El pinsapar

Enrique / Montiel

El cuadro de Michelena

12 de enero 2016 - 01:00

INCÓGNITAS asociaciones de ideas que me vienen al recuerdo, que es la mente. Cataluña me trae a los ojos, que son el presente, el cuadro de Arturo Michelena titulado Miranda en la Carraca. Es una ficción histórica, el cuadro, pues se gestó con motivo de cumplirse ochenta años de la muerte de Francisco de Miranda, pero ya empiezo a pensar que casi todo en la vida es una ficción histórica, como esta farsa nada castiza del Parlament catalán que ha expulsado a Artur Mas a los márgenes de la historia -a la papelera de la historia, según Benet Salellas (CUP)- y ha elegido nuevo President de la Generalitat a alguien desconocido, el alcalde de Gerona, poseedor de un largo pedigrí independentista, cuidado. La investidura está basada en la mentira de una unidad de casi todos que pretende ser convertida en una mayoría ficcional. Con el enfrentamiento -a martillazos- de un Mariano Rajoy y un Pedro Sánchez dispuestos a no moverse un ápice de sus odios pasionales y sus frustraciones intestinas. O sea, Michelena, Miranda en la Carraca, el apuesto "precursor de las emancipaciones americanas", amarrado a una argolla carcelaria, amurada con su cadena, recostado sobre un jergón de pajas, mirando de frente al espectador que lo observa desde el otro lado de la imagen, pensando en escapar a Gibraltar antes de que un rayo humano lo fulminara en su celda. En Cuatro Torres, Arsenal de la Carraca, San Fernando (Cádiz).

Establecida, pues, la asociación bueno será realizar los contenidos. Por ejemplo, ¿quién es Francisco de Miranda hoy? ¿Quién es hoy ese bello y erudito masón del que Napoleón dijo que le ardía en el pecho el fuego sagrado del amor a la libertad, yaciendo preso tan cerca de nuestro corazón por culpa de una maniobra de expedición al poder de Simón Bolívar, por culpa de una traición? ¿Y Cuatro Torres, qué sería hoy esa prisión de aquella Carraca isleña que albergó como Reo de Estado a Francisco de Miranda? Traición, Reo de Estado... y un cementerio cercano con un fondo de esteros y velámenes de buques fondeados en el caño de la Carraca, en la bahía de Cádiz, en la fosa común en la que descansan sus restos. Observamos la estampa airosa de una España desaparecida. Ahora asistimos, incógnitos, a las abstracciones de la Colección Artur Mas, al deseo de desconexión, a la Catalunya lliure, al anticapitalismo apretando la mano de la vieja Convergencia que quedó tras el gran latrocinio. Dialogar nunca puede, nunca debe ser esto, este trágala. ¿Quién será el primero en desconectarse de verdad, entrando en las mismas Cuatro Torres que puede ser España? Miranda, Michelena, la Carraca. España...

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