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Alberto González Troyano
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Medio Ambiente
Primero se pensó en un día nublado, después en la calima que a veces visita Cádiz procedente de África. Finalmente, la propia Aemet dio una respuesta más preocupante todavía a los cielos encapotados: humo procedente de los incendios de Canadá.
El país norteamericano sufre desde principios de junio la pérdida de masa forestal por la crueldad del fuego. 8 millones de hectáreas han sido arrasadas y unas 32.000 personas evacuadas de sus hogares. Los daños aún son incalculables. Medio mundo gira la vista en estos momentos a lo que ocurre en Canadá, al vivir bajo cielos nublados como consecuencia de esta catástrofe medioambiental.
El Gobierno de Canadá ya habla de la peor temporada de incendios forestales del siglo XXI. En cifras es así, este 2023 ya supera al nefasto 1995 que se calcinó 7,1 millones de hectáreas en este país. A mitad de mes, las lluvias calmaron la situación en el oeste canadiense. Sin embargo, la presión se trasladó a Quebec y a la costa atlántica, las altas temperaturas no dieron tregua. La situación, aunque ya no es tan dramática como a principios de mes, sigue siendo insostenible. Según los datos de Canadian Interagency Forest Fire Centre, una ONG canadiense bajo control federal, tan solo hoy se han activado 28 nuevos incendios y ahora mismo hay 500 activos en todo el país. Y lo peor, más de la mitad están descontrolados, unos 257.
Toda ayuda es poca. El País publica que el Ejecutivo de Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, pidió la intervención del Mecanismo europeo de protección civil. Pese a ser temporada alta de incendios también en Europa, Portugal mandó 140 personas y Francia a otras 100. España esta misma cifra con bomberos del mismo ministerio de Transición Ecológica, Castilla La Mancha, Cataluña, Asturias y Madrid.
En este tweet, se puede ver cómo trabajan en terreno algunos efectivos trasladados a la zona en labores de extinción de los incendios y en el entrenamiento con otros equipos.
A primera hora de la mañana del 29 de junio, aún se dejaba notar en Cádiz buena parte de los efectos del humo procedente de estos incendios. Si bien, esta vez se acompañada de bancos de niebla. Los dos últimos atardeceres en Cádiz han estado marcados por una fina capa nublada que permitía incluso mirar al sol directamente.
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