Desde principios del siglo XVII este cuento de hadas escrito por el italiano Basile se convirtió en un clásico de la literatura infantil. En él nos narra las peripecias de una muchacha que vive un mundo fantástico hasta que, llegadas las doce de la noche, todo vuelve a la cruda realidad. Hoy la triste experiencia de la pobre Cenicienta la viven todos los ciudadanos que, disfrutando de su tiempo de vacaciones y diversión con los amigos, cuando llega la medianoche ven como se cierran los restaurantes, se clausuran los bares y se apagan las ciudades, para tener que volver a esa cruda realidad impuesta por los gobernantes. Y la pregunta que surge es ¿de qué está sirviendo el vacunarse?

Ciertamente los índices de contagio son altos, muy altos, pero se están cometiendo errores graves, muy graves. El primero es no ofrecer datos del porcentaje de fallecidos con la vacuna puesta. Esto ofrecería una visión más clara de cuál es la capacidad real de protección que ofrecen las vacunas y podría animar a aquellos que se niegan a ponérselas. Pero mientras esta información se oculte damos pábulo al imaginario colectivo y no aportamos una visión global y clara de la lucha contra la pandemia.

El segundo error es la insistencia en seguir castigando a todos los ciudadanos con las mismas limitaciones, aforos y horarios. Si todos los asistentes a una reunión están vacunados ¿porqué deben cumplir unas distancias o asistencia determinadas? Es decir, podemos viajar en avión tantos como quepamos, gracias al pasaporte sanitario, pero no compartir una paella en el bar de la esquina. Esta situación tiene que terminar, y las limitaciones y normas deben ser aplicadas únicamente a los no vacunados hasta que lo estén. Porque las sociedades modernas no se basan en el castigo global mientras quede alguno sin vacunar, eso es la panacea y es ridículo que cualquier autoridad sanitaria plantee soluciones tan simplistas. Premiemos a los vacunados dejándoles que vuelvan a la normalidad y, probablemente, muchos reticentes desistan de su posición.

Y un tercer error final es seguir midiendo la gravedad de la situación sólo en base a los contagios producidos en los últimos 14 días. Crear un índice que pondere vacunados, contagios, ingresos, UCI y fallecimientos, en función de la población, sería más correcto y permitiría ver la influencia real de la campaña de vacunación en la lucha contra la pandemia.

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