Tribuna

Carlos García Cárdenas. Doctor en CC. de la Comunicación

La venta de esclavos en el Cádiz de las Cortes

El Diario Mercantil publicitaba la esclavitud, con operaciones de compraventa, como algo natural y aceptado, un producto más que ofrecer en sus páginas

LA Historia de la Publicidad supone una disciplina relativamente reciente que, en cierta medida, adquiere un matiz multidisciplinar gracias a la gran cantidad de datos, unos directos y otros indirectos, que los anuncios pueden proporcionar a lo largo del tiempo. Por lo que a la prensa del primer cuarto del siglo XIX respecta, nos llama poderosamente la atención una serie de anuncios relacionados con una de las lacras que hoy en día nuestra sociedad condena por indigna y claramente atentatoria a los derechos humanos. Nos estamos refiriendo a la esclavitud, generalmente admitida en la España de entonces y publicitada en Cádiz por El Diario Mercantil como algo natural y aceptado, un producto más que ofrecer en sus páginas.

En realidad, los inicios de la esclavitud hay que entroncarlos con el nacimiento de las primeras civilizaciones de la Historia. A raíz del descubrimiento de América, la cuestión de la esclavitud adquiriría una nueva dimensión con la introducción de esclavos en el Nuevo Continente, sobre todo en las islas del Caribe y luego en las colonias inglesas del Norte por parte de los europeos. Aunque el siglo XVIII marca la gran etapa de esplendor económico de Cádiz, enriquecida con el comercio ultramarino y la Casa de Contratación, desde varios siglos atrás se había ido estableciendo en la ciudad un considerable comercio de esclavos, incentivado con la conquista castellana y ampliado sensiblemente durante la aventura americana. A partir de ese momento, como apunta Pedro Parrilla, el 10% de la población local presentaba un abigarrado conjunto de población marginal, compuesta básicamente por negros, moros y castas pardas, que servían como criados y, en el caso de que lograran su libertad, pasaban a ejercer oficios muy humildes. Ya, el dramaturgo gaditano González del Castillo, en sus sainetes, hacía referencia a los esclavos negros de Cádiz como pertenecientes a las capas más bajas de la sociedad y como contrapunto " a la honestidad y el derecho a la dignidad propias de los blancos". Por su parte, dado que en Cádiz no existían labores agrícolas, la esclavitud quedó ceñida prácticamente al ámbito de la servidumbre, con personas que habían vivido o tenían alguna vinculación con América y, al llegar a cierta edad, adquirían la condición de libertos.

Particular impacto causó en Europa la revolución de los esclavos de Haití, proclamando su libertad y culminando un proceso revolucionario el 1 de enero de 1804 con la proclamación de la primera república negra de la historia. Sin embargo, no fue hasta el 25 de marzo de 1811 cuando en las Cortes de Cádiz se empezó a cuestionarse la esclavitud. Ese día el diputado mejicano José Guridi Alcocer presentó ocho proposiciones tendentes a abolir el tráfico de esclavos así como a conseguir la libertad de sus hijos. Definió la esclavitud como contraria al derecho natural, sólo justificada porque interesaba mantenerla al servicio de las fincas de algunos hacendados. Sin embargo, el contenido de sus propuestas fue tal, que, en principio, ni siquiera se publicó en el Diario de Sesiones ante las reticencias de los elementos más antiabolicionistas. Por ello, uno de los diputados americanos más liberales, el siempre brillante e incisivo José Mejía Lequerica, mostró públicamente su disconformidad. Días después, el 2 de abril, con ocasión del debate sobre la tortura, el diputado asturiano Agustín de Argüelles planteó de nuevo la cuestión del tráfico de esclavos, que consideraba " no sólo opuesto a la pureza y liberalidad de los sentimientos de la Nación Española, sino al espíritu de su religión". En cambio, a renglón seguido, quiso dejar bien sentado que, no se trataba de liberar a los esclavos de las posesiones de América, sino de hacer una llamada a los dueños de las plantaciones caribeñas para mejorar sus cultivos por otros métodos.

Ni que decir tiene que esta intervención de Argüelles provocó gran controversia en el seno de las Cortes, siendo los diputados cubanos los que mostraron mayores discrepancias, alegando que la abolición de la esclavitud supondría no solo un grave peligro para la economía de sus propiedades, sino también para la paz social. En consecuencia, el Ayuntamiento, el Consulado y la Sociedad Patriótica de la Habana firmaron un manifiesto de rechazo, pidiendo que se impusiera "la prudencia y la razón moderada".

A partir de aquí, según José Mª García León, no solo no se volvió a plantearse en las Cortes la cuestión de la esclavitud sino que en las páginas el Diario Mercantil de Cádiz podemos ver cotidianamente toda una serie de anuncios relativos a la compraventa de esclavos negros, desde niños entre los siete y dieciséis años hasta adultos de ambos sexos, especificándose incluso en algunos de ellos su precio: 210 duros. Especialmente solicitadas era las mujeres de entre dieciocho y cuarenta años, destinadas por lo común al servicio doméstico como lavanderas, costureras y cocineras. En estos anuncios se señalaban las cualidades de rigor al uso, esto es el que todos ellos estuvieran sanos, fueran "fieles y humildes" y, cómo no, su buena conducta y el conocimiento de la doctrina cristiana, aspectos éstos que nos sugieren una cierta humanización de la práctica esclavista. En ocasiones, incluso, se tratará de suavizar la condición de esclavo a través de ciertas expresiones coloquiales en las que subyace una intencionalidad menos peyorativa, como el uso del diminutivo o del término "moreno". Los puntos de referencia irán desde las calles de la Candelaria, Pelota, San Antonio y Veedor hasta la redacción del propio Diario Mercantil.

Con todo, aparecerán otros anuncios cuya terminología e intencionalidad sí responderán a las constantes más duras, típicas de la literatura esclavista de la época, como este sobre la fuga de una esclava: "El 29 de mayo se fugó de la casa núm. 103, calle del Horno Quemado, una negra de unos 22 años, carirredonda, de regular estatura. Iba con sarga de franela negra, mantilla de bayeta de dicho color guarnecida con cinta de terciopelo, pañuelo pajizo, aretes de plata sobredorada. Se suplica al que supiese su paradero lo avise a la mencionada casa en donde se le gratificará". O este otro sobre una posible pérdida: "Se ha extraviado de su amo un negro llamado José Mª Ruiz, de edad de 20 años, que acaba de llegar de la Habana en la fragata Diana. La cara la tiene rayada, pelo largo, estatura regular, de oficio zapatero, al que diera razón de él se le entregará 100 pesos fuertes sin dilación alguna.

En 1817 España se comprometió a abolir la esclavitud en sus posesiones americanas durante los años venideros. Sin embargo, durante el Trienio Liberal (1820-1823) estando de nuevo vigente la Constitución de 1812, todavía se podía leer en el Diario Mercantil de Cádiz la venta de una negrita de diez años, sana y sin tachas.

Definitivamente, por parte de España la esclavitud no se aboliría hasta 1874 (Puerto Rico) y 1886 (Cuba)

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