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PARECE ser que en España alrededor de 455.500 personas viven directamente de la política. Este dato es -no podía ser menos- oficioso; es decir, lo que oficialmente no se atreven a decir a los 5.000.000 de parados ni a los atónitos contribuyentes de esta orgía impúdica.
Desglosando la cosa, podemos ver que se contabilizan 8.812 alcaldes, 65.896 concejales, 1.031 diputados provinciales, 650 diputados y senadores, 1.206 parlamentarios autonómicos y unos 150 responsables de cabildos y consejos insulares. O sea, casi 80.000 cargos electos y directos. Si se le añade los 200.000 enchufados a dedo resulta que no hay que buscar mucho para encontrar la clave del desastre económico que atraviesa el Reino, ni que a éste se le cuelgue en el exterior el cartelito de "Liquidación por derribo". En el interior, como somos muy cachondos, decimos que es el chichi de la Bernarda.
Autonosuyas de opereta, deudas soberanas, rescates aparentes, políticos y allegados con sueldo público, obras faraónicas sin rentabilidad y grandes porcentajes de comisiones, contubernios, vámonos que nos vamos a tocateja, embajadas fantasmas, jubilaciones millonarias de los banqueros sinvergüenzas, pensiones vitalicias y la debacle de las Cajas de Ahorro que nacieron al socaire de los Montes de Piedad y que desde que están dirigidas por políticos para hacer de ellas sus corralitos, no levantan cabeza… ¿Podría establecerse ya dónde empieza la España desmandada y la España mansurrona? Ya se lo preguntó Cicerón: "Usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?". Aquí es posible que todos sin excepción se lo pregunten, pero hacer… Tolón, tolón.
Explicar todo esto y, además, digerirlo cuando las pensiones mínimas rozan los 640 euros y cuando se anuncia que la edad de jubilación será a los 70 años; que tendremos que llevar la jeringuilla y la aguja cuando vayamos a ponernos una inyección, o que en las escuelas cada niño aportará las tizas y el euro para costear la manutención del docente, visto en perspectiva parece un sarcasmo dramático que aconseja ignorarlo todo para no hacer comparaciones entre lo actual y el bandolerismo de antaño, cuando cada diligencia (o los mismos pasajeros) llevaban los doblones preparados para pagar el peaje a los tragabuches de turno.
"Esto no puede seguir así" es la frase que más se oye, pero aquí nadie salta. Una célebre escritora norteamericana, Charlotte Morrow, dijo: "Si un partido político se atribuye el mérito de la lluvia, no debe extrañarse que sus adversarios le hagan culpable de la sequía". En la actualidad ya no cabe generalizar diluyendo esta consideración en el paraíso partidista. Cada miembro, al considerarse pieza clave en el tinglado, debería atribuirse personal y equitativamente la culpa, ¿no aprovechan la mínima oportunidad para ponerse medallas? Pues que se pongan en la cola para recibir patadas en las entrepiernas cuando llegan los desastres. Claro que todo esto ocurre por erigir en directores de orquesta a los que no saben ni tocar una campana.
Hay una frase coloquial que dice: "tiene salida de pata de banco" y se refiere a las contestaciones o soluciones necias o inoportunas. Que el Gobierno diga -entre otras sandeces- que va a recortar las vacaciones de los funcionarios, es una salida de pata de banco. Después de lo que se dice al principio de esta columna, ¿cree usted que esto serviría para algo?, ¿tienen que pagar los funcionarios con sus vacaciones?, ¿por qué no hacen recuento los diputados y senadores de las que disfrutan o de las bicocas que ellos mismos disfrutan?
Otra salida de pata de banco es cuando se dice que los corruptos deben ir a la cárcel. Vale, de acuerdo, a pesar de que al ciudadano le dé igual dónde yazcan sus huesos. Lo importante es que antes del pijama a rayas pasen por caja para devolver el dinero contante por el que se ganó la sentencia condenatoria. Dígame la razón por la cual usted tiene que pagar por todo y el de la casta, ya sea por incapacidad o por beneficio propio sigue teniendo bula para vivir del momio.
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