Navegar habitualmente por las redes sociales ayuda a descubrir que hay personas que disfrutan machacando al otro, personas que viven vigilantes para descubrir un desliz, una opinión desafortunada o simplemente una idea contraria a la suya para agredir verbalmente y ridiculizar a quien no piensa como ellos. Claro que uno de los alicientes de Twitter es el debate de las ideas, y que la crítica, libre y fundamentada, es consustancial a las relaciones humanas, pero hay tantas maneras de hacerlo sin perder las formas que sorprende la escasa capacidad de nuestra sociedad por ponerse, aunque sea por un momento, en el lugar del contrario y rebatir las ideas desde el respeto y, sobre todo, desde la posibilidad de que uno puede estar equivocado. Hace falta el humor -en todas sus vertientes, por cierto-, la sátira, la crítica, pero sobra tanto tuit destilando odio como falta empatía entre todos.

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