Crónica personal
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POCO antes de morir, en su exilio mexicano -ayer se cumplieron los cincuenta años-, Luis Cernuda mandó una carta a su sobrino español con un cheque de 30 dólares, para que le comprara un regalo al niño que acababa de tener, ya que ese niño iba a ser su ahijado. Cernuda no tenía casi dinero, porque vivía de prestado en casa de su amiga Concha Méndez, y además tenía fama de huraño y de misántropo, pero ahí está ese envío de treinta dólares -un dineral en su época- para que le compraran un regalo a un niño al que no había visto nunca. Nadie puede negar que Cernuda fuese raro y maniático y quizá intratable -porque lo fue-, pero cualquiera que lea sus cartas o sus poemas podrá descubrir a un hombre de una extraña grandeza y de una conmovedora generosidad.
Todo eso lo demostró muy bien Antonio Rivero Taravillo en los dos volúmenes de la biografía que le dedicó. Cernuda podía ser altivo y desdeñoso, pero en los primeros años de la República recorrió con las Misiones Pedagógicas los pueblos más perdidos de este país para llevar un poco de civilidad a los rincones más olvidados. En una foto se le ve montando en burro en un pueblo de Ávila. Cernuda lleva pajarita, por supuesto, y va muy bien trajeado, como el dandi que siempre fue, pero aquella noche debió de dormir en un hostal lleno de chinches. Y a él, estoy seguro, no debió de importarle mucho. Me pregunto cuántos poetas actuales nos atreveríamos a hacer lo que él hizo hace ochenta años.
El cincuentenario de la muerte de Cernuda no ha tenido ninguna conmemoración institucional en la Sevilla donde nació, pero no creo que eso le hubiera preocupado mucho a Cernuda. Durante toda su vida tuvo que acostumbrarse al silencio y al desdén, que él también cultivaba con sus manías de excéntrico. Su exilio no sólo fue político, sino exilio personal y exilio espiritual, y de una forma u otra Cernuda habría acabado yéndose de Sevilla, con o sin guerra, con o sin política de por medio. En realidad no estaba a gusto con nadie, excepto con los niños. Era "como un erizo herido por sus púas", por usar un verso del mismo Rivero Taravillo que es la mejor definición que se ha hecho nunca de ese gran poeta. Y da igual que se le rindan homenajes, porque su poesía seguirá aquí durante muchos años. Y es más, en estos tiempos de penurias, estoy seguro de que Cernuda habría preferido que el dinero de su homenaje se destinara a la gente que lo está pasando realmente mal, en vez de dedicarse a halagos y alharacas, dos cosas que nunca le importaron mucho.
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