El no va más de las compras. Parece que el mundo se acaba en el americano black friday que se ha instalado en nuestra sociedad de consumo con una facilidad pasmosa, con la facilidad que otorga entregarse ciegamente a un mercado ya de por sí saturado en el que comprar se está convirtiendo casi en una obligación. Libertad hay, desde luego, para que cada uno gaste sus billetes cuando mejor le convenga, pero da la impresión de que esta sociedad tan ágil, tan exageradamente veloz, se detiene poco en pensar cuáles son las verdaderas necesidades de nuestras vidas. La Navidad y sus regalos, sus exagerados regalos, aparecen como la excusa perfecta para abandonarse en los brazos de este viernes de consumo y gasto, en el que parece que nos ahorramos un quintal cuando, si lo pensamos bien, en ocasiones se emplea el dinero en lo que ni se necesita. Por no hablar de los márgenes de beneficio de los productos rebajados.

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