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Manejo adecuado de la incertidumbre tras el diagnóstico de un cáncer

Salud emocional y apoyo psicológico

Recibir la confirmación de esta enfermedad supone un fuerte impacto emocional, ya que la palabra ‘cáncer’ va más allá de su gravedad y características médicas

Tras el diagnóstico de cáncer, la incertidumbre y las emociones contradictorias forman parte del proceso de adaptación. / M. G.

04 de febrero 2026 - 06:48

"El cáncer despierta reacciones de miedo y ansiedad, confusión, negación de que el hecho es real y dificultad para asumir que realmente nos está sucediendo a nosotros”, explica la psiquiatra Ana Isabel Sanz, fundadora del Instituto Psiquiátrico Ipsias, directora de Psiquiatría del Centro de Rehabilitación Dionisia Plaza de Madrid y premiada en noviembre de 2025 por segundo año consecutivo en los Premios Europeos de Medicina.

Según detalla la doctora, hay un primer impacto psicológico esperable en el paciente de cáncer que es esa primera tormenta psíquica, a la que suelen añadirse la tristeza y los pensamientos recurrentes e involuntarios, intrusivos, acerca de las posibles experiencias negativas relacionadas con los tópicos negativos que acumulamos sobre este tipo de enfermedades, sobre el dolor, la pérdida de capacidad de valernos, la dificultad para mantener nuestras responsabilidades, las molestias del tratamiento y las posibilidades futuras de recuperarnos y seguir adelante con una vida plena y tranquila.

La psiquiatra aclara que “tener una reacción negativa de estas características en principio entra dentro de lo que se puede considerar normal”. Ahora bien, sería momento de buscar ayuda especializada “cuando la tristeza frena nuestra capacidad de hacer frente a la situación actual, o el bloqueo por las emociones negativas persiste, los pensamientos recurrentes catastróficos se convierten en un obstáculo para afrontar la vida cotidiana e incluso las decisiones que impone el abordaje de la enfermedad, hasta el punto de cuestionar o rechazar el tratamiento necesario”. Aunque el criterio de la doctora es que no hace falta llegar a tal extremo para conversar con terapeutas expertos que puedan primero escuchar nuestros temores y dudas y luego nos ayuden a ordenar ese “caos” poniendo en su justo lugar la indudable angustia que sentimos para que no frene ideas también adecuadas de orientación más optimista acerca de las posibilidades de superar con éxito ese momento difícil.

La doctora Ana Isabel Sanz, galardonada por segundo año consecutivo en los Premios Europeos de Medicina. / Sandra Jabalera-Llorca.

Como afrontar la incertidumbre y el miedo tras un diagnóstico de cáncer

Una actitud básica de las personas de apoyo del paciente de cáncer debe ser “dar espacio para que la persona afectada exprese con libertad sus reacciones emocionales, sin tranquilizarle antes de tiempo ni asustarle más de la cuenta con catastrofismos innecesarios e injustificados”, apunta la doctora Sanz.

Lo adecuado para el apoyo emocional y psicológico es que exista ese trasfondo de apertura a la escucha, y a partir de ahí “proporcionar la información que solicita la persona, sin callarse aquello que angustia al que pregunta, pero evitando igualmente anticipar detalles que todavía se desconocen”. Además, la psiquiatra advierte que ante la tendencia del paciente a consultar fuentes con credibilidad heterogénea, el especialista oncológico “ha de prestar atención a filtrar aquellas ideas erróneas que puedan proceder de estas, contraponiéndolas con información veraz, que a veces será más incierta de lo que desea el afectado, ya que las patologías oncológicas son variadísimas y su evolución y pronóstico no constituyen un guion ya escrito, sino un proceso irrepetible en cada persona.

Hay que buscar ayuda especializada cuando la tristeza frena nuestra capacidad de hacer frente a la situación actual, o el bloqueo por las emociones negativas persiste

El manejo adecuado de esta incertidumbre requiere de una comunicación con los familiares o red de apoyo de la persona enferma, que por otra parte también experimentan un choque emocional fuerte que es necesario ayudar a canalizar en la medida de lo posible. La doctora subraya la importancia de exponer a los familiares más cercanos “una información clara, sincera, sin evitar temas conflictivos ni palabras tabú, siendo también claro acerca de las incertidumbres inevitables en un período inicial. No se puede contestar a lo que no se sabe todavía y es bueno no callarlo con buenas formas y cercanía, entendiendo que ello mantiene desasosiego y angustia”.

La cercanía a la que se refiere la psiquiatra Ana Isabel Sanz implica dar espacio para que los familiares expresen sus dudas, temores y necesidad de datos sin verse acallados o con respuestas que invaliden la relevancia que para ellos tienen esas cuestiones. Por ejemplo, “se puede contestar que todavía no se sabe algo, pero no que lo que se ha preguntado no sea importante o no tenga sentido. Toda pregunta es válida, aunque no siempre se pueda dar una respuesta que satisfaga”. Además, la actitud ante informaciones que el propio paciente o sus familiares hayan leído o que tengan de otros casos “conviene que sea amigable, huyendo de posturas defensivas o descalificatorias. Mantenerse abierto a ese momento refuerza la confianza y puede aclarar tópicos erróneos sin recurrir a la descalificación”, destaca la doctora.

