15-M: fulgor y decadencia

28 de mayo 2011 - 01:00

DOS semanas después de que se manifestaran contra el sistema político y económico vigente y, acto seguido, acamparan en muchas plazas de España, el Movimiento 15-M se enfrenta al hecho de sobrevivir al fulgor que lograron -en buena medida por la atención que los medios hemos dedicado a un fenómeno cuyo éxito sorprendió aquel tercer domingo de mayo- en plena campaña electoral del 22-M y no caer en una decadencia a la que están abocados seis días después de las votaciones. Hasta la carga policial de ayer en Barcelona, ordenada tras la negativa a desalojar la plaza de Cataluña, el movimiento se estaba desinflando. Y es lógico: su actitud de ocupación permanente e insalubre de espacios públicos, privando a otros ciudadanos de su uso y perjudicando las actividades mercantiles que en ellos existen, no puede ser indefinida. Pero los argumentos del declive no son exclusivamente físicos, sino también de fondo. En los días que llevan acampados, no se han concretado las propuestas que persiguen. Pero sobre todo, hay una razón esencial para que este movimiento se descafeíne: los ciudadanos se han expresado el 22-M en las urnas, que es como se deciden las cosas en democracia. No se puede imponer cambios desde campamentos, sino conquistarlos desde el Parlamento, previa obtención de votos. Precisamente, no es entendible su negativa tajante a articularse como fuerza política para defender su ideario ante las urnas, que sería lo lógico a la vista de la simpatía cosechada entre los hastiados por los defectos del sistema. Todo ello puede convertir a estas concentraciones en meros reductos de grupos antisistema. Lo ocurrido en Barcelona -negarse a desalojar para que fuese limpiada la plaza- lo prueba. Este movimiento, positivo en cuanto a su crítica y rechazo a lo que no va bien, debe huir del utopismo. Si no es el germen de una nueva opción política, debería serlo al menos de plataformas ciudadanas críticas y razonables, capaces de movilizar pacíficamente en pro de reivindicaciones concretas. Si lograsen eso, ya habrían cumplido una función social.

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