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José De Mier Guerra /

La 'ecla', el 'flit' y el 'gas'

10 de junio 2012 - 01:00

No siempre hemos llamado a la cosa por su nombre, en ocasiones a la cosa le dábamos un nombre muy particular según el lugar en donde se pronunciara y llegaba a hacerse popular una denominación de la cosa que realmente no era su nombre original.

Durante mucho tiempo a la crema para el calzado, en Chiclana se le llamó "Ecla", todavía alguna persona mayor seguirá pensando en una "cajeta de ecla" o "betún para los zapatos". La sociedad ECLA Meyer popularizó una crema para los zapatos que distribuyó en cajas de hojalata, yo la recuerdo como pequeña y roja y en la tapa se podía leer "no quema el calzado, sin esencia, sin acido". Tal vez el boom del producto sería en la guerra, donde tantas botas hubo que limpiar pero yo aún la puedo recordar, luego debió de producirse hasta cerca de los años sesenta. En la tienda, para pedir crema para los zapatos se pedía la caja de ecla, en este caso a la cosa no la llamábamos por su nombre sino por su marca, sin pretenderlo.

Algo parecido ocurría con los insecticidas para las moscas y los mosquitos, era "el flit", nadie pedía ni matamoscas, ni insecticida, al tendero se le pedía flit y ya sabía lo que le estaba demandando. En este caso se llamaba de esta manera tanto al insecticida líquido, como al artilugio que servía para fumigar.

En los años cincuenta y sesenta en Chiclana era enorme la presencia de moscas, no solo por la cercanía de humedales sino por otras muchas circunstancias siempre relacionadas con las dificultades de limpieza. En muchas casas existía algún corral y en muchas otras la cuadra, para el borrico o el mulo, era una parte importante de la vivienda unida al patio interior y el animal salía por la misma "casapuerta" que las personas. Las vaquerizas estaban dentro de la ciudad y la vendimia dejaba las calles del pueblo manchadas y pringosas por el mosto durante al menos dos meses, solo las lluvias fuertes de Noviembre tenían la capacidad de limpiarlas. Recuerdo como por las tardes, se procuraba cerrar las ventanas de la sala y dormitorios y antes de atrancar las puertas por fuera se había fumigado, su interior, con el flit , las moscas caían al suelo de tal manera que a veces había hasta que volver a barrer. Debido a esta gran cantidad de insectos el fumigador y el líquido insecticida se hicieron muy populares y necesarios. El cacharro del flit era de hojalata, constaba de un depósito como una lata de cerveza al que iba soldado en su parte mas larga una especie de "bombín de bicicleta", este depósito tenía en la parte superior una apertura con tapón de rosca para introducir el líquido, que se podía comprar en la droguería a granel. Los americanos, que lo inventaron, le llamaban el "flit gun", "pistola flit" y era imprescindible en cada casa. El líquido tóxico debido, a que contenía DDT y a la aparición de nuevos insecticidas fue desapareciendo a lo largo de los años setenta del pasado siglo.

La primera competencia seria al carbón vegetal le vino de la mano de la "cocina de petróleo". Esta se componía fundamentalmente de un depósito para líquido, donde se almacenaba el combustible y una torcida o mecha cuyo extremo superior entraba en combustión mientras el inferior estaba en contacto con el derivado del petróleo. En nuestro pueblo, no se por qué razón, a ese liquido le llamábamos Gas. Fueron muy celebres las tiendas donde se expendía este producto, yo recuerdo la de "Rita la del gas", en la calle Huerta chica y aún mas notorias las colas que se formaban "la cola del gas", que merecieron muchos cuplés y pasodobles en carnavales. Lo normal era que tan solo se suministrara una cantidad por persona, casi siempre un litro, el envase había que llevarlo, pero sucedía a menudo que después de unas horas en la cola, cuando llegaba tu turno tan solo te "despacharan" medio litro pues se estaba acabando el bidón y aun había personas en fila.

No duraron mucho tiempo este tipo de cocinas que producían una gran cantidad de malos olores y de humos. La aparición, esta vez si, del gas butano y propano acabaron con ellas y a su vez con las carbonerías. Se siguió usando el gas y la torcida para los reverberos, que demandaba mucho menos consumo.

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