¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

La del escote y el del mondongo

Nunca hemos ido al cementerio a limpiar tumbas, ni nos hemos disfrazado de Nosferatu en la ya no tan novedosa noche de Halloween. Pese a nuestra cultura cristiana, la festividad de Todos los Santos no nos dice nada especial, por lo menos no más que la dedicada a San Arcadio, y sólo hemos visto una vez representado el Tenorio, una fría noche de noviembre -como manda el canon- a los pies del Alcázar de Sevilla. En general, toda esta casquería de esqueletos, zombis y niñas asesinadas más que temor nos genera un poco de asquito. Lo que de verdad nos da miedo son otras cosas, otros cuentos de terror con arquerías góticas, como el viaje al Vaticano de Carmen Calvo o, peor aún, los tratos con Villarejo de Dolores de Cospedal y su consorte, ese clásico producto de unas élites españolas que, desde el siglo XVI, están obsesionadas con el poder y el dinero, incapaces de cualquier generosidad en el servicio público. Al estirado Ignacio López del Hierro, el Bigotes lo llamó, con gracia castiza y choriza, "el hombre del mondongo". Eso sí da susto.

Pero volvamos a Carmen Calvo, que fue al Vaticano con su escote -nos parece bien, no hay que vestirse de monja para ir a ver a los curas- y un poco más y terminamos en guerra con los Estados Pontificios. El cardenal Parolin tuvo que mandar a matizar las palabras de la vicepresidenta y sacarle los colores al Gobierno de España, un Estado que, aunque tiene una antiquísima tradición regalista de roces con el papado, nunca había hecho un ridículo de este porte ante la Santa Sede. Lo del destierro de los huesos de Franco, una de las medidas estrellas del presunto sanedrín de Sánchez, ya ha adquirido un cariz cómico-siniestro que deja a España ante su espejo más berlanguiano. El remate ha sido la hazaña de ese zumbado autodenominado artista que pintarrajeó la losa del dictador con algo que no se sabía muy bien si era la paloma de la paz o una cagarruta de buitre leonado. Así andamos en España, el Gobierno mintiendo y los locos profanando tumbas.

Por su parte, las componendas de los señores de López del Hierro con Villarejo nos recuerdan que el PP aún no ha realizado una limpieza a fondo de sus bodegas que lo desvincule de una corrupción que, por lo que se ve, encharcó las moquetas más altas de Génova. Bien haría Casado en dejar de pasearse por Madrid del brazo de Aznar para dedicarse a poner orden en un partido que aún no es consciente del rechazo que ya genera en su electorado. No hace falta extremar el discurso para evitar que los votos se fuguen a Vox o a Cs. Basta con un poco de decencia.

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