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José De Mier Guerra

De coco y huevo

11 de julio 2010 - 01:00

Los usos y la utilidad de la playa han ido evolucionando a través del tiempo. La presencia cada vez mayor de personas ha ido copando prácticamente toda la superficie de nuestra playa de La Barrosa. Aunque todavía no es necesario, como sucede en otras costas, bajar muy temprano con la toalla para poder disfrutar de algún espacio donde tomar el sol. Hubo un tiempo en que, entre las toallas, también se soleaban pequeñas embarcaciones que mediante traviesas de madera y el esfuerzo humano se arrastraban hasta la orilla o se subían hacia el interior de la playa. Al atardecer se introducían en el agua para pescar en las cercanías de la costa la exquisita "parpuja". En muchas ocasiones eran los veraneantes los que ayudaban a tirar del copo y también los que compraban esas delicias recién arrebatadas al mar, más que al peso se usaban como medida, los cubitos de playa. En los años 80 se prohibió este tipo de pesca por considerar a la "parpuja" un inmaduro de la sardina. Era la época en que, publicitado por el FROM, se puso de moda el término "pezqueñines". La sardina puede vivir unos 8 años llegando a medir hasta 25 cm. Su comercialización se debe hacer por encima de 11 cm.

Moviendo los pies sobre la arena blandita de la orilla, aparecían en muchas ocasiones las coquinas, preciado manjar con un ajito y aceite de oliva. Éstas también fueron desapareciendo, tal vez por cogerlas demasiado pequeñas y no dejarlas crecer ni multiplicarse. Sigue existiendo en la zona la coquina de fango, que crece en la marisma, más parecida a la almeja pero con la concha muy fina.

Un personaje fundamental que nunca ha faltado en la playa, con su chaquetita blanca y su canasto es el vendedor de camarones. Mariscador que, por la mañana temprano, echó unas nasas en alguna compuerta de las salinas para pescar esos camarones que cocidos con agua de mar, los va vendiendo en cartuchitos de papel a partir de mediodía. Este camarón, llamado de salmuera ibérico, también esta en peligro de extinción, pero en este caso es debido a la introducción de una especie invasora americana, la "Artemia Franciscana", que se utiliza como alimento en la acuicultura y que, procedente de EEUU, ya ha conseguido colonizar las salinas de diversas zonas de España y Portugal, entre ellas las marismas de Cádiz, San Fernando y Chiclana.

Mucho mas singular resulta el señor que desde hace casi 50 años, nos endulza la estancia en la playa con las "sultanas". Éste señor, Rafael Serrano, oriundo de la Isla, descubrió el turismo antes que muchos de nosotros y con su canasto de sultanas de "coco y huevo", ha conocido a varias generaciones de bañistas. Últimamente y por eso de la garganta ya no pregona y se ha buscado un artefacto rudimentario y con un radio-casette y un pequeño altavoz, nos va anunciando su delicioso producto.

Sin embargo y a pesar de las muchas oportunidades que nos ofrece la Playa de La Barrosa, quedan dos grandes retos de futuro. Primero el quererla, no ensuciándola sin necesidad arrojando todo tipo de basuras a la arena, si bien es verdad que cuando termina la jornada la limpieza es total, pero durante la misma, deberíamos ser los usuarios los que la mantuviéramos en condiciones. El otro reto, qué hacer con la playa fuera de la temporada de verano. Un "parque" tan grande y bello debe tener usos deportivos, de ocio, culturales, etc, que sirvan como lugar de encuentro también en primavera y otoño. No podemos olvidar que el escenario de la Batalla de la Barrosa fue realmente todo el territorio desde la Loma del Puerco hasta el Caño de Sancti-Petri y todo él puede ser un auténtico Parque Temático que ayude a alargar la temporada con eso que ahora llamamos Turismo Cultural.

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