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Las dos principales promociones que tenían entre manos Jenaro Jiménez y sus socios eran las de Veedor, 20, cuya promotora era Casas de Cádiz, y la de Marconi, 20, de Emblematic Houses. Los socios de ambas empresas se han convertido posteriormente en denunciantes.
En una de las declaraciones del caso se muestra la extrañeza por que no se iniciaran las obras de las dos promociones pese a haber licencias y compradores. Jenaro Jiménez lo que quería era dilatar al máximo las operaciones que tenía en curso para "evitar el descubrimiento de los actos presuntamente delictivos en los que había incurrido". Además, a juicio del autor del informe policial, también pretendía retrasar unos gastos que no podía cubrir al haber dispuesto de las cantidades destinadas a la ejecución de las obras y disfrutar del nivel de vida mantenido hasta entonces, "hasta que llegó el momento en que decidió planificar su supuesta muerte accidental y hacer acopio del resto del capital del que pudiera disponer".
El momento en el que da inicio a su actividad delictiva, según lo que aparece en el informe policial entregado al juzgado, son las negociaciones que entabla con la Banca March para solicitar créditos hipotecarios en base a operaciones inmobiliarias, "engañando de manera manifiesta a dicha entidad aportando documentación falsa que por una parte alteraron el precio, condiciones y expectativas de beneficios en los que dichas operaciones iban a ser realizadas y por otro mostraban una imagen financiera del imputado y la sociedad vinculada a él totalmente ficticia y mucho más solvente de la real". De este modo, afirma que se produce un engaño a terceros "sin el cual no hubiera obtenido dichos préstamos o al menos de esas cuantías, lo que revela cuál era su auténtico ánimo, el de la apropiación de las diferencias entre los créditos recibidos y el coste real de las fincas adquiridas".
La estafa se consumó en el mismo momento en el que recibió esos créditos mediante el engaño logrado con la documentación falsa entregada.
Esto le permitió después transferir el dinero a su patrimonio particular. Para ello usó diversos métodos financieros para ocultar este flujo de dinero hacia sí mismo dilatando la ejecución de la obra. Esto le permitió en un primer momento enjugar las numerosas deudas y mantener el nivel de vida hasta que llegó el momento en el que fue consciente de que era incapaz de reparar el dinero apropiado, por lo que preparó un plan de huida con el resto del dinero del que dispusiera de esta y otras vías.
El instructor de este informe hace una nueva visión del tema y es que considera que hasta este momento no se había dado la consideración de víctimas a las personas que entregaron cantidades en concepto de señal para la compra de los pisos de Marconi, 20. Sin embargo, el inspector de Policía cree que esta punto de vista se debe alterar.
Así, los afectados nunca fueron informados por el banco y mucho menos por Jenaro Jiménez del uso fraudulento de sus firmas y daban por sentado que la operación de compra en la que estaban participando era legal y que no se asumían riesgos elevados motivados por una solicitud de crédito basada en documentación falsa e inflada. Ni tampoco sabían que el dinero que entregaban no se ponía a resguardo ni se destinaba a la ejecución de la obra y es que Jenaro Jiménez no podría terminarla "sin disponer de una fuertísima cantidad monetaria para compensar el capital distraído por él".
Al final, el resultado de todo esto es que se perdieron las cantidades entregadas. Por ello, el informe refleja que "hay indicios racionales de criminalidad en cada una de las ventas privadas suscritas" entre Jenaro Jiménez y los diferentes compradores de los pisos del proyecto de Marconi, 20 y a cada una de ellas constituye un delito de estafa.
Los pisos de Marconi, 20 fueron iniciados posteriormente por el socio de Jenaro Jiménez pero no consiguió vender ni uno y finalmente el banco se quedó con esta promoción que sigue cerrada.
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