La firma invitada

Francisco Reinoso

El ojo de Dios

18 de junio 2009 - 01:00

SI pudiéramos asomarnos al firmamento como nos asomamos al balcón de la plaza del Cabildo de Arcos, exclamaríamos el mismo taco, el mismo exabrupto, por la sensación de vértigo. Ocurre igual asomándonos al cielo, como mirando hacía abajo. Es la sensación de algo tan distante, tan lejano, que al menos produce desasosiego e inquietud.

La Vía Láctea, en donde se encuentra nuestro sistema solar, tiene unos trescientos mil millones de estrellas y estos soles tendrán planetas, lunas... Vértigo me dan los números, como me da vértigo lo pagado por el traspaso de Cristiano Ronaldo.

En el cuadro de Pedro Pablo Rubens llamado La Vía Láctea, se observa a Heras soltando la leche alimenticia que cayendo en el cosmos dio lugar a esa galaxia.

Siempre te asombra y te empequeñece como un grano de polvo la visión y los números del firmamento. Lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño son dos aspectos de la misma cosa.

El trabajo diario nos pone los pies en el suelo, nos hace prosaicos, nos hace olvidarnos de las grandes preguntas. El bache de la calle, el alumbrado público, el préstamo, el fin de mes en números rojos, nos fija como un árbol a la tierra. Pero el firmamento, las nebulosas y las galaxias, nos obligan a contemplar la vida como algo misterioso. El ciprés es un árbol sabio: tiene hundidas las raíces en la tierra que lo hace fuerte y longevo, y apunta hacia el firmamento que nos obliga a mirarlo hacia arriba. ¿O es hacia abajo?

Observando fotografías de las nebulosas quedamos impactados de tanta belleza y de tanta lejanía. De nuevo el vértigo. Las nebulosas están constituidas por gases y polvo. Es un lugar en donde nacen estrella. Otras veces son lugares donde yace una estrella muerta.

Existe una nebulosa, Hélix, llamada popularmente 'El ojo de Dios', que es espectacular. Se trata de los restos de la muerte de una estrella, algo que ocurrirá con nuestro sol dentro de millones de años. 'El ojo de Dios' está a nueve billones quinientos mil kilómetros y su gas se extiende a 100.000 kilómetros por hora. Decía Teilhard de Chardin, científico católico jesuita, que "en la escala de lo cósmico sólo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero."

'El ojo de Dios', sabiendo que está formado por gases y polvo, es una nebulosa inquietante. Es el ojo de Dios dentro del triángulo, presente en muchos retablos eclesiales y en los billetes de un dólar norteamericanos. El triángulo simbólico de la Trinidad y en medio el ojo de Dios, como el ojo de Horus, el dios egipcio del sol y de la luz, presente en los jeroglíficos de los templos.

En la nebulosa 'El ojo de Dios', a través de la córnea, se ven galaxia mas lejanas aún, que nos hacen plantearnos nuestro sitio en el equilibrio cósmico y que aquí, el aleteo de una mariposa, imperceptible, puede errar un pronóstico meteorológico. Es la unión entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño.

¿Mejor es no pensar?

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