Crisis del coronavirus en San Fernando El difícil equilibrio de la educación en el hogar

  • Centros educativos y familias explican cómo se adaptan a estas circunstancias excepcionales tras casi dos semanas de confinamiento

  • Relajar horarios, arropar a los niños o comprender los cambios de comportamiento son algunas de las recomendaciones que se hace a los padres

Una pequeña sigue online las clases de inglés de la academia. Una pequeña sigue online las clases de inglés de la academia.

Una pequeña sigue online las clases de inglés de la academia. / D.C

No hace falta cumplir horarios estrictos, realizar actividades en familia, entender que los niños se rebelen ante la incertidumbre de lo que están pasando, procurar el contacto virtual con familiares y amigos. Cuando ya avanza la segunda semana de confinamiento por el coronavirus COVID-19 las recomendaciones de expertos, centros educativos y docentes o la experiencia en el hogar se encaminan a fomentar la convivencia y la educación en valores más que a insistir en el aprendizaje de las asignaturas tradicionales. 

El estado de alarma se inició para las familias con numerosas ideas para tener ocupado el tiempo de los más pequeños. Desde los centros educativos, como explicaban colegios, docentes y padres de San Fernando el primer lunes de confinamiento, plantearon tareas, aplicaciones para el aprendizaje y la práctica, propuestas tecnológicas para mantener un cierto ritmo de trabajo. En muchos casos los progenitores junto a los pequeños fijaron horarios para repartir los tiempos de ocio y de tareas. Desde el principio, eso sí, hubo adultos que admitían que sería complicado ejercer esa labor con sus hijos al seguir su actividad laboral, ya fuera o dentro de casa con el teletrabajo. Avanza la segunda semana de quedarse en casa y se proponen nuevas ideas para hacer más llevadera la situación.

La comunidad educativa de la Ecoescuela San Ignacio comparte en su facebook la reflexión de María Martínez, docente de una ecoescuela de Almería, que advierte de que los niños pueden estar "igual de asustados y preocupados" que los adultos, oyen los comentarios y las noticias, ven la tele y "notan nuestra ansiedad". Por eso, entre otras cuestiones propone "romper los horarios estrictos".

La ausencia de clases que para los niños puede verse como unas vacaciones se ha traducido en estar "atrapados" en casa sin poder ver a los amigos. De ahí que pasados los días sean normales los problemas de comportamiento por "la ansiedad, el enfado o la rabia" por no disfrutar de una vida normal. 

Frente a eso, los padres tienen que arropar a sus hijos. Romper los horarios perfectos, realizar actividades cotidianas con mucho cariño, ya sea jugar, pintar, ver películas o hacer visitas virtuales a museos -algunas de las propuestas culturales que se han lanzado para el confinamiento-. No hace falta que diariamente hagan las tareas de matemáticas o lengua si un día los niños no quieren hacerlo.

La familia de Arturo, con una hija en Primaria y otra en Secundaria, fijó desde el inicio del confinamiento un horario pero con cierta flexibilidad, aunque es por la mañana cuando hacen las tareas, la mayor más que la otra. "Y cada profesor la manda de una manera diferente, por distintas plataformas. También hay alguno que pasa", reconoce. Netflix, TikTok, escuchar música, el móvil, o lectura por las noches (en el caso de la mayor) son las opciones de ocio que manejan el resto del día, aunque sacan tiempo para usar la bicicleta estática que tienen en casa. "Además de pelearse, claro", añade.

Quedarse atrás en el curso no debe preocupar ahora a los padres. A la vuelta habrá tiempo de recuperar, insisten en el San Ignacio. "La salud mental de nuestros hijos será más importante que sus capacidades académicas y como se han sentido durante este tiempo se quedará en ellos mucho más tiempo que la memoria de los deberes que hicieron", expone el colegio en su perfil de facebook.

"Nosotros apostamos por el refuerzo de los contenidos ya dados y una ampliación mínima, por plantear actividades de inteligencia emocional, juegos con la familia, la colaboración en el día a día de la casa con pequeñas tareas como hacer la cama o poner la mesa", explica María Teresa García Sosa, directora del colegio Las Cortes. Había que dosificar para no saturar a las familias. A partir del día 30 tienen previsto avanzar un poquito en los contenidos. "Hay que ser conscientes, no se puede avanzar de manera bestial porque también hay que tener en cuenta la situación de las familias. Muchas tienen que sobrellevar la situación en casas pequeñas, y con dificultades", deja claro la responsable de este centro isleño a la que le llegan muchas historias. "Familiares, compañeros, de otras localidades, de otros centros, de la pública, de la concertada... hay padres que están machacados porque no pueden seguir el ritmo del trabajo o teletrabajo a la vez que tantas tareas de los hijos", cuestiona.

En ese sentido, el colegio San Ignacio, por ejemplo, ofrece recursos para disfrutar del tiempo en casa, incluso con contacto virtual. "Tanto el profesorado como los representantes de las familias hemos mantenido encuentros virtuales a través de distintas plataformas digitales on line para concretar la propuesta del centro entre otras con la herramienta Eco conectados a CEIP San Ignacio", explica el director, José Luis Romero. "A través de ella y sus distintas ventanas interactivas pretendemos ofrecer la posibilidad de crear espacios de encuentro e intercambio entre el alumnado, las familias y el profesorado, no solo para el seguimiento de la labor docente, sino sobre todo en lo relativo a la educación en valores, a la salud psicosocial ante el confinamiento", destaca. Tienen para ello el asesoramiento de profesionales y psicólogas, de las propias familias del centro.

