Fiestas

La cabalgata anima la última jornada del Carnaval isleño

  • Niños y mayores disfrutaron de un desfile que se vivió bajo un sol radiante

  • La mayoría de disfrazados eran menores, aunque algún adulto se atrevió

El desfile de Carnaval a su paso por la Alameda Moreno de Guerra. El desfile de Carnaval a su paso por la Alameda Moreno de Guerra.

El desfile de Carnaval a su paso por la Alameda Moreno de Guerra. / Román Ríos

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"¡Esto sí que es una chirigota!". Eran tres, no más, pero suficiente para que incluso de lejos, cuando apenas se les vislumbraba disfrazados, se les escuchara mientras caminaban por la calle Real camino de la calle Luis Milena. El objetivo era ver pasar la gran cabalgata, que salía de la avenida Constitución, pero no de cualquier modo, sino imbuidos del ambiente de Carnaval, que también se esperaba más tarde en la Plaza del Rey, con las peñas a plena labor, con el Concurso de El Timón ofreciendo las mejores coplas en su gran final.

El sol brillaba intensamente, y picaba, mucho, demasiado, por eso, en el primer tramo recorrido por el desfile la mayoría de los asistentes se habían colocado estratégicamente a la sombra. Pasacalles, agrupaciones y carrozas avanzaban acompañados por familias solo en uno de sus márgenes. En la otra orilla se apostaron los más valientes, o inconscientes.

La mayoría de los disfrazados para esta cita eran niños, aunque también había algún adulto a juego con los menores: un niño pollito, con su madre gallina y su padre granjero o una familia hippie. "¡Buen rollo!", soltaba uno de los componentes del primer pasacalles, rápido de reflejos mientras da la mano a una mujer vestida de paz y amor, lo que despierta las risas del grupo.

Una de las naves espaciales hinchables de la cabalgata de Carnaval. Una de las naves espaciales hinchables de la cabalgata de Carnaval.

Una de las naves espaciales hinchables de la cabalgata de Carnaval. / Román Ríos

Las carcajadas se escuchaban ante la mirada penetrante que el Capitán Garfio dedicaba a los espectadores, asustados ante la presencia repentina del señor Smee, sable en mano, intimidando sin demasiado éxito. También despertó la admiración del público, y mucho, tanto de pequeños como de mayores, sorprendidos ante algo que no esperaban, las naves espaciales hinchables que movían los propios pilotos, que se disparaban de forma ficticia entre ellos y hacia el público. Especialmente la más llamativa era de la que sobresalía por encima un alienígena multi ojos, que tenía un ayudante abajo para mover la nave hacia un lado y otro. Pequeños, adolescentes y adultos observaban encantados, muchos haciéndose fotos para inmortalizar el momento.

Los abuelos eran los que más querían salir en las fotos con sus nietos, vestidos de distintos personajes. Había muchos superhéroes, como el Capitán América –ya fuera con su uniforme antiguo, o el moderno–, Iron Man o Spiderman, también alguna que otra Super Woman. Había princesas y personajes Disney. No faltaron unicornios y hadas, aunque no levantarán ni medio metro del suelo. Un templario sobresalía con su capa blanca, también una Olivia Newton John de Grease con su peluca rubia rizada o una romana de alta alcurnia. Todos ellos se entretenían con los papelillos y las serpentinas, todo muy carnavalero. Pero para carnavalero una Minie de pocos años que acarreaba con su bombo, muy metida en la fiesta.

Alguno ya había visionado que el día sería caluroso, por eso cumplía con su pasacalles con un elemento con doble función, una piscina hinchable que le hacía las veces de sombrero. Hércules, Maléfica, un barco pirata, Los Increíbles, una nave de la Nasa o un laboratorio destacaban sobre las carrozas, donde los pequeños, jóvenes y no tan jóvenes disfrutaban del pasacalles lanzando serpentinas y papelillos y saludando a su paso por la ciudad.

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