Su propio afán

Enrique / García-Máiquez

El truco del cuco

02 de mayo 2016 - 01:00

DE la nueva versión de El libro de la selva sólo me inquietó el final; pero mucho. Que fuese nada más que el final tiene su mérito porque acudo a las nuevas versiones con las alertas activadas. Permiten ver cómo se van (nos van) colando los tópicos de cada época y dónde pone ésta su acento. La nueva película es muchísimo más violenta, aunque aún puede verse. El final, sin embargo, no me gustó nada, pues Mowgli no se va a la aldea de los hombres en alas del amor, que era el final Disney: a la vez romántico, sensato, melancólico y humanista. Aquí se queda de parranda con el oso y la pantera, como un signo de estos tiempos animalistas y alérgicos a la civilización. En el libro volvía con su madre (que no está mal para recordarlo ayer, día de la madre, cuando escribo este artículo, aunque ustedes lo leen hoy) y no terminan de encontrar la paz hasta que se mudan a un pueblo donde rige el Estado de Derecho, representado por los ingleses. Tampoco es mala moraleja frente a los desfallecimientos constitucionales.

Mis hijos no cayeron en esos matices, aunque su entusiasmo sigue estando con la película de Disney, y por ahora es bastante. Mi hija de cinco ha salido de la nueva con un sentimiento primordial permanente: el horror. Lo que le ha espantado tanto es el truco del cuco, que explica el tigre Shere Khan. Está muy impresionada por la maldad de un pájaro que no sólo es capaz de colar su huevo en otro nido, que sería un caso de picaresca, sino que el pollo del cuco, cuando sale del huevo, echa a sus hermanastros para quedarse él con toda la comida. El horror de mi hija es lógico; y, además, ha sabido quedarse con lo único real de una película plagada de efectos especiales.

Yo, por deformación profesional, he pensado en la política. Casi todas las ambiciones usan la misma táctica: ponen el huevo en el nido del fracaso del rival o, incluso, del compañero de partido. Susana Díaz espera pacientemente que los polluelos o los sueños de Pedro Sánchez rompan el cascarón y resulten raquíticos, para echarlo del nido. Rajoy espera a una estrepitosa caída del PSOE que lo fuerce a la gran coalición; y el cuco más listo o lista es quien aspira a suceder a Rajoy: ya habrá puesto los huevos en el nuevo fracaso del líder del PP, pero no sabemos quién pueda ser.

Me duele el espanto de mi hija, pero, para desactivar el truco del cuco, tan corriente, hay que conocerlo. Y que nos repugne.

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