"Nosotros intentamos que tenga una rutina por las mañanas pero le cuesta ponerse", expone Ignacio sobre su hija, a la que procura actividades para tenerla entretenida. Aunque desde su colegio han relajado la exigencia, las nuevas tecnologías están permitiendo que siga las clases de la academia de inglés e incluso de guitarra, estas últimas compartidas con su madre. El Whatsapp lo utiliza, detalla esta familia, para hacer videollamadas con sus amigas pero como forma de ocio, "jugar y hacer manualidades, por ejemplo". El padre ha aprovechado para enseñarle a subir sus documentos de trabajo a internet. "Ella lo lleva bastante bien, pero hay madres que se quejan en el chat, porque están separadas y siguen trabajando y no dan abasto", cuenta sobre las situaciones que también les llegan de otras familias.

Adaptarse a la realidad de cada casa parece la opción más saludable para la convivencia. También los centros educativos intentan atender a todas las circunstancias familiares para mantener el contacto con los alumnos y sus padres. En ese sentido, el San Ignacio no se olvida de la brecha digital, de ahí que cuenten con un red de WhatsApp gestionada por la jefatura de estudios y las personas delegadas de familia de cada tutoría. También se ha habilitado un correo electrónico ecoescuelaceipsanignacio@gmail.com y un teléfono 671566112 donde se resuelven dudas, disponible de lunes a viernes de 12.00 a 13.00 horas.

El colegio Compañía de María también tuvo muy claro desde el primer momento la diferencia de conocimiento que podía haber entre los alumnos en el manejo de las nuevas tecnologías y las distintas herramientas. "Nos preocupaba el nivel de competencia digital y en las reuniones virtuales lo hablamos entre los profesores", explica Alfonso Álvarez, jefe de estudios de Secundaria y Bachillerato del colegio Compañía de María. En su caso la plataforma usada para sus aulas virtuales se incluye en el paquete de Microsoft, especialmente Teams que está en el Office 365. Los profesores también trabajan con Suite de Google. "Se sobrelleva la situación, aunque no es lo mismo -admite-. Tengo claro que la educación tiene que ser presencial".

La intención de los responsables de la Compañía desde el principio del confinamiento es que debían seguir prestando la acción tutorial o el acompañamiento, servicios que a pesar de estar cerrado el colegio debían seguir adelante. "No solo era seguir con las asignaturas", defiende Álvarez. De ahí que insistieran a los tutores en que estuvieran atentos a las familias. "En general la respuesta es buena", asegura. Ante las circunstancias en que se desarrolla toda esta actividad docente no presencial ese trato con las familias incluye una idea: no perturbar la tranquilidad del hogar, aunque sea no enviando información, tareas o mensajes a partir de una hora. "Todos recibimos avisos en los dispositivos y decidimos que la hora límites eran las seis de la tarde para no molestar", indica.

Las Cortes también tuvo claro que el nivel de recursos de las familias es limitado, y que no todos podrían seguir un ritmo frenético. "En todas las casas hay un móvil, y se puede seguir un tutorial, pero no un juego online para operaciones matemáticas o lecto escritura, por ejemplo. Porque no todos tienen un ordenador", señala García Sosa.

A pesar de las circunstancias excepcionales, de que el confinamiento en casa puede ser duro para los menores, de que en algunos casos pueden empeorar su comportamiento, las familias reconocen la actitud de los pequeños, que se están adaptando lo mejor posible a esta nueva vida provisional. En la mayoría de los casos la rutina sigue siendo la tónica dominante para conseguir esa adaptación. "Para hacer más llevadero esto", admite Fran. "Amalia está en tercero de Primaria, en mayo cumple 9 años. Se levanta, no tan temprano como un día de colegio normal pero tampoco tarde. Desayuna, se cambia de ropa y la mañana la dedica a trabajar en todo lo que le manda su tutor y que se corresponde con las asignaturas que contempla su horario. Se le imprime y también lo tiene en su ipad, que le facilita las tareas. A veces son enlaces de vídeos de diferentes asignaturas. A veces tiene preguntas sobre lo estudiado", narra sobre su hija. No puede quejarse, es buena y disciplinada, y por ejemplo ayuda a poner la mesa y quitarla. La tarde, como ocurre en otras familias, reparte su tiempo entre el skype para hablar con su mejor amiga, Alexa, y sus primas; la Wii, sobre todo la Wii Fit que ayuda a que haga ejercicio físico; sus juguetes y sus muñecas. Por la noche ve algo de tele y a veces lee para quedarse dormida. "En ningún momento se ha rebelado. Mi experiencia está siendo muy positiva, la verdad. Estoy contento con la planificación establecida por el colegio y ella está respondiendo muy bien", confima este padre tras casi dos semana de confinamiento de alarma.

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