Educación

Quejas de profesores del instituto Las Salinas de San Fernando por ser obligados al “teletrabajo presencial”

  • Los docentes de los ciclos formativos que están en modalidad semipresencial tienen que dar las clases 'online' en el centro

  • Algunos docentes critican la postura de la Inspección que no aplica la lógica a la situación por el covid-19

Acceso principal del instituto Las Salinas de San Fernando.

Acceso principal del instituto Las Salinas de San Fernando. / D.C.

"Se han inventado una nueva modalidad de trabajo: el teletrabajo presencial". Habla un profesor del instituto Las Salinas de San Fernando que se refiere a la obligación que tienen los docentes de los ciclos formativos de impartir las clases telemáticas desde las aulas del centro educativo. El inspector del instituto, explica Francisco José Andreu, que lidera las quejas de estos profesores, considera que eso es lo que marca la normativa fijada por la Junta de Andalucía ante la pandemia de covid-19 y "no aplica la lógica", algo que sí están haciendo otros institutos en la provincia o fuera de las fronteras gaditanas. Por eso, reclaman sentido común y que se eviten "riesgos innecesarios".

Entre las opciones que los institutos han tenido para este nuevo curso, el instituto Las Salinas decidió poner en práctica la semipresencialidad, una modalidad que implica que dos días a la semana se da clase presencial a los alumnos y los otros tres días se imparten online.

El objetivo es evitar que en las instalaciones de este instituto se concentre una gran cantidad de personas cruzándose por los pasillos o compartiendo aulas, más cuando se trata de un instituto en el que conviven en circunstancias normales unas 1.800 personas: unos 1.600 alumnos, unos 130 profesores y el personal administrativo y de servicios, como limpieza o jardinería. "Es imposible mantener la distancia en las aulas, son grupos de 20 a 30 alumnos, pero otros tienen más de 30 o 50", comenta Francisco. Por eso se planteó la necesidad de flexibilizar la impartición de la enseñanza.

Lo que parecía razonable, sin embargo, se ha tornado en un "absurdo absoluto" al impedirse que los profesores den esas clases telemáticas en sus casas, y a pesar de que la mayoría ha invertido –ante el confinamiento del primer estado de alarma y esos primeros meses de clases online– en recursos tecnológicos. "Ocurre que estoy teletrabajando en casa y tengo que dejar la videoconferencia o lo que esté haciendo para desplazarme al instituto a meterme en un aula vacía que ha sido usada durante el día y tocar los materiales de allí en lugar de los míos", pone Andreu como ejemplo de uno de los escenarios que se están produciendo.

"Hay un día que tengo las tres últimas horas de la mañana, telemáticas; y las tres últimas horas de la tarde. Vivo fuera de San Fernando, por lo que no voy y vuelvo. Me quedó en el centro, tengo que comer en la calle. Son 11 horas en total, para dar una clase presencial y una guardia seguidas", explica una docente. Aunque sola en el aula, no deja de estar expuesta. Es lo que le dijo a sus alumnos cuando en una de las últimas clases online le preguntaron por qué seguía con la mascarilla puesta. "Les expliqué la situación. Si estuviera en mi casa no la llevaría. Esto no tiene sentido por ningún lado", se queja.

"Estoy indignada", confiesa otra profesora que decidió dar clase desde el aparcamiento del instituto, dentro de su coche, para evitar exponerse. La falta de cobertura le ha hecho desistir. "No comprendemos porque tenemos que ir al centro para las clases telemáticas. A qué se agarran. Es un riesgo innecesario", abunda. Cuando acuden a impartir las clases tienen que ir cambiando de aula y usar "material que ha usado otra persona, que tenemos que desinfectar. Es decir, que cada vez que tengo que limpiar estoy inhalando lejía", detalla. "La cámara la tienes que guardar cada vez que terminas una clase", añade.

"El inspector manda más que la lógica", considera uno de los profesores que no entiende que la dirección y la Delegación Territorial de Educación lo permitan. Desde la Junta remiten al acuerdo con los sindicatos del 13 de octubre que apuesta por el trabajo a distancia en el horario no lectivo y permite el teletrabajo para quienes se vean obligados a cuidar de menores de 14 años o personas dependientes convivientes que tengan covid-19 o que tengan que guardar cuarentena. Nada especifica, lamenta Andreu, de la modalidad semipresencial "porque no están en la realidad de la enseñanza", y la Inspección se ciñe a una interpretación de la normativa para el colectivo "sin sentido" para impedir que esas clases se den desde casa, cuando el Gobierno central aboga por el teletrabajo siempre que sea posible.

"Ordenan y mandan según su interpretación", insiste uno de los profesores que cuestiona esta decisión que les hace ir a clases vacías y exponerse en las instalaciones, sufrir las consecuencias de estar en esas aulas con las ventanas y puertas abiertas para ventilarlas, compartir el material con otros compañeros, padecer los fallos de estos recursos –el audio que no funciona, la cámara que va mal–, soportar los ruidos de obras o del recreo que impiden dar la clase con normalidad.

"No se fían de nosotros". Es la conclusión que todos repiten.

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