El parqué
Jornada de cautela
SANIDAD
Tres meses y 13 días. Ese el tiempo que José Ángel Bódalo lleva acampado en la puerta principal de acceso al Hospital de Puerto Real. Tanto tiempo, que ha acabado por convertirse en un elemento más del paisaje hospitalario hasta convertirse en invisible. “De aquí no me muevo aunque me cueste la vida”, decía hace ahora 100 días cuando inició su protesta, y el tiempo parece decir que está dispuesto a cumplir esa promesa.
Desde entonces, ni las fuertes lluvias, ni el frío, ni el calor de los últimos días han conseguido doblegar a este vecino de la barriada Río San Pedro de 49 años. Pero el tiempo no pasa en balde. José Ángel no está bien. Los muchos días que lleva en la calle le están pasando factura a la enfermedad que ya tiene de base, y psicológicamente está muy tocado. “Todo esto me está provocando un daño tremendo”, dice. “¿Quiero irme? Sí, pero es que no puedo volver a casa porque así no se puede vivir. Necesito una solución a un problema de salud que me han generado. Estoy totalmente desesperado y todo el mundo tiene un límite. No hay nada peor que perder la esperanza”.
Según relata, en 2014 se sometió a una septoplastia en el Hospital Universitario de Puerto Real para corregir un problema en el tabique nasal, una intervención bastante común. “Antes de la intervención me ofrecieron operarme también de los cornetes inferiores, pero yo rechacé esa intervención puesto que en 2011 ya me habían operado de ello en Cádiz, y había dado buenos resultados. Además, me habían dicho en el hospital que los cornetes eran unas estructuras que cuanto menos se toquen, mejor”, explica José Ángel Bódalo, al tiempo que muestra un informe médico en el que se recoge de forma detallada que “se le plantea al paciente la radiofrecuencia de los cornetes inferiores pero prefiere esperar al resultado de la septoplastia”. El rechazo de José Ángel a esa intervención aparece hasta dos veces en su informe médico.
Tras la operación para corregir su tabique nasal, José Ángel recuerda que empezaba a sentirse “muchísimo peor”, y comenzó entonces un peregrinar por distintos hospitales para intentar encontrar una solución a sus problemas. “Recurrí a una clínica privada donde me realizaron un TAC, a través del que se descubrió que lo que había habido era una amputación de los cornetes inferiores”, lamenta José Ángel.
Los cornetes inferiores, una vez amputados, no vuelven a crecer y, por tanto, no realizan su importante función: calentar, humedecer y filtrar el aire que respiramos. Es entonces, en una clínica de Madrid a la que también acudió, cuando a José Ángel se le diagnostica el llamado ‘Síndrome de la Nariz Vacía’, una patología cuyos principales síntomas son la sequedad de la mucosa nasal, congestión del resto de los tejidos nasales y la pérdida de la sensibilidad al flujo aéreo nasal ya que, al respirar, el aire pasa demasiado rápido, demasiado frío y demasiado seco, lo que puede provocar que los pacientes sufran aturdimiento, mareo e incluso sensación de falta de aire.
Síntomas que afectan a la calidad de vida y que en casos como el de José Ángel, le han impedido seguir desarrollando su trabajo de calderero en la industria Naval porque “no rendía igual que el resto de compañeros y hace ya casi cinco años que tuve que dejarlo”. Además de esto, es habitual que quienes lo padecen, como es el caso de José Ángel, sufran falta de concentración, ansiedad y depresión clínica.
“En el SAS me dicen que no tienen tratamiento para mi problema, pero sí hay una alternativa de reconstrucción en una clínica privada, que tiene un coste de más de 15.000 euros. Yo no quiero otra cosa que tener calidad de vida”. Ya ha presentado una denuncia por la vía administrativa que ha sido rechazada y ahora ha acudido a la vía penal. “Yo de aquí no me muevo hasta que me arreglen el problema, aunque me tenga que morir aquí porque llevo ya siete años luchando”, afirma.
Sobre este asunto, fuentes del Servicio Andaluz de Salud (SAS) han asegurado a este periódico que el paciente ha tenido varias intervenciones, y que la primera de ellas fue en una clínica privada y no en el hospital de Puerto Real. Además, aclaran que el paciente ha interpuesto diferentes reclamaciones que han sido respondidas por parte del Hospital.
Sin embargo, José Ángel asegura que la clínica privada a la que había acudido con anterioridad es el Hospital de San Rafael de Cádiz, donde fue atendido derivado de la sanidad pública, a través del concierto sanitario.
El SAS insiste en que existen sentencias desestimatorias a la denuncia que José Ángel Bódalo ha presentado. Una interpuesta en el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 2 de Cádiz donde el fallo, de marzo de 2020, de dicho Juzgado es desestimatorio por entender que “no existe un nexo causal” y que “el daño no es imputable a la administración sanitaria”. Y otra, de un recurso ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo con sede en Sevilla del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que con fecha diciembre de 2021, falla: “ No haber lugar al recurso de apelación”.
Sobre las sentencias judiciales, José Ángel considera que “el abogado de oficio que me asistió no actuó bien, porque ni tan siquiera presentó las pruebas en las que yo no daba el consentimiento para que no me interviniesen los cornetes”.
Hace dos semanas, gracias al apoyo económico de familiares y amigos, José Ángel acudió a una clínica especialista en Sevilla en la que de nuevo le han diagnosticado el Síndrome da la Nariz Vacía. Allí se ha sometido a pruebas médicas que espera poder utilizar en un nuevo proceso judicial. “El Ayuntamiento de Puerto Real me está prestando asesoramiento jurídico y esperamos poder iniciar un proceso que esté libre del corporativismo que tienen muchos sanitarios que trabajan en clínicas privadas, pero que también lo hacen para la sanidad pública y se tapan unos a otros”.
Muy afectado por todo lo que le está pasando, no se explica “cómo se permite que se mienta impunemente, que todos se laven las manos mientras a mí se me generan unos problema de salud que no me permiten vivir y que solo quiero me solucionen para tener calidad de vida”. Insiste José Ángel en que “es una humillación tener que dormir en la puerta del Hospital, donde todo el que pasa se me queda mirando. No tengo ganas de ser un circo, pero nadie hace nada para poner fin a esta solución. Me tratan así, porque saben que han cometido un delito grave y nadie quiere dar la cara”, dice convencido.
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