A veces, si la dinámica familiar resulta compleja, la psiquiatra considera que puede ser conveniente seleccionar una persona de referencia dentro del entorno familiar. Si eso resulta necesario conviene hacer explícito por qué el especialista hace esa elección y evitar reacciones negativas en aquellos que no van a tener vía directa con el profesional. “Ha de dejarse claro que es una decisión que pretende aumentar la eficacia de la comunicación y una necesidad para dedicar tiempo a quien realmente es el protagonista, que es el afectado por la enfermedad”.

Una persona enferma no puede hacerse cargo de otra

Signos de desgaste en los cuidadores ¿Cuándo empieza a peligrar su salud mental? 

La implicación de ciertas personas con el paciente de cáncer varía con el momento de la enfermedad. En ciertos momentos, su dedicación es tan intensa que prácticamente ocupa toda su vida, incluso se sentirían culpables si ello no fuera así. En este punto, el cuidado del otro puede acabar teniendo repercusiones negativas en todos los ámbitos de su vida: en el autocuidado, el estado emocional, la salud, sus relaciones con otros y todo lo que ello implica.”Cuando el desgaste empieza a traspasar los límites de lo saludable, la persona que

cuida debería reflexionar sobre la necesidad de pedir ayuda o replantearse cómo cuidar, pues de no ser así acabará no pudiendo ejercer esa tarea. Una persona enferma no puede hacerse cargo de otra”, afirma con rotundidad la doctora Sanz.

En el ámbito emocional, la psiquiatra aconseja que los cuidadores presten atención al momento en que su estado de ánimo cambie con frecuencia y se concrete en enfados e irritabilidad por motivos banales. También a si empiezan a tener una constante sensación de desesperanza, de que no tiene sentido ni lo que hacen ni la situación suya o de su familiar, este es un indicador relevante. Así como sentirse culpable por los momentos que no dedica al cuidado de la persona enferma. Advierte además la doctora del peligro de que la persona que cuida esté exigiéndose tanta entrega que pueda dejar de ser objetiva en cuanto a las necesidades del paciente, y ese sería momento de pedir consejo.

El resquebrajamiento de la salud física también indica que el cuidador necesita ayuda. La pérdida de cantidad o calidad de sueño, el cansancio permanente, la pérdida de atención a sus cuidados básicos o incluso el caer enfermo con frecuencia “constituyen señales de alarma a las que prestar atención”, apunta la psiquiatra Ana Isabel Sanz, que además alerta sobre no restar importancia a la pérdida de interés por hablar con otras personas, salir, relacionarse, disfrutar con sus aficiones…”No debe confundirse que ese espacio es primordial para poder cuidar, no una traición o un descuido”.

“La presión mantenida y la dificultad para hacerse cargo de un cuidado que le está desbordando puede llevarle a buscar alivio en fármacos o drogas que rebajen el dolor, el cansancio o la ansiedad. Cuidado con ello. Si sucede, es sin ninguna duda momento de dejarse ayudar para seguir siendo un apoyo para el otro, afirma la psiquiatra, recordando que no son objetivos antagónicos, sino que uno mismo debe prestarse atención para poder seguir siendo el sostén que desea o tiene que ser.

El primero que debe cuidarse física, psíquica y socialmente es el cuidador, dedicando el tiempo necesario a dormir, a nutrirse adecuadamente y descansar si lo necesita

Cuidarse como cuidador sin sentir culpa

Una idea que debe ser una “brújula permanente” a juicio de la doctora es que “cuidar a un paciente de cáncer es un proyecto para el que el cuidador debe estar en buena forma. Eso implica que el primero que debe cuidarse física, psíquica y socialmente es el cuidador, dedicando el tiempo necesario a dormir, a nutrirse adecuadamente y descansar si lo necesita.

“Para ello es importante que no olvide que existen otras personas cercanas a la persona que cuida. Puede que otros tengan menos tiempo o disponibilidad, pero es importante que sea capaz de pedir ayuda a otros familiares, a amigos, a personas próximas… Tomarse el tiempo necesario para buscar alternativas que permitan establecer turnos, dosificar tareas, organizarse para distribuir acompañamientos. Y hacerlo pensando que es algo inteligente y eficaz, no un abandono”, insiste la psiquiatra, especializada en trastornos afectivos y ansiedad.

Por último, recuerda que compartir el peso emocional y experiencial de lo que implica el cuidado de una persona enferma a veces requiere hablar con otros, sean personas próximas o grupos de cuidadores que se apoyan emocionalmente entre sí desde el conocimiento que implica la propia experiencia.

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