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Dulces con sabor a gloria

Abre la XVII muestra '¡Qué rico, Dios mío!', con productos de conventos de clausura de la provincia. Algunos se agotaron en la primera hora

Varias personas mirando el muestrario de productos y haciendo su pedido, ayer en Diputación.
Pilar Hernández Mateo Cádiz

15 de diciembre 2012 - 01:00

Unas treinta personas esperaban ayer la apertura de la puerta de Diputación para la inauguración de ¡Qué rico, Dios mío!, la muestra gastronómica de productos elaborados por las monjas de los conventos de clausura de la provincia de Cádiz.

"La gente viene pronto porque se agotan los productos", comentaba Silvia, la primera de la fila, quien iba "a por encargos de familiares, nada para mí". Detrás estaba un matrimonio fiel a esta cita, y recordaba que los primeros años "la cola llegaba hasta la parada de autobuses".

Según Aurelio Sánchez Ramos, director de Ifeca -que gestiona la muestra-, se ha notado que en los últimos años ha disminuido el público. "Pero las monjas no van a sufrir la merma en ventas porque, si sobra algo, nosotros lo asumimos. Y Diputación lo donará o le dará salida en actos públicos", señalaba.

Una gran mayoría de las personas que ayer pasaron por el claustro de Diputación eran fieles a esta cita. Como Rafi y María, madre e hija que llevan viniendo desde el primer año, "cuando había bulla. Ahora se nota la crisis, ha disminuido el público. Y antes se ponía un grupo cantando, y repartían anís y pestiños, pero desde el año pasado lo que ponen es un CD con villancicos", comentaban.

Aun sabiendo que habría menos público, ellas fueron ayer a primera hora "por costumbre", pero también "porque hay productos que se agotan el primer día".

Y, efectivamente, fue así. Sólo media hora después de la apertura de las puertas del Palacio Provincial, ya se habían agotado los Bocaditos de San Antonio, pestiños y polvorones blancos del Convento Regina, de franciscanas clarisas de Sanlúcar; y algunas de las mermeladas que elaboran las monjas del Monasterio de Nuestra Señora de la Defensión (La Cartuja) de Jerez.

Fernando también lleva viniendo desde el primer año. Al principio compraba para él y sus hijos, pero desde que tiene diabetes viene a comprar para sus hijos y nietos, y a él se le ponen "los dientes largos". Ayer fue por productos muy concretos: bolitas de piñones y de almendras.

Pepi y Javier decían que ellos venían todos los años que se enteraban a tiempo. Ayer se llevaron una variedad de productos "dentro de las cosas que nos gustan y de nuestro presupuesto. Algunos son para regalar". Ellos compran durante todo el año productos a las monjas. Señalaban que, cuando van de viaje, suelen ir a algún convento para llevar de regalo productos típicos de la tierra. Pepi decía que echaba en falta "una ruta de conventos, para que la gente conozca cuáles son los que producen y subsisten de ello".

Daniel y su amigo Jesús vinieron ayer expresamente desde Chiclana para conocer ¡Qué rico, Dios mío! Se habían enterado por este periódico. "Y como leímos que los productos se suelen acabar el primer día, hemos venido hoy por si acaso". Ellos se llevaron "cosas nuevas para probarlas". Salieron contentos y con la intención de volver otro año "si la economía nos lo permite".

Para Silvia y Mariano, una pareja de Cádiz, también era el primer año. "Nos ha parecido muy bien, hay mucha variedad y esto está animado. Creo que va a ser verdad que se va a acabar todo el primer día. De hecho, nosotros nos hemos llevado la penúltima caja de tortas de ajonjolí", comentaban a media tarde.

Una familia de Cádiz decía que ellos habían ido ayer porque el año pasado fueron el sábado y "nos quedamos sin nada".

Los organizadores estaban contentos con la acogida que estaba teniendo la primera jornada, a pesar de la crisis. Decían que el año pasado, el viernes fue peor que este año y el sábado se agotó todo. Habrá que ver si en esta edición la muestra tiene que volver a cerrar antes de tiempo por agotarse las existencias.

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