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SE podría pensar, a la vista de tantos escándalos, grandes y pequeños, públicos y privados, que la gente se cortaría un poco. Pero los comportamientos sólo se deben estar corrigiendo en apariencia porque, a pesar de los llamamientos constantes a la lucha contra la corrupción, rara es la semana en la que no aparece un caso nuevo, de esos que nos hacen llevar las manos a la cabeza y a la cartera. Ha dicho esta semana el subdelegado del Gobierno en Cádiz, Javier de Torre, cual cool hunter, que las infracciones con empresas ficticias (véase la Operación Relisto) crecieron un 865% en 2013 y que son, por tanto, "el fraude de moda en la provincia de Cádiz". Ojalá fuese así. El problema es que no es la única moda. O que lo que está de moda, simplemente, es el fraude. Hay muchos más escándalos que tal vez no aparezcan en la estadísticas oficiales porque, digamos, se trata de casos que están más institucionalizados, que ya se sabe que la picaresca es costumbre nacional bien arraigada por los siglos de los siglos. Desde hace tiempo, está de moda también usar el dinero de los contribuyentes para enchufar en diferentes instituciones a amigotes y compañeros de partido que necesitan de un trabajo y no saben hacer la O con un canuto. O utilizar las empresas de diferentes instituciones como si fuesen privadas para tratar de eludir los procedimientos públicos y hacer, con el dinero de todos, lo que a algunos les da la gana. Por ejemplo adjudicar obras a las empresas que interesan, por supuesto tratando de disimularlo con toda clase de argucias -incluso poniendo precio al silencio-, aunque a veces haya algunos a los que les pillen 'in fraganti'.
La moda de primavera 2014 viene cargada de influencias egipcias y recupera la utilización de materiales reciclables, como las bolsas de basura de plástico, muy útiles para ocultar el dinero negro -en qué sitio mejor- que a su vez sirve para engordar oscuros intereses y abultadas cuentas corrientes que, debido a la lentitud y escasez de medios de la Justicia, resulta difícil rastrear por mucho que a veces la pieza esté ante nuestras propias narices.
No pasa de moda el uso y abuso de algo tan supuestamente necesario como la formación de los desempleados y la defensa de los derechos de los trabajadores para defraudar y acabar creando una necesidad donde no la había. O, un básico que ha de estar en todo fondo de armario: sacar convocatorias de subvenciones a empresas para que empresarios sin escrúpulos, muchos con buenas relaciones en los partidos que gobiernan, se hagan de oro y que luego, si alguien es capaz, que los busquen.
Podríamos seguir. Hay tantas pasarelas de moda que se necesitarían miles de kilómetros de moqueta para ver desfilar a sus protagonistas, a buen seguro sonrientes y altivos, convencidos de que, por mucha indignación que exista en la calle, al final, en la mayoría de los casos, sus paseíllos les acaban saliendo gratis.
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