema educativo El perfil del sacerdote dibuja a un niño grande

Javier López Luna es trasladado a los juzgados el pasado jueves.
Pedro Ingelmo Cádiz

21 de julio 2013 - 01:00

El miércoles 11 de julio, a las once y media de la noche, Javi Luna, como es conocido por toda la comunidad salesiana el sacerdote de 40 años que dirige el colegio de esta congregación en Cádiz, firmó el fin de su carrera profesional al decidir contestar un whatsApp. Se lo enviaba un niño de trece años, uno de los habituales en sus juegos de despacho, donde los chavales se intercambiaban pescozones, se sumergían en el ordenador del director y se divertían siguiendo la máxima del fundador de la Orden, Don Bosco, "amad a los jóvenes". El chico le decía a 'Don Javier', como llamaban a Javi Luna: "Llaman pederasta al que pega a menores. Y yo he visto que usted pega palizas de las que dejan marcas a la gente".

Tras tres días de calvario policial y judicial, Francisco Javier López Luna, con una ciudad enfrentada entre los que se horrorizan por la actitud antipedagógica del máximo responsable de un centro con más de mil alumnos y los que creen que es víctima de la trampa, tiene que demostrar no ya que su actitud era contraria a cualquier buena práctica docente, lo que parece suficientemente probado, sino que no cometió ningún delito de abuso con los 44 niños que asiduamente acudían a su despacho a jugar a las peleítas y a otros juegos que, fuera cual fuera la intencionalidad, tienen una débil frontera legal.

"Más allá de si hubo abusos o no hubo abusos, que eso lo tendrá que decir la Justicia, una actitud de este tipo que incluye llevar a niños al despacho sin motivo académico o intercambiar mensajes con niños hubiera sido motivo en la educación pública de un informe y la inmediata destitución del director de este centro. Es una actitud absolutamente inmadura, como la de un niño grande, totalmente incompatible con una buena práctica educativa", explica un inspector de Educación de la delegación provincial de Cádiz.

En los salesianos la consternación es absoluta. Ninguno de los responsables ha querido hacer declaraciones durante una de las mayores crisis de esta Orden, cuyo colegio ha cumplido más de 110 años en la ciudad, y cuya vocación educativa está en sus orígenes. Algunos de sus profesores sí han reconocido que no compartían las formas de Javi Luna. "Una cosa es la cercanía a los niños y otros que se difuminen las líneas entre quien es un director y quien es un alumno. Pero es un buen chico, estoy seguro que no existía ninguna mala intención en lo que hacía". Otros le defienden abiertamente, incluso en su metodología, que reconocen que es peculiar y que comparan a la que encarnaba Robin Williams en la película El club de los poetas muertos.

Francisco Javier López Luna posblemente sea el producto de una vida en una burbuja. Estudió en el colegio de Cadiz de Salesianos que ahora dirige. Sus compañeros de entonces ya le recuerdan como un chico muy recto, demasiado recto incluso, para un adolescente. Su carrera fue el seminario dentro de la congregación, donde ingresó con 18 años. Y, a partir de ahí, hizo carrera dentro. Su anterior destino había sido Badajoz, en cuyo colegio, donde no tuvo jamás ningún problema ni denuncia, le recuerdan con tal cariño que la semana pasada convocaron manifestaciones a su favor con la presencia de más de 200 personas que aireaban carteles de colorines en los que se leía "Javi, inocente".

Allí desarrolló una de sus grandes habilidades, la magia, de la que era un apasionado. Le gustaba hacer trucos a los chicos. De hecho, en algo en lo que coinciden casi todos, defensores y no tan defensores, es que se encontraba mucho mejor, más en su salsa, entre chavales que entre adultos, con los que se comportaba de manera discreta, e incluso seca.

Alas once y media del miércoles 11 Javi Luna vio el mensaje incriminatorio del chaval y empezó a justificarse. La contestación al wahtshApp nocturno de aquel alumno explica algunas cosas: "No estoy enfermo (...) algunos me provocaban (...) se terminaron las peleas (...) pensaba que se vería como un juego (...)"

A la policía estos mensajes no le parecieron un juego. Tampoco al tío del alumno, que le contó qué era lo que pasaba en el despacho de Donja. Escandalizado, se plantó en ese mismo despacho y le arreó dos bofetadas a Javi Luna antes de denunciar los hechos en comisaría. Luego siguieron otros trece niños con sus trece padres y los trece dijeron a la Policía quiénes formaban parte del particular club de los poetas muertos de salesianos: eran 44 niños. Comida sabrosa para las televisiones. El circo, con la colaboración de algún padre, ya estaba montado. Curas tocando a niños, todo un clásico.

La congregación salesiana sabe que tiene un problema. Nada más conocerse la detención de Javi Luna se organizó un gabinete de crisis, como podríamos llamarle. En el mundo educativo todos se preguntan cómo era posible que esto sucediera a la vista de todo el mundo, ya que una de las estrategias de defensa del director era que la puerta del despacho siempre estaba abierta. No ocultaba nada. Al ser un colegio concertado, la congregación tiene sus propios inspectores ¿No sabían nada de esto? ¿Nadie explicó a Javi Luna en qué consiste dirigir un colegio? López Luna ha vulnerado reglas básicas de la práctica docente, siguiendo simplemente los testimonios de quienes le defienden, que reconocen que los golpes existían, que las reuniones en el despacho también y que, como es evidente, había comunicación personal con los alumnos a través de redes sociales.

Las horas previas a que el juez le enviara a la prisión de Puerto 2 muchos alumnos, algunos de poco más de diez años, vitoreaban el nombre de Javier. También había padres. Javi Luna no está solo y él lo agradeció cuando, camino de la cárcel, besó al aire a quienes le jaleaban. Son escenas emotivas, pero en Salesianos saben que eso no lava la imagen. El debate puede abrir el foco. Incluso padres no religiosos se pegan codazos para meter a sus hijos en una enseñanza privada que se paga con el dinero de todos. Dando por sentado que casi todos son magníficos colegios ¿existe un verdadero control público sobre lo que sucede dentro de la concertada?